Un sueño posible
La llamada new age o nueva era, un fenómeno típico de la década de los noventa pero que aún conserva gran auge, nos propuso recuperar la espiritualidad que nuestra sociedad capitalista habían ido perdiendo, mediante la fusión de elementos de diversas religiones, filosofías orientales y demás principios tan antiguos como rodeados de un aura de magia y misticismo.
En esta tendencia, propia de un tiempo en la cual costaba reconocer referentes que lo identificaran, se procuraba rescatar conceptos de religiones tan disímiles como el cristianismo y el budismo, terapias alternativas varias, esoterismo, parapsicología, psicoanálisis, conductismo, artes marciales como el Tai Chi, ejercicios como el Yoga, y fragmentos de diversas culturas, todo ello incluido dentro de la misma corriente.
Esta llamada nueva era es la tendencia dominante aún en nuestros días, en que la gente está demasiado ocupada en navegar por Internet y demás fetiches modernos, como para leer las fuentes originales de donde se extractan tales conocimientos.
Por otra parte, este fenómeno se caracteriza por un tratamiento superficial, epidérmico y condensado de las filosofías y creencias que lo integran, para que sea permeable al conocimiento vulgar, adaptando conceptos verdaderamente complejos al uso común.
Mediante esta estrategia inductiva, se logra un acceso bastante más masivo a los saberes universales, pero también una banalización de los mismos.
Un subproducto de esta especie de moda son los libros o manuales de autoayuda, que se han constituido en un verdadero género dentro de la literatura contemporánea.
Es sabido por las editoriales que cualquier obra de este tipo, sea cual sea su calidad, suele tener un fuerte impacto de mercado, ubicándose inmediatamente en los primeros lugares de ventas.
Si bien las producciones de esta naturaleza suelen manejar elementos extractados de diversas religiones y saberes, son recibidos como obras innovadoras y de particular interés, ya que el público que las consume no se ha tomado la molestia de leer los libros de los cuales el autor extracta sus ideas o directamente desconocen su existencia.
En este contexto, psicólogos, psiquiatras y diversos escritores han obtenido jugosos réditos gracias a los libros de autoayuda, que siguen siendo ávidamente consumidos por los lectores, aunque -en general- no revistan grandes diferencias entre ellos y manejen un puñado de conceptos básicos y manidos hasta el hastío.
«Un sueño posible» es una nueva obra de «superación personal» escrita por el cardiólogo uruguayo Walter Dresel, una especie de gurú vernáculo de dicho género.
En una sociedad en la cual la educación es desplazada cada vez más por la televisión, en general pobre en contenido cultural y sujeta a tendencias regionales, o por Internet, no es de extrañar que se tenga dificultades para producir pensamiento crítico e independiente.
Para suplir esos vacíos, nos encontramos con «Un sueño posible», en el cual este médico devenido en terapeuta emocional, ofrece, con tono pretendidamente pedagógico, un conjunto de ideas que cualquier persona con una inteligencia mediana y una discreta experiencia de vida podría lucubrar sin mayores dificultades.
La primera enunciación del libro es harto elocuente: «La vida transcurre». Este concepto de una puerilidad exasperante, está plasmado, como tantos otros en el transcurso del libro, como si se tratara de una máxima filosófica que el autor nos ofrece para «iluminarnos».
Este nuevo producto no se despega básicamente de los parámetros planteados en anteriores trabajos del mismo autor y del género de autoayuda en general.
En el desértico universo paralelo de Dresel, nada funciona mal en el mundo excepto nosotros mismos y la escasa confianza en nuestras propias capacidades.
El mensaje, despojado obviamente de todo abordaje crítico, propone una sumisa aceptación de la realidad. Según el cardiólogo, el gran desafío es corregir errores para lograr lo que uno se propone, como si todo dependiera de la voluntad individual y no de las complejas relaciones de causalidad a las que estamos cotidianamente sometidos.
Semejantes desaguisados no resisten el menor análisis. *
(Editorial Planeta)
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