CIERRA EL CONCURSO ROCK EN RUEDAS

Sigue girando

La Trampa es un claro y lúcido ejemplo de ese tipo de bandas que al escuchar una y otra vez sus canciones y a medida que se los repasa con el paso del tiempo, sorprenden con su virtuosismo instrumental para sacarle el corsé a ese rock algo sucio y desaliñado.

Se reconocen y tararean sistemáticamente y con familiaridad sus textos como si ya se hubiesen escuchado en algún momento o en otra vida, tal vez. Si bien sus comienzos fueron en un pequeño anfiteatro hace ya catorce años, su formación inicial ha sufrido algunos cambios pero siempre manteniendo su potente personalidad con esa visión dark y melancólica respecto a ese oscuro universo que transforman en canciones.

El debut discográfico de la banda fue con Toca y obliga (1995, Orfeo) todas composiciones de energía en bruto donde un recurrente bandoneón logra aclimatar una banda oscura y sutil que se desgarra en cada composición.

Luego se vino Calaveras (1997) donde aquella banda milonguera, arrabalera y casi delicada se transformó en una máquina de producir canciones ásperas y potentes con un leve gusto a hard rock.

Así, llega Resurrección (1999), desenganche definitivo de la banda hacia cualquier herencia folclórica o tanguera para poder despegar así el primer puntapié inicial de La Trampa hacia el rock.

Su futuro lo adelantaron con Caída libre (2002) y con Frente a frente (2003), hirviente disco en vivo gestado entre telones gruesos y butacas enfiladas, en el Teatro Don Bosco que funcionó como una verdadera caja acústica.

Clásicos como «Vendas en el corazón», «Mar de fondo» o «Yo sé quién soy» dinamitan y derrumban cualquier estructura que pueda permanecer aún intacta y provocan una fiebre contagiosa que reduce todo a sonidos en ebullición, fundidos en un único sentimiento, común a cada palpitar.

Alejandro Spuntone (voz), Garo Arakelian (guitarra y coros), Alvaro Pintos (batería) y Carlos Ráfols (bajo) creen oportuno revisar la dimensión atemporal del presente y son quienes, desde hace catorce años, han desafiado las leyes del silencio gritando en voz alta las problemáticas que a su entender, son dictadas y sentenciadas por una aparente injusticia.

Hoy, La Trampa se presenta en el cierre del Rock en Ruedas en el Teatro de Verano con una minuciosa muestra de su reciente disco titulado Laberinto (2005, Koala) y sexto trabajo de la banda que se propone sencillamente regenerar un mundo inmóvil para volver a la vida, aquellas cosas que se encuentran en estado de muerte aparente.

 

–La Trampa se ha paseado a lo largo de su existencia por el malambo, punk o el tango. ¿Y hacia dónde va en este nuevo disco?

–Garo: Intenta no transitar los caminos obvios. Si supuestamente este es un momento regido por la enorme convocatoria, de alguna manera, la idea es no repetir ninguna fórmula. Siempre con el motor puesto en una intención artística.

–Incluso es un trabajo atípico en la discografía de la banda, algo más aplomado. ¿Tiene algo que ver en este punto la intervención de Fernando Cabrera como productor artístico?

–Las composiciones son anteriores al encuentro con Fernando. En realidad fue necesaria la presencia de Cabrera para poder materializar esas composiciones, en canciones.

Puede ser que sea más aplomado en el sentido de no intentar subirse al momento que está transcurriendo la banda.

Anteponemos la intención artística a cualquier intención comercial.

–Se trata de cobrar el riesgo de renovarse como banda sin caer en formatos que aseguren la difusión masiva.

–Fórmulas que para nosotros funcionaron durante muchos años recién ahora se reconocen. Nosotros tratamos de reinventarnos sin caer en una misma fórmula para así cambiar de golpe. Y está bueno también verlo en la repercusión del público y mismo en la gente que invirtió en nosotros.

–¿Cómo funciona el proceso interno a nivel compositivo? ¿Existen dentro de la banda algunos que funcionan como lectores primarios de esa realidad que retratan en sus discos?

–No sé. Generalmente las letras de las canciones las hago yo. Pero tampoco es que funcionemos como un surtidor de ideas. Más bien se trata siempre de procesos internos que suceden en nosotros y cosas que percibimos de nuestro entorno. Creo que una de las razones principales del fuerte vínculo que hoy existe entre el público y la banda es esa identificación que se provoca cuando subimos a un escenario. O sea, la autointerpretación.

–Es curioso que en casi todos sus discos han incluido versiones de otros músicos o bandas como Zero, Mateo o Dino. Sin embargo para «Laberinto» eligieron un texto de «El poeta dice la verdad» de García Lorca (Sonetos de amor oscuro). ¿Este recurso funciona como un aditivo para no agotar a la banda? ¿Por qué un escritor esta vez?

–Siempre y desde nuestros comienzos hicimos versiones de otras bandas o compositores que para nosotros fueron un referente musical y que contribuyeron en el proceso de elaboración de nuestra propia personalidad. Fue un proceso que llevó mucho tiempo.

El primero que versionamos por ejemplo fue Dino. Intentamos tomar la canción en sí misma como elemento fundamental.

Y esta vez nos propusimos cambiar un poco la fórmula. Entonces nos dijimos: musicalicemos un texto del que nunca se haya logrado una melodía hasta ahora. Y quisimos que fuera un texto de un poeta que no fuera uruguayo.

–¿Por qué no?

–Porque formaba parte del hecho de cambiar de fórmula. Además de que García Lorca y Miguel Hernández, más allá de sus clásicos, han sido una enorme fuente poética referencial. Particularmente ese soneto que elegimos tiene un misterio encerrado que todo aquel que conozca algo de la historia de Lorca va a entender sus condiciones limitantes como ser humano.

–O sea, que La Trampa se propuso un positivo y saludable cambio

–Es una actitud, y más allá de que pueda sonar soberbio, aunque no lo intente ser, es una decisión valiente. No el riesgo tonto, sino el riesgo con valor.

–Hoy es el momento de La Trampa. Se demostró por ejemplo en el Pilsen Rock cuando luego de tocar ustedes hubo un abandono masivo de público en medio del predio o en la masiva concurrencia al espectáculo realizado en la Fiesta X. ¿Es tiempo de cosechar para la banda o simplemente es un momento circunstancial que atraviesan?

–Creo que se dan muchas condiciones simultáneamente. Es el trabajo de muchísimas bandas que han puesto todo de sí para llegar a este momento. También se supone que hay un target bien definido donde hay un sector de gente joven que invierte en el rock.

El ocupar un lugar dentro de la cultura uruguaya va mucho más allá del éxito comercial.

Nosotros durante veinte años fuimos los drogadictos, los pro foráneos y los pro imperialistas y nadie nunca aportó para que la música y esto que se ha logrado con esfuerzo se desarrollara. Desde el establishment, la ortodoxia o los que administraron durante años la cultura en nuestro país. Y es bueno que esto suceda así, de una manera muy digna para todos. *

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