Arte

Encuentro de pintura y poesía

El día de inauguración, el numeroso público opacó la muestra Berenguer / Canosa ¿Todas las cosas tenían nombre? en el Centro Cultural de España. El título corresponde a un libro de Amanda Berenguer y allí se interroga acerca de las dificultades del lenguaje, la identidad entre el nombre y las cosas.

A su vez, Yamandú Canosa interviene y extiende la interrogación en una instalación peculiar: el encuentro entre la escritura visual y la pintura.

Los ejemplos anteriores abundan pero es suficiente recordar al creador checoslovaco Jirì Kolar quien, como pocos, supo aliar en una obra, la poesía escrita y la plástica (Poemas evidentes hechos con máquina de escribir recreando cuadros de la vanguardia histórica con el nombre del propio artista: de Mondrian a Vasarely).

Lo que se propuso Canosa parte de una experiencia afectiva de la infancia y crece hasta la reflexión intelectual de muchos años después, entrelazando la memoria y el olvido, las vivencias montevideanas de ayer vislumbradas desde su residencia en Barcelona de hoy.

Escribe Canosa: «Desde años estuve trabajando en un espacio cartográfico y ahora La línea h supone un corte transversal en ese paisaje. Intenta ver cuál es la relación entre lo que ese paisaje deja ver-y lo define para la percepción y para la experiencia- con lo que se construye por debajo. Se completa un modelo espacial. Pero también intenta disolver esa dicotomía. Parte de lo que está debajo forma un todo indivisible con lo que se ve. Es un modelo poético de cierta utopía de totalidad. Y la línea del horizonte es el lugar donde el arte se instala. Es un límite que es también bisagra (…) El hombre Línea h es un recuerdo de mi época de estudiante de arquitectura en Montevideo.(…) la línea h es el nombre de la línea de horizonte en la perspectiva lineal, uno de los sistemas de la geometría descriptiva. Y es por eso que pienso que este proyecto se puede entender como una geometría de lo imaginario, un juego de palabras que permite simular cierta objetivación de lo no objetivable. Hace poco descubrí que guarda relación con el proyecto poético de Amanda Berenguer- con quien me une una vieja amistad y que me influenció mucho en mi adolescencia-, el cual había permanecido agazapado en mi memoria. Con Amanda compartimos algo fundamental: somos hijos del mismo paisaje. Y a tal paisaje, tal espacio».

La extensa cita resume las intenciones y las resoluciones de la instalación. Algo que se captura en la sala sin público, pues de esa manera es que el receptor se deja invadir por esa línea de horizonte al advertir la sutileza de esa misma línea en la pared donde, a uno y otro lado se ubican los cuadros de Canosa y los poemas de Berenguer. El conjunto construye una atmósfera de transparente poesía hilvanando los derroteros de un viaje interior de mutua comprensión intelectual y amical. Es sorprendente que esos viejos vínculos amistosos no derive hacia el sentimentalismo o la emoción periférica. Se logró objetivar la subjetividad con el recurso de las obras distribuidas con extremo rigor compositivo. Descubrir obras de Amanda de los años sesenta (Cinta de Moebius) o recientes objetos (Vela, 2005), recorrer en video o proyecciones la variedad de su inventiva visual y en encuentro deliberado sobre la pared con las pinturas y dibujos de Yamandú de una levedad matérica, es internalizar el diálogo propuesto, natural y cordialmente establecido.

Es una exposición para ver con ritmo pausado, observando con extremo cuidado el diseño del montaje que puede pasar inadvertido y que va, lentamente, enhebrando la peripecia de dos creadores en una permanente invención.

El catálogo, publicado semanas después de la inauguración, es un valioso auxiliar, con textos de Patricia Bentancur, Amanda Berenguer y Yamandú Canosa, la siempre impecable diagramación de Adela Casacuberta, fotografías de Fabian Oliver, resultante de un eficaz trabajo de equipo, desde la producción (Michael Bahr) a la coordinación (Anna Monge). Es una lástima que el sábado se clausuró la exposición y algunos quedarán sin conocer una de las más originales de la temporada que, por otra parte, transcurrió silenciosa, como todo lo auténtico. *

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