Un libro de Carmelo Arden Quin
En Buenos Aires se presentó Eclimón, libro de 124 páginas, Ediciones Malvario, de Carmelo Arden Quin. El pintor uruguayo de proyección internacional, fundador de Arte Madí, residente en París e ignorado en su propio país. A los 92 años sigue infatigable en su labor creadora, ahora incursionando por la escultura y la literatura, como en anteriores oportunidades. En Eclimón lo hace a la manera de Pedro Figari en Historia Kiria configurando una utopía, o, como escribe en el prólogo: «Eclimón es el relato de una comunidad implantada en un bosque lindero al mar, situado en un país, Etulia, cuya capital es Avus. Es una nación altamente desarrollada del punto de vista tecnológico e industrial. La comunidad del Bosque, al contrario, practica un modo de vida natural y brega por un retorno a ella. El Bosque, constituido de intelectuales, artistas, artesanos, vive en autarquía; los bienes sin en común; son mesiánicos y su ideología es laica, ácrata. Sirviéndome de surrealidades y anticipación, he redactado en un estilo metafórico dentro del contexto de una literatura madí de «totalidad» semántica. Es la razón del empleo en la escritura de epigramas, diálogos teatrales, prosa usual y poema; a fin también, de obtener una forma de relato donde el discurso sea un personaje más «actuado» a la par de los otros».
En la librería Clásica y Moderna, Eclimón fue presentado por Raúl Santana, Santiago Peredark, Eduardo Müller y Pablo Narral. Para el editor Narral «Eclimón es un largo poema. Un poema abierto como la sensibilidad de cada uno pueda abarcarlo. Un texto que construye una ciudad con sus propios mitos y símbolos. Poco acude a las tradiciones. Logra edificar una Polis en el mejor sentido griego. Es para el lector un deambular dentro de un orden y caos caprichoso. Donde sin duda la regla vial para recorrer es el ritmo del poema. Un tono vigoroso, seguro. Donde la forma, que Carmelo Arden Quin trabajó por más de veinte años, como lo harían sus maestros Valery con Cementerio marino y su muy, muy admirado Mallarmé, con Golpe de dados. (…) Eclimón es un nuevo libro. Eso es algo que debemos entenderlo tal cual se dice: un nuevo libro que construye un nuevo cosmos. Eclimón invita como pocos libros lo hacen a ser leídos sin preocuparse qué entendemos. En una palabra para ser entendidos: qué entendemos del amor? Nada, sin duda, y tal vez jamás entendamos nada, pero eso no nos lleva a no volver a meternos en él, a mezclarnos y dejarnos mezclar. Eclimón no puede ser leído con prejuicios. Debe ser leído con la sensibilidad dispuesta».
Eduardo Müller (hijo de Martín, sobrino de Mauricio, dos personalidades vinculadas a la cultura uruguaya) sentenció: «No voy a decir que Carmelo con su lenguaje rompe el marco así como lo hace con la pintura. No. Mi tesis es otra. Que en literatura Madí no rompe el marco, sino que lo expande. Para ser fiel a Aragon, diré que lleva el surlenguaje hasta el límite, hasta el horizonte.
Y que no es menos ruptura romper un límite que acceder a él. Carmelo extiende, propaga su texto hasta cubrir todos sus límites. (…) Se trata de una geometría diferente. Una geometría de letras y palabras que entran en una expansión permanente, estirando, sin romper, todos sus límites. (…) En esto consiste este libro, en una parodia de lo mitológico, en un derrame de palabras, diálogos, epigramas que sin romper el marco, estirando de los bordes, cometen una prodigiosa extensión. Y como un mínimo manifiesto de la surrealidad, termina escribiendo en el anteúltimo párrafo: «sólo tiene importancia el sobrepasar la medida». Y en efecto, Carmelo sobrepasó la medida. La poesía Madí puede ser considerada como pintura que no sólo rompió el marco, sino que se expandió a la literatura. Como una geometría de letras, palabras y textos que renuncian a la esclavitud de la representación,. No representan la realidad, la expanden. Y le agregan un lugar al mundo llamado Eclimón». *
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