"LA ASESINA DE LAS FLORES", EN EL CARRASCO LAWN TENNIS, SALA ANTONIO LARRETA

Nuestros pecados son tercos

La puesta en escena local muestra sin piedad las debilidades del libreto. La pieza quiso ser la acerada dialéctica, pautada por cláusulas de muerte, entre una asesina de niñas y la psiquiatra que dictaminará sobre su cordura o insania; García Larrondo quiso también plantear la discusión de hasta dónde puede llegar la psiquiatría, de si el crimen es un enfermedad de la mente y hay que tratar al criminal y no ajusticiarlo. La asesina, víctima aquí de una pulsión de muerte, muestra las cartas y emprende una descarada seducción de la psiquiatra que terminará en que, cambiados simbólicamente los papeles, la psiquiatra se sentirá responsable de la muerte, que sabe o considera injusta, de Flora.

Todo eso debió ser y no fue. El libreto es servicial, pero previsible; es coherente, pero no tiene claroscuros ni logra introducir sorpresa o revelación; está seriamