Buen fin de temporada
No es fácil compaginar propuestas colectivas. Las limitaciones habituales (económicas, técnicas, personal capacitado) han obstaculizado y deformado numerosas buenas intenciones. Pero la semana pasada fue pródiga en innovaciones en tres oportunidades. Cerrar el año con una sonrisa de satisfacción, si no hace olvidar los percances anteriores, permite introducir una nota optimista en un panorama casi desconsolador que amenaza obliterar aspectos fundacionales de la cultura uruguaya.
Estimulante noche de los museos
Fue un éxito inesperado. Adoptar y adaptar experiencias foráneas siempre resultan riesgosas. Sin embargo, la bondad climática se apoderó de la noche montevideana y potenció Museos en la noche, una novedad local instrumentada por el Ministerio de Educación y Cultura. Auténtica fiesta popular, sin caer en el populismo de otras veces. Predominó un público joven, aunque también familias enteras, veteranos y veteranas de bastón, confluyeron por los circuitos previstos, convirtieron las calles en ríos de gente fluyendo entre las diferentes salas céntricas, con alegría participativa, sin desbordes de recientes noches luminosas. Es que, al dividirse en diferentes sectores de la ciudad (Ciudad Vieja, Parque Rodó, el Prado) no hubo ocasión de aglomeraciones excesivas pues eran varios los lugares a recorrer y/o concurrir . Un comportamiento ciudadano ejemplar, un encuentro cultural de alto nivel que tuvo muchos aciertos y algunos lunares indiscretos que pueden ser subsanados en futuras ediciones. En definitiva, una comunión de la cultura y el ciudadano, reflejada en los rostros ávidos de conocer y comunicarse. Una experiencia única.
Como acontece en otros países, visitar los museos por la noche tiene un encanto especial. Además, es una tarea pedagógica de indudable importancia y significación, la mejor manera de familiarizarse con el patrimonio artístico, de relacionarse con el pasado a través del conocimiento de obras realizadas, en su mayoría, por pintores uruguayos. La educación comienza por la frecuentación regular y periódica y la manera de efectuarla. Está bien que el anzuelo sea un espectáculo (musical, teatral, cinematográfico) siempre y cuando no desvíe del objetivo principal: ver y estimar los cuadros, si no todos, algunas obras o tendencias capitales del arte. Para eso, hay que contar con un equipo de guías adiestrado en el contacto con los museos y sus contenidos que, con rapidez y precisión, estimule al visitante y lo convierta en asiduo frecuentador del futuro. Quizá, al repetir la experiencia de Museos en la noche, una vez al mes durante el verano (estructurar un presupuesto, la correspondiente remuneración a los funcionarios), se pueda sensibilizar al gran público creando el clima adecuado para un recepción paulatina de obras que no suelen aparecer en los medios de comunicación. Sería un acto de educación masiva muy económico.
El Museo Gurvich impresionó como el más atractivo, por ser el más nuevo y el único que en días normales cobra entrada. El interés se centró en la obra del pintor. No sucedió lo mismo en los museos históricos : en la Casa de Rivera predominó la representación de Boulevar Sarandí, que tuvo su retraso, y las salas vacías, sin mediadores que incitaran a recorrerlas, para ver los orígenes del arte uruguayo y algunos cuadros fundamentales de su acervo (Artigas en el Paraguay de Carbajal). El Romántico tuvo que cerrar sus puertas ante la avalancha de público por escuchar un concierto. El Cabildo, por supuesto, fue una algarabía con el campeonato de futbolito, aunque las esculturas de Fernández Tudurí tuvieron buena acogida en su reducido espacio. Algo similar sucedió en el Museo Nacional de Artes Visuales: demasiados entretenimientos (danza, performance, conciertos, videos) en el jardín y en el interior, aminoraron el contacto con la colección, la más completa de arte nacional, desde Blanes a nuestros días. La sociedad del espectáculo tiene que bajar los decibeles.
