Entrega de Los Premios Mastropiero
Este show fue estrenado en agosto pasado en Buenos Aires en el teatro Gran Rex y se constituyó una vez más en el mayor éxito de recaudación del año, al punto que las localidades debían ser adquiridas con un mes de anticipación. Es que los fieles seguidores de Les Luthiers siguen agotando las entradas, con la imposición adicional de nueva gente que se acerca por primera vez, atraída por el éxito descomunal de los actores-músicos-cantantes-humoristas que ya cumplieron 38 años de triunfos ininterrumpidos.
El alto nivel de profesionalismo, inteligencia y jovialidad de estos cinco genios se mantiene incólume. Con Los Premios Mastropiero nos encontramos nuevamente con la divertida fórmula que los ha hecho tan populares en los países de habla hispana. Los juegos de palabras, las ironías contra la solemnidad y la hipocresía, las punzantes burlas hacia costumbres y hechos de la vida diaria, se combinan ágil y naturalmente con las célebres parodias musicales que han dado justa fama al grupo.
El show es exactamente lo que el título indica: la entrega de premios a quienes se han destacado en diversas actividades culturales o científicas. A partir de allí se produce el desopilante desfile de personajes que, al retirar las estatuillas, dicen con total desparpajo una retahíla de verdades que el público festeja con abierta complicidad cuando se da cuenta que todo es al revés de lo que se aparenta. La sátira mordaz e irreverente cae implacable sobre la televisión, los empresarios venales, los funcionarios corruptos, los intelectuales engreídos, los políticos necios. No queda títere con cabeza, no se salvan ni la CIA, ni el coro de una iglesia, ni el inocente cuento infantil, ni mucho menos la farándula del mundo del espectáculo.
Como toda ceremonia de entrega de premios, ésta tiene sus números musicales, todos con finales sorpresivos y jocosos.
Se destacan el merengue «Juana Isabel», con una disparatada conversación previa entre Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich, «Amor a primera vista», que es una ocurrente bossa nova cantada por Jorge Maronna, la canción «Ya no te amo, Raúl», que a falta de intérprete femenina debe ser cantada por Rabinovich, y el tango «Ella me engaña con otro», en el que Carlos Núñez Cortés llora sus penas de amor. Mención especial para la comedia musical infantil, donde el Príncipe Valdemar (Carlos López Puccio) debe rescatar a su amada Ginebra del castillo del Malvado Hechicero. Aquí juega importante papel un nuevo instrumento informal, el asombroso «alambique encantador», plagado de copas, botellas y botellones, que debe ser ejecutado por tres músicos al mismo tiempo.
El cierre es con el tema de jazz «Pepper Clemens sent the Messenger», en el que desfilan bocinetas, latines, tubófonos y tablas de lavar y que predispone al público a levantarse de sus asientos y ovacionar de pie a quienes se retiran del escenario con la satisfacción del deber bien cumplido. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad