Escritos autobiográficos, automáticos y de reflexión personal
Fernando Antonio Nogueira Pessoa, uno de los poetas europeos más enigmáticos, y sin duda uno de los más importantes de la literatura portuguesa, murió prácticamente inédito y siendo muy poco conocido. La mayor parte de su obra fue rescatada del desconocimiento por sus amigos, y publicada luego de su muerte. Pessoa era un hombre parco, más bien huraño, que gustaba de ocultar su personalidad, generando una aureola de misterio que aún hoy perdura.
Este emblemático autor fue el que introdujo en la literatura europea el modernismo portugués. A pesar de lo surrealista, de
lo rupturista de su poesía, el talentoso literato no fue nunca un trasgresor ni procuró rebelarse contra la sociedad de su tiempo.
En «Escritos autobiográficos, automáticos y de reflexión personal», visualizamos al hombre más allá del mito. Esta obra nos permite hurgar en el diario del propio autor, en abundantes cartas que envió a amigos y parientes y en escritos automáticos, que suponen reflexiones que dejaba fluir sin pensar, al estilo de los surrealistas, y demás testimonios que nos acercan al conocimiento del complejo intelectual portugués.
Fernando Pessoa nunca obtuvo diploma alguno en ninguna disciplina y trabajó buena parte de su vida como empleado de oficina. No se casó si se le conocieron amores, de lo que no se puede inferir una vida afectiva. Tampoco tuvo casa propia, descendencia conocida ni filiaciones políticas o religiosas definidas y, en vida, publicó apenas un libro. Luego, se conoció una profusa producción inédita.
Por otra parte, el escritor, tanto en su diario cuanto en los demás escritos reunidos en este trabajo de recopilación, gustaba de crearse variadas personalidades, de esconderse bajo heterónimos, de jugar con diferentes estilos literarios y de escribir en forma a menudo críptica.
Por tal motivo, resulta particularmente complejo un acercamiento a la verdaderas personalidad del controvertido autor, más aún considerando lo contradictorios de sus testimonios. Si bien se declaraba amante de la humanidad, acérrimo defensor de la libertad y la tolerancia, escribió un encendido artículo de defensa de la dictadura salazarista, aunque un tiempo después la condenara en cierta forma, en otro de sus artículos periodísticos. Pessoa amaba desconcertar y confundir.
En sus reflexiones podemos apreciar que se declaraba vehemente agnóstico. Sin embargo, en otros escritos, manifestaba una profunda fe en Dios y una veneración rayana en el fanatismo. Además, insistía en declararse apolítico, confesándose ideológicamente aséptico. No obstante, solía definirse como nacionalista, con todas las connotaciones negativas que dicha definición a menudo conlleva, y partidario del autoritario régimen del dictador Salazar. En estos textos vemos plasmada la soledad de la incomprensión, uno de los grandes fantasmas en la vida del poeta. También apreciamos una minuciosa radiografía de su personalidad, a través del sufrimiento que le provocaban sus múltiples miedos, sus paranoias, su confusión entre la falta de fe y la más ciega adoración divina, la contradicción entre sus impulsos humanistas y sus convicciones de corte fascista y la falta de voluntad para realizar lo que se proponía.
Pessoa afirmaba que el principio y el fin de las cosas le provocaban temor. Por eso, hacía lo menos posible y, cuando lo empezaba, nunca lo terminaba.
Más allá del innegable talento del significativo literato portugués, quizá sea exagerado ver rastros de genialidad en cada uno de sus textos, como insisten en afirmar algunos de sus admiradores.
En sus textos nunca llega a quedar del todo claro, dónde culmina la pose y dónde comienza la verdadera personalidad del autor, qué es parte de su forma de pensar y qué apuntaba fundamentalmente a provocar, confundir o generar polémicas.
Por otra parte, analizando el material reunido en «Escritos autobiográficos, automáticos y de reflexión personal», queda la sensación de que las patologías mentales del Pessoa son las que, en variadas oportunidades, tornan incomprensibles o de dificultosa lectura muchas de sus reflexiones, aunque sus incondicionales devotos insistan en atribuirlo todo a su genialidad.
(Editorial Emecé)
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