ARTE

Premio Imperial para cinco grandes

Una suerte de Nobel para las artes (135 mil dólares) recayó en 2005 en personalidades fundamentales del siglo XX: el pintor Robert Ryman (1930), el coreógrafo y bailarín Merce Cunningham (1919), ambos estadounidenses, la pianista argentina Marta Argerich (1941), el arquitecto Yoshio Tanigushi (1937) y el diseñador de moda Issey Miyake (1938), ambos japoneses. Cinco nombres de brillante trayectoria, aclamados por vastos sectores de público internacional en Oriente y Occidente.

El menos conocido es Robert Ryman. Nacido en Nashville, Tennessee, en el seno de una familia de clase media tuvo, desde niño, afición por el jazz y ya adolescente aprendió a tocar el saxofón. La guerra de Corea interrumpió esas clases. Sin embargo, antes de ser convocado al frente, se incorporó a la banda de música de la reserva y allí cumplió el servicio activo entre 1950 y 1952. Al terminar el servicio militar, se radicó en Nueva York para seguir estudios con un pianista de jazz, ganándose la vida con empleos temporales.

Cierta vez, entró a una tienda de productos artísticos y compró pinceles y pintura para «ver cómo funcionaban», según afirmó. La experiencia fue atrapante y empezó a asistir a clases de dibujo que abandonó enseguida por aburrimiento. Pero no desistió del contacto con el arte y así aceptó un lugar de vigilante en Museo de Arte Moderno (MoMA), trabajando entre 1953 y 1960. El mismo museo que después colgaría sus cuadros. Ese trabajo de vigilante le permitió ejercitar el contacto con grandes artistas de la modernidad y en definitiva, fue su verdadera escuela formativa. Sus preferidos: Cézanne y Matisse.

La obra de Robert Ryman se caracteriza por usar el formato cuadrado y el uso exclusivo del blanco en composiciones no figurativas. Puede variar los soportes (tela de algodón o lino, cobre, acero, cartón, papel de calco o parafinado, fibra de vidrio, aluminio), el tamaño (del mínimo al máximo) y la factura del blanco (mate, brillante, transparente, opaco, aplicado a plena pasta o en finas capas) pero siempre está interesado en el comportamiento autónomo del cuadro y la reflexión sobre la propia pintura que se convierte en su propio sujeto. Es el pintor que pinta la pintura.

La elección del blanco fue temprana. «El empleo del blanco en mis obras, sentenció, empezó cuando me di cuenta de que no interfiere. Es un color neutro que permite clarificar los matices de la pintura. Hace visible otros aspectos de la pintura que no estarían tan claros empleando otros colores». El blanco es la suma de todos los colores y trasmite sensaciones táctiles y luminosas. Porque el tema de Ryman es la pintura misma, pues para él su pintura es realista, aunque no representativa de la realidad exterior, sino que le interesa la realidad física. De «pintar la pintura», pues «no se trata nunca de qué pintar, sino cómo pintar», explicó.

En el Centro Reina Sofía de Madrid, Ryman realizó, en 1993, una exposición de 73 cuadros, desde formatos pequeños a enormes, en una sala absolutamente pintada de blanco. Blanco sobre blanco. Un efecto magnético y deslumbrante como si recordara las palabras de su admirado Matisse: «Siempre he intentado ocultar mis esfuerzos y he querido que mi obra tuviese la ligereza y la alegría de la primavera, que no deja sospechar a nadie el trabajo que ha costado».

 

Merce Cunningham

Merce Cunningham, nació en 1919, estudió en la Facultad Cornish de Bellas Artes, Seattle y fue solista en la Compañía de Danza Martha Graham, pionera de la danza moderna en Estados Unidos. Cunningham creó su propia compañía de danza en 1953 y estuvo asociado al pintor Robert Rauschenberg como escenógrafo y vestuarista y a otros artistas de la Escuela de Nueva York (Jasper Johns, Willem de Kooning, Frank Stella, Warhol, Roy Lichtenstein), al músico John Cage principalmente, pero también a Brian Eno, David Behrman, Gaiola de John, y al pianista David Tudor. Con esos formidables talentos recorrió los principales escenarios del mundo. En ocasión de la Bienal de Venecia de 1964, Robert Rauschenberg recibió el Gran Premio y la compañía de Merce Cunningham debutó en el Teatro La Fenice, con invitados especiales participantes del más famoso de los encuentros internacionales del arte. Por razones ajenas a la compañía y al propio Rauschenberg, cuyo premio fue duramente cuestionado ante groseras presiones de la embajada estadounidense, el espectáculo fue recibido con silbidos y pataleos que memoró el debut de Strawinsky en 1913 en París. Creó más de 200 obras y escribió dos libros sobre su trayectoria, actuando hasta hoy, a los 86 años.

La compañía visitó Lisboa en 1967 (repetirá dos veces más esa visita) y además de las innovaciones de Merce Cunningham, su poderío corporal y la imaginativa coreografía, el compositor John Cage realizó varias performances, en un momento de auge del neodadaísmo o Pop Art. Los integrantes del famosos equipo de danza, conquistaron al público lisboeta y amistaron con artistas e intelectuales, derrochando simpatía y cordialidad (ver foto), rubricada en una cena inolvidable en un restaurante lusitano.

 

Yoshio Tanigushi

El arquitecto Yoshio Tanigushi nació en Tokio, hijo de otro famoso arquitecto, Toshiro Taniguchi. Se formó en su país y en la Universidad de Harvard, Estados Unidos, completando sus estudios con Kenzo Tange. Reconocido por sus proyectos para museos, fue elegido para la remodelación y ampliación del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), llevando su superficie de 35 mil a 58 mil metros cuadrados, en tres años y un costo de 425 millones de dólares. Conservó la fachada y los diferentes estilos de sus antecesores (Philip Goodwing y Edgard Durrell Stone,1939, Philip Johnson,1960, y César Pelli, 1984), que da a la calle 53, mientras que la fachada hacia la calle 54 la reestructuró en sentido horizontal en contraste con la verticalidad de Manhattan, modificando y ampliando las áreas interiores, en especial el patio de esculturas y el atrio.

 

Issey Miyake

En escultura, el premio recayó en el modisto Miyake, radicado en París desde 1970, desde donde impuso un estilo «escultórico» a la vestimenta femenina combinando tecnología, funcionalismo e imaginación. El taller general de su imperio lo dirige desde la Place des Vosges, París, y extiende sus tentáculos hacia las principales capitales de diversos países. *

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