El cazador de lluvias y Doce poemas

En un tiempo histórico de creciente colonización cultural, frivolidad y agobio mediático, la literatura parece ser uno de los últimos bastiones que se oponen a la banalización generalizada.

La cotidiana parafernalia audiovisual que empobrece conciencias y coagula la lucidez, atenta -por ejemplo- contra el hábito de lectura y la reflexión colectiva.

La sociedad contemporánea -concebida en meros términos de mercado- soporta una terrible ofensiva consumista, que le induce a adquirir incluso aquello que no necesita y le aleja paulatinamente de los intangibles bienes de la cultura.

Aunque aún somos tributarios de una rica tradición, las nuevas tendencias están bastardeando dramáticamente los valores inherentes a nuestro estilo de convivencia.

Es en ese contexto que observamos un descaecimiento del espíritu crítico, reemplazado, a la sazón, por una actitud de displicente conformismo y sumisión a los modelos que nos pretenden imponer los grandes centros de poder económico.

Esa recurrente estrategia desmovilizadora está inteligentemente manipulada por el capital trasnacional, que, en un mundo cada vez más despiadadamente globalizado, pretende domesticarnos y despojarnos de nuestra propia identidad.

Fruto de la crisis de la sensibilidad que observamos en este contradictorio tercer milenio, es muy notoria la pérdida de interés por la poesía, que se ha transformado en un género virtualmente olvidado e incluso ha ido desapareciendo de los anaqueles de las librerías.

Las cifras de venta, a menudo engañosas y no siempre confiables, constituyen un inequívoco síntoma que la poesía, por lo menos en nuestro Uruguay, no goza de buena salud en el mercado.

Sin embargo, desafiando a la lógica de los números y la indiferencia, nuestro país sigue contando con destacados cultores del género poético, en sus más variadas expresiones.

Uno de ellos es, sin dudas, Jorge Meretta, autor de más de una veintena de libros y ganador de importantes distinciones en prestigiosos certámenes literarios.

Dueño de una caligrafía fina y emotiva, Meretta ha sabido construir un sólido prestigio en el conjunto de la producción literaria nacional, a la que ha aportado toda su sapiencia.

En estos dos títulos, el poeta confirma sus indudables virtudes para construir registros que conjugan un lenguaje de intenso lirismo y belleza estética.

Alternado el soneto con el verso libre, el autor ratifica que la calidad literaria no reside únicamente en las estructuras, sino en la densidad de los contenidos y la eventual hondura reflexiva.

Como es habitual, en estas dos pequeños obras que convocan nuestro análisis, Meretta exhibe su indudable destreza para construir territorios poéticos diversos.

Su versatilidad es confirmatoria de una inusual sensibilidad para capturar múltiples inflexiones emocionales, en un discurrir que es- simultáneamente- elocuente y conmovedor.

En síntesis, tanto «El cazador de lluvias» como «Doce poemas» son construcciones personales e intransferibles, que trasuntan el compromiso del creador con su obra y la emergencia del parto creativo. *

(Ediciones Nudo Sur y De la Crítica)

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