Una evocación entre épica y sentimental
El autor eligió la acción indirecta, con alusiones y alusiones sobre alusiones; dejó la impresión de que no hay piso donde apoyarse con seguridad; si perdemos pie, la anécdota, tenue y vaporosa, levanta vuelo, aunque tampoco se sabe qué es lo que vuela ni a dónde.
Pero, precisamente porque hay un tono y una atmósfera muy logrados, uno hubiera querido que la notoria sensibilidad para las artes en general que muestra el autor y director (codirección de Claudio Lachowitz) se hubiera aplicado a un material más inteligible y, ay, con menos exposición al tedio. Hemos hablado de tono y de atmósfera: hay que decir que pocas veces hemos visto una escenografía (Alejandro Fleitas) tan graciosa, poética y sugerente en su sabia economía de medios; una escenografía como nunca se vio en el nuevo teatro Victoria, cuyos restos son aprovechados con pericia artesanal. El tono es siempre nítido, límpido, entre evocativo y trágico, con los rasgos de humor que conviene a los temas serios. La música (Matías Romero), a cargo de un rotundo grupo de percusionistas, cuerdas y vientos, con una impronta felliniana, alcanza y sobra para una evocación, entre épica y sentimental, tejida sobre una anécdota que habla de guerras y separaciones. Desconocemos, lamentablemente, a los actores, pero damos fe de que saben lo que hacen. Debe celebrarse esta juvenil demostración de seriedad y aprecio por el verdadero arte. *
AL PIE DEL MOLINO… una triste música anterior, de Willow Vaz, con Nancy Salaberry, Rafael Bottaro, Yamandú Bordón, Tania Casares, Matías Romero, Nicolás Suárez, Adrián Prego, Sara de los Santos, Alejandro Ferraz, Juan Roibal y Fabricio Breventaro. Música de Matías Romero, escenografía de Alejandro Fleitas, iluminación de María del Carmen de Vera, vestuario y maquillaje de Valentina Setién, dirección de Willow Vaz y Claudio Lachowitz. En teatro Victoria.
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