Esta boca es mía
Desde los milenarios orígenes de la humanidad, la poesía ha sido uno de los más poderosos vehículos para expresar emociones individuales y colectivas. Originada en la palabra hablada, en la palabra concebida para ser recitada y cantada, este género adquirió luego su forma definitiva y acabada al ser trasladada a la escritura y luego al formato impreso.
A través de ella, el ser humano ha logrado tender un puente hacia su propia alma y la de sus semejantes, un pincel con el cual dejar constancia de sus sentimientos, de sus angustias y alegrías.
Más allá del contenido, siempre revelador del íntimo universo del poeta, la poesía ha sido, con el correr del tiempo, trabajada y moldeada mediante diversas estructuras.
Estas formas literarias, que a menudo la han limitado y esquematizado, consiguieron, en otras ocasiones, embellecerla y pulirla en manos de aquellos que las saben cultivar.
En épocas pretéritas, como el glorioso Siglo de Oro Español, diversas luminarias de la literatura supieron trabajar la poesía, sacarle su máximo brillo y elevarla a la categoría de arte. Estructuras difíciles de emplear, como el soneto, han sido -en general- desechadas con los años, ya sea por su formalidad, por ser consideradas caducas o porque pocos poseen el talento requerido para su correcto uso.
Sin embargo, los grandes poetas, en mayor o menor medida, han sucumbido a su encanto. El cantautor y poeta español Joaquín Sabina nos es la excepción.
Demostrando un gran manejo tanto del sentimiento cuanto del lenguaje ya evidenciado en sus piezas musicales, el autor ofrece, en este libro, una recopilación de sus mejores piezas poéticas, publicadas en una columna semanal que escribe en la revista «Interviú».
En «Esta boca es mía», expresión que da nombre a esta antología al igual que a uno de sus discos, Sabina demuestra que, sin desviarse de las formalidades que plantea el soneto, se puede lograr un decir fluido, una poesía rica en adjetivos e imágenes que, a pesar de su forma tradicional, registra la realidad cotidiana, tanto de España como del resto del mundo.
Aunque el talentoso músico se ciñe tajantemente a las estructuras más clásicas, esa circunstancia no le impide -en absoluto- construir una jugosa, ácida, jocosa y al mismo tiempo dramática crónica del acontecer semanal de su país y de todo aquello que interesa a nivel planetario.
Utilizando nombres propios como adjetivos, jugando con la sonoridad y el significado de las palabras, pasando del lenguaje más académico al más puro y crudo lunfardo callejero, Sabina desmenuza las noticias que han signado la semana, sin perder su fina ironía ni desviarse de la más rigurosa métrica.
En sus composiciones se mezclan caóticamente futbolistas, filósofos, escritores, músicos, prostitutas, políticos, reyes, dictadores, y la más amplia gama de seres, lugares y personajes, que son manejados con impecable soltura por el artista español.
Sabina arma y desarma el lenguaje a su antojo, inventa palabras y crea verbos a partir de nombres, lugares y acontecimientos. Utiliza tanto su sabiduría callejera como su asombrosa cultura libresca, manejando españolismos, cultismos, latín, catalán y extranjerismos varios, en una caótica combinación que logra poemas que a primera vista parecen imposibles.
Las composiciones poéticas de Sabina despiertan el intelecto y el alma y nos hacen reír y emocionarnos, entrelazando aspectos aparentemente distanciados de nuestra realidad, que el autor logra amalgamar extrañamente dentro del encorsetado continente de un soneto.
En «Esta boca es mía», podemos observar, en carne viva, todas las facetas, a menudo contradictorias, del gran cantautor: el vicioso, el irredento, el creyente, el solidario, el cínico, el humorista, el lujurioso, el agudo crítico, el juerguista, y muchos aspectos más que componen su compleja personalidad.
Más allá del respeto por lo clásico, por las fuentes, por las enseñanzas de Góngora, Quevedo, Lope de Vega y tantos otros, Joaquín Sabina logra una voz poética propia e inimitable, un homenaje pero a la vez una recreación del lenguaje, mixturando lo antiguo con lo moderno y lo vulgar con lo académico. *
(Ediciones B)
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