De Amityville a la Masacre de Texas, la pantalla da miedo

En realidad ya no llama la atención que el género terrorífico prácticamente sature la pantalla grande de la cartelera montevideana. Como si el público hubiese pasado de la curiosidad a la mera costumbre -más allá del gusto incondicional que cierto sector de la platea siente por el horror- al uruguayo parece impresionarle como normal que hoy por hoy se exhiban, en simultáneo, diversos títulos como El terror de Amytiville, Agua turbia, La marca de la bestia y/o La masacre de Texas, entre otros.

El tema -quizá- pueda tener varias explicaciones. Una razón podría estar en la rentabilidad que generalmente han tenido este tipo de filmes desde los legendarios Drácula y Frankenstein, interpretados por Bela Lugosi y Boris Karloff respectivamente. Otra razón menos glamorosa podría residir en el agotamiento creativo que Hollywood viene acusando desde hace años. El caso de La masacre de Texas dirigida por Marcus Nispel, por ejemplo, es la remake (léase «refrito») de una película realizada en 1974, que lleva el mismo nombre y estuvo basada en la historia real de un psicópata conocido como Leatherface o «el loco de la motosierra» en cuya residencia se encontraron los cuerpos enterrados de treinta y tres víctimas. Como ya se sabe, la película original tuvo tres secuelas, (The Texas chainsaw massacre (II), con Dennis Hopper, Leatherface: Texas chainsaw massacre (III) con Viggo Mortensen y The return of the Texas chainsaw massacre con Matthew McConaughey y esta nueva versión no hace otra cosa que salpicar un poco más de hemoglobina para los costados.

A su vez, Agua turbia presenta otra reformulación extraída del cine japonés. En este caso se trata de una propuesta original del cineasta nipón Hideo Nakata (Ringa o La llamada) que, a partir de un relato breve de Koji Suzuki, retoma algunos tópicos recurrentes en su filmografía para generar un clima de inquietante características. La reconversión (por decirlo de alguna manera) está a cargo de Walter Salles, un promocionado latinoamericano (Estación central, Diarios de la motocicleta) que – sin embargo – tramita el largometraje a modo de fórmula bajo receta sin dejar de usar todos los clisés habidos y por haber (el denominado terror psicológico, por cierto, queda en el debe del filme y ni siquiera la talentosa actriz Jennifer Connelly puede evitar el previsible aburrimiento).

Con respecto al esperpento titulado La marca de la bestia de Wes Craven, mejor ni hablar. Lo más benevolente resultaría dejarla pasar y aguardar el próximo largometraje del director (Vuelo nocturno) a través del cual, según la crítica internacional, logra optimizar su capacidad narradora en medio de un proyecto de bajo presupuesto (que es donde se mueve mejor, como un Roger Corman del siglo XXI).

Por último, el reciente estreno de El terror de Amytiville, otro refrito dirigido por Andrew Douglas, vuelve a remitir a la década del 70 para reconvertir un filme de 1979 denominado Aquí vive el horror, que también tuvo si base real (la matanza de una familia por parte de un esquizofrénico que dijo escuchar voces que le ordenaban el crimen múltiple). Al igual que La masacre de Texas poco y nada se agrega en este replanteo que, al parecer, intenta generar un nuevo público cautivo a partir de supuestos «filmes de culto» que tuvieron su cuarto de hora hace tiempo y a lo lejos. Mientras tanto, seguiremos aguardando novedades en serio. *

La masacre de Texas. Dirección: Marcus Nispel; Agua Turbia: Dirección: Walter Salles; La marca de la bestia: Dirección: Wes Craven; El terror de Amytiville: Dirección: Andrew Douglas

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