Ahora sí, las buenas muertes
Caricias» nos resultó agresiva por impostación; «Tálamo» no tuvo contundencia; «La sangre» la tuvo con exceso. «Morir», en cambio, sin dejar de traslucir el artificio, se presentó a la vez más auténtica, más interesante, y, sobre todo, muy capaz de cautivar la atención del espectador sin golpes bajos. Los diálogos lucen a la vez bien escritos y menos efectistas, las ideas son lógicas y la concentración del tema en la vida de seres marginados, golpeados, fracasados o sometidos, una constante en la literatura de hoy, da a la obra unidad e impacto. Pese a la seriedad argumental, nada menos que la muerte en serie con unas benéficas permutaciones, la evidente energía de Belbel aligera a la pieza de toda tristeza o depresión. «Morir» no pasa de algunos milímetros por debajo de la epidermis y tiende a volatilizarse en la memoria no bien dejamos el teatro; pero alguna chispa de reflexión sobre el recurrente tema de lo que no fue pero pudo ser y un entretenimiento genuino son suficiente compensación.
Buena parte de esta mejoría se debe a la puesta en escena de Gabriel Calderón y Martín Inthamoussú. No sin ganar terreno sobre la platea, los directores han ocupado adecuada y hasta triunfalmente el espacio de la sala 2 del Circular. Las varias acciones que se desarrollan tienen todas su ámbito singular, muy bien delineado por una iluminación competente; las escenas de conjunto y las contraescenas de los fantasmas, así como la grácil forma de morir de los agonistas puede deberse a los buenos oficios del bailarín y coreógrafo Martín Inthamoussú, en lo que no es su primer contacto con el teatro. El armado y resolución de las distintas escenas, que deben delimitarse muy bien unas de otras (aunque a veces entren unas en otras) está logrado casi a la perfección. Una obra con catorce actores significa, por lo menos para nosotros, amoscados por tanto teatro de cámara, la felicidad adicional de una fascinante variedad de rostros, formas de caminar y gestos; el mismo número nos impide nombrar a cada uno, pero su buen desempeño y, sobre todo, su buen empaste de estilos debe destacarse. *
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