A PARTIR DE MAÑANA PODRA VERSE UNA CINEMATOGRAFIA DIFERENTE

Filmes checos en La Linterna Mágica

El desmoronamiento del llamado «socialismo real» primero, y el posterior divorcio por mutuo consentimiento que convirtió la anterior Checoslovaquia en dos entidades nacionales diferentes, la República Checa y la República Eslovaca, colocó a los cineastas en la posición de tener que fundar su trabajo sobre bases diferentes, prescindiendo del monopolio estatal previo.

En la década larga que siguió, en la República Checa se ha producido un promedio anual de entre quince y veinte largometrajes. Su producción ha corrido en muchos casos por cuenta de empresas privadas, aunque la Televisión Checa se ha convertido también en un importante productor de documentales y largometrajes.

El apoyo estatal sigue siendo significativo pero ha dejado de ser decisivo, y el cine checo depende del variable apoyo de un público que ha permanecido razonablemente fiel a la producción nacional, pero que por supuesto respalda más unas películas que otras. No siempre los crecientes presupuestos de producción se recuperan en el mercado interno, como pudo ocurrir, por ejemplo, con la ganadora del Oscar Kolya.

A esas complicaciones se suman otras. El cine checo tiene por supuesto saneados antecedentes cuya consagración mundial puede hacerse retroceder hasta los trabajos de animación de Jiri Trnka y Karel Zeman, y desde fines de los años cincuenta hasta que el país fue invadido en 1968, junto con el italiano y más discutiblemente el francés, el mejor de Europa, aunque después de esa fecha, y con la forzada emigración de gente como Milos Forman, Ivan Passer o Jan Kadar fue también un cine en el exilio. Quienes se quedaron, como el valioso Jiri Menzel o la irreverente Vera Chytilová, tuvieron problemas con la censura y tuvieron que enmascarar sus cuestionamientos al régimen.

El cine de la Primavera de Praga, que fue el equivalente checo de la Nouvelle Vague y aportó nombres y títulos decisivos, fue probablemente el mejor conocido en el extranjero. El contacto con la producción nacional se fue perdiendo luego, y en tiempos más recientes ha resultado más difícil saber qué pasaba en materia cinematográfica en la República Checa, pese a los elogios críticos a gente como Juraj Jakubiskio o Jan Sverak, y hasta el Oscar de Kolya. Más cerca, el conocimiento local del cine checo se ha reducido casi a la exhibición de algunos títulos sueltos en el Festival de Cinemateca, o algún estreno comercial muy aislado.

Por eso importa especialmente esta semana que recupera algunos nombres claves (Menzel, Svérak, Chytilová) y revela a otro (el fundamental Michalek), permitiendo efectuar algunas constataciones: la persistencia de un estilo nacional, donde abundan el espíritu autocrítico, el sentido del humor melancólico y a menudo sarcástico, ciertos ribetes de absurdo, la frecuente convivencia de lo cómico y lo dramático.

El ciclo se presenta con el apoyo de la Embajada de la República Checa en Buenos Aires y los auspicios de su equivalente en el Uruguay.

 

Detalles de la programación

Solos (Samotári). República Checa, 2000. Director, David Ondricek. Con Jitka Schneiderová, Sasa Rasilov, Labina Mitevska. Un gúia de turistas que organiza escenas con «checos comunes» para los turistas japoneses, alguien que espera a los ovnis, y otros extravagantes. Una comedia muy checa y bizarra, con toques de observación de conductas, absurdo y melancolía. En programa: Traga basura (Ropáci). Checoslovaquia 1988. Director Jan Sverák. «Falso documental» sobre la búsqueda de un extraño animal que se alimenta de la contaminación. Ingeniosa sátira. 20 minutos. (Jueves 8).

Herencia (Dedictví aneb Kurbahosigutntag). República Checa 1993. Directora, Vera Chytilová. Con Bolél Polivka, Miroslav Donutil, Anna Pantuckova. Vuelve Chytilová (Las margaritas, El juego de la manzana, Trampas de mujeres) con su insolente sentido del humor. El pueblerino bruto hereda una fortuna, la despilfarra y genera toda clase de problemas. Un filme de culto y una de las más populares comedias del cine checo (viernes 9).

La tonsura (Potriciny). Checoslovaquia 1980. Director, Jiri Menzel. Con Petr Cepel, Miroslav Donutil, Haromir Hanslík. Un pueblito centroeuropeo antes de la primera Guerra Mundial. Es típica de Menzel y su guionista Hrabal la mezcla de cariño y humor, nostalgia y melancolía con que describe personajes y ambientes, hasta suscitar la sonrisa y la adhesión del espectador y permanecer luego en la memoria (sábado 10).

América. República Checa 1993. Director, Vladimir Michalek. Con Olga Charvaova, Martin Dejbar, Oldrich Kaiser. Kafka filmado, en una justiciera vuelta a las raíces en una cultura que en otro tiempo político le dio la espalda. Premio a mejor actor secundario (Jiri Labus) en la entrega anual de los Leones, el Oscar checo (domingo 11).

Luces perdidas. (Zapomenuté svetlo). República Checa 1996. Director, Vladimir Michálek. Con Bolek Polivka, Veronika Vilková, Petr Kavan. En la Checoslovaquia de los años ochenta, un sacerdote de pueblo pelea con un par de burocracias (la Iglesia, el comunismo) para arreglar su templo, al tiempo que se ocupa de una moribunda. Emotiva y poética, sobre novela (de los años treinta) del sacerdote y escritor Jakub Deml (lunes 12).

Sekala debe morir. (Je treba zabiy Sekala). República Checa 1998. Director, Vladimir Michálek. Con Olaf Lubascenko, Boguslaw Linda. Sombrío cuadro pueblerino en tiempos de la ocupación nazi. Un drama sobre la relatividad de los valores (miércoles 14).

Angel exit (Andel exit). República Checa 2000. Director, Vladimir Michálek. Con Jan Cechticky, Klára Issová, Zuzana Stivinová. Novela de Jachym Topol, cuya prosa se convierte en una corriente de imágenes alucinógenas en esta película de Michálek. Los colores (azules, grises, rojos) acompañan esta adaptación literaria que se convierte en una propuesta personal miércoles 14). *

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