A LOS 83 AÑOS, FALLECIO HOMERO ALSINA THEVENET

Un maestro en el ejercicio de la crítica

Nacido en 1918, HAT, como se conoce a Alsina Thevenet, inició su carrera en 1937, fue crítico de cine en el semanario Marcha, en 1945; se desempeñó en Argentina en las publicaciones Primera Plana, Panorama y Siete Días, y también trabajó en España. Asimismo, fue jurado de festivales internacionales de cine. Desde 1989 era el editor de El País Cultural. HAT gozaba de prestigio en el exterior por su maestría en la crítica de cine y por sus diecinueve libros publicados sobre Bergman, las listas negras de Hollywood, Charles Chaplin, la historia del cine mudo, o la Enciclopedia de datos inútiles.

A modo de reseña en una de sus tantas visitas profesionales a la ciudad de Buenos Aires, Andrew Graham-Yooll en el diario argentino Página 12 decía: «Nacido en agosto de 1922, es hoy uno de los grandes de la crítica cinematográfica y del periodismo rioplatense. Tiene 19 libros publicados, incluyendo varias colecciones de crítica, una biografía de Carlos Chaplin (1977) y dos volúmenes de La Enciclopedia de datos inútiles (1986/7).

Su iniciación en el cine comenzó temprano. A los once años fue atropellado por un ciclista. Le costó 45 días de yeso. Para aliviarlo, su padre, director del suplemento dominical de El Día, le consiguió un carné para entrar gratis al cine. A los 17 años comenzó como voluntario en Marcha. En 1945 se instaló como crítico de cine. De 1952 a 1955 estuvo en la revista Film. De 1954 a 1965 trabajó en El País de Montevideo. Entre 1965 y 1976, en Buenos Aires, trabajó en Primera Plana y en la Editorial Abril, en Panorama y en Adán, que duró unos veinte números hasta el gobierno del general Juan Carlos Onganía «y había que andar vigilando el tamaño de los escotes». En 1976 se exilió voluntariamente en Barcelona, que produjo el reencuentro con amigos como Carlos Martínez Moreno, Carlos Rama y Juan Carlos Onetti …

… Es quisquilloso, detallista (extremista en fechas y datos precisos). Es tajante e irónico. Es admirado entre los críticos de cine en todo el mundo. (En el British Film Institute, en Londres, son capaces de una pequeña reverencia cuando se lo nombra.) Algunos lo describen como severo. Para los amigos es un gran amigo. En 1998 sus libros fueron premiados por el Ministerio de Educación en Uruguay».

Entrevistado por el mismo diario y ante la aseveración del periodista acerca de que el ejercicio de la crítica le dio fama internacional, Alsina respondía «Queda feo hablar de fama. No sé, me han invitado a un par de congresos… Fui jurado algunas veces.

–En Montevideo, ¿se siente a un costado o en el centro del mundo?

–A un costado, me pasé 25 años afuera del país. Se puede decir que eso lo aleja a uno. Y además, entre otras cosas, ya no hago crítica de cine…

–¿Por qué no?

–Porque la crítica de cine supone obligarse a ver cuatro películas por semana y escribir eso de apuro. Tengo otras tareas en lo cultural que me parecen más importantes. Además, no veo todo el cine que debería ver. Ahora las elijo, aprovecho el tiempo de otra manera. Pero además, el cine actual no ayuda. Antes se podían ver películas más valiosas. Si se junta el promedio de grandes directores de hoy con los grandes directores de antes, la diferencia es apabullante. En las décadas del 50 y del 60 se podía juntar un Visconti, Fellini, Rosellini, De Sica, Kurosawa, Bergman… Eran todos nombres enormes. En este momento hay un monopolio de cine norteamericano. Muchas películas de acción, muchos autos destrozados… Es decir, el cine actual no permite decir que me estoy interesando por el cine como expresión artística en sí. Ahora la fotografía es bonita. Pero a mí, si una película no me deja algo de sentimiento o de idea, no me interesa la excelencia de su fotografía. Eso no significa que le dé la espalda al cine… una vez fui al Festival de Mar del Plata. Había algunas cosas interesantes. No me niego. Se puede ver cuando hay qué ver. El problema es que el cine europeo es prácticamente desconocido. Hay que estar leyendo revistas extranjeras para enterarse qué es lo que hacen en Italia, Francia, Polonia o Rusia, decía el intelectual compatriota al diario argentino Página 12. *

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