Dos escultores y un pintor
Dos escultores y un pintor vinculados al Instituto Escuela Nacional de Bellas, IENBA, ocupan sendos espacios montevideanos. En el Museo del Gaucho, un lugar que no suele deparar muchas sorpresas, en especial agradables, Christian Rey (nacido en 1977) se revela como un escultor decidido en la talla en madera (acacia, peral, laurel) operando sobre el material con enérgica convicción. En algunas piezas ya presentadas en colectivas recientes no pasó indiferente a la mirada inquisidora de algún visitante pero aquí agrega trabajos recientes y, alejándose del preciosismo exterior, se concentra en la síntesis expresiva de contundente eficacia. Dos cabezas adquieren una fuerza dramática en el porfiado desbaste de la madera, ricamente trabajada, con rugosidades varias y movimiento de la superficie, pero sin distraer de lo esencial, comunicando de inmediato el mensaje al receptor en el agregado de dos gruesos alambres que potencian el sentido y la calidad de la imagen. También la veta de humor se infiltra en Cronopios, pequeñas figuras de talante surrealizante, despojadas, sobrias, y prometedoras de una voluntad de estilo, sin dependencias literarias. En el terreno escultórico nacional de escasa fertilidad, la aparición de Christian Rey conviene anotarla como un rara avis.
Más convencional, desigual en la selección, Andrés Santángelo parte de una figuración retratística naturalista con oficio, hasta derivar a una formulación moderna, también con vínculos con el surrealismo, pero sin inyectarle a las formas esa dimensión convincente en las ideas, cambiantes, que investiga. Ambos prescinden, por suerte, de prólogos fastidiosamente abstrusos e ilegibles que alejan al espectador del contacto con la obra.
El pintor Alvaro Bustelo, montevideano de 1967, establece en su currículo, la pertenencia a Uruguay Foundation for the Arts, Washington, D. C., de conocimiento restringido a la diplomacia nacional, como otras fundaciones (¿fundiciones?) que actualmente pululan por el territorio nacional, al igual que los centros culturales que no van más allá del empleo abusivo del nombre.
Bustelo, con anteriores unipersonales, está dependiente de sus maestros (Carlos Musso, es evidente) maneja con fluidez la materia pictórica (chorreado abusivos, diferentes calidades matéricas, riqueza de tonalidades cromáticas, incorpora signos pictóricos provenientes de otras civilizaciones), para cumplir con los cánones establecidos del expresionismo figurativo. Cuando se decide por la pintura-pintura, como sucede en Noche de copas, un cuadro de pequeña dimensión, sin establecer ninguna originalidad, el resultado permite un esperanzador logro en el futuro, si es que la pintura persiste aún como lenguaje de incidencia social. (Alianza Francesa).*
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