No se entiende muy bien la apertura de salas de muestras temporarias (hay Galerías en la noche, dicho sea al pasar), no museos, del Ministerio de Transporte y Obras Públicas y del Banco Central (poco frecuentados) y la no participación del Museo de Arte Contemporáneo poseedor de una colección latinoamericana muy digna que pudo exhibirse en la oportunidad, al igual que la Colección Engelman Ost, con arte uruguayo de generaciones más recientes. Sin duda, existieron dificultades de instrumentación.
Fue lástima no aprovechar la publicación del segundo número de Un solo país para hacer una síntesis de las características de cada museo y su acervo, en vez de insertar artículos descolgados de la propuesta instaurada. De cualquier manera, el balance de Museos en la noche es altamente positivo, marca una fecha histórica en la cultura nacional que, con necesarios ajustes, podría modificar la distancia existente entre las artes visuales y el público, preferentemente joven. Ojalá los responsables de la organización, más allá de la gratificación obtenida por introducir una idea feliz, recojan algunas observaciones hechas con el propósito de perfeccionar un memorable acontecimiento.
Premio Figari y Salón de rechazados
El Premio Figari XI, inaugurado en el Espacio Pedro Figari, es otra vuelta de tuerca en el fatigado suceder de ediciones. Con la selección de Nelbia Romero, Clemente Padín y Rodolfo Uricchio el certamen, incluso en la presentación, recupera un prestigio gravemente disminuido. Entre otros candidatos posibles, impostergables, se anotan Gustavo Alamón, Teresa Vila, Haroldo González, José Cardoso, Piria-Jauregui y Carmelo Arden Quin, en sus creativos 92 años, el uruguayo de mayor importancia internacional, inexplicablemente desconocido, fundador de Arte Madí, todas figuras claves del arte nacional, para que, como ocurrió con Vicente Martín, el ceramista Cacheiro y Ruisdael Suárez, no desaparezcan sin el oportuno reconocimiento a una trayectoria sólida.
Un sobrio catálogo, a cuenta de mayor cantidad en las muestras individuales de cada premiado a efectuarse durante la próxima temporada, destaca la trayectoria de los participantes. Es cierto que las obras exhibidas no se adecúan a los antecedentes en dos casos (Romero, Padin) y Uricchio envió obras de discutible factura que necesitan una limpieza, pero el conjunto es digno del ilustre Dr. Figari.
Márgenes- Salón de rechazados, proyecto de Rulfo (no el escritor mexicano sino el muy uruguayo Raúl Alvarez que adoptó ese nom de guerre), en el Centro Municipal de Exposiciones, recurre a una variedad de artistas rechazados en diferentes certámenes y diferentes épocas, relativizando la idea al omitir fechas y jurados. Las obras presentadas son dispares en calidad y tiempo de realización. El resultado es irregular en la selección (autores y obras menores, escasamente significativas y acaso de justificado rechazo), hay creadores que ningún tribunal cuestionaría pero con obras discretas, alejadas del estilo posterior (Alejandro Turell), otras que no fueron rechazadas pero sí accidentalmente afectadas (Mario Sagradini), trabajos sugestivos en su lograda investigación conceptual (Alicia Ubilla, Gustavo Tabares, Fidel Sclavo, Felipe Secco, Jacqueline Lacasa) o de intensa expresividad (Mario D´Angelo) pero al carecer de los fundamentos justificativos del criterio adoptado, el curador Rulfo se extiende en extensas reflexiones estético-filosóficas propias de un ensayo académico y no para un catálogo en modesta edición, que necesariamente tiene que atrapar al lector y no alejarlo. No obstante, hay que contabilizar que en la densidad de sus textos, casi de tesis universi
taria, en la introducción al tema y análisis de cada obra, existen aspectos inteligentes, por momentos brillantes interpretaciones, derivadas seguramente de sus estudios de filosofía aunque, justo es decirlo, no encontró todavía el lenguaje que haga fácil la complejidad del tema así como el descuido en la corrección de las términos (la compu es una perversa traidora) que hace irritante la lectura. Hay un talento crítico a tener en cuenta que surge en el paupérrimo panorama teórico nacional. Si el título se hubiera limitado a Márgenes, la exposición funcionaría mejor. Luego del receso por licencia de los funcionarios, la muestra se reabre en febrero, Será la oportunidad para una revisión y quizá formular otras consideraciones. *
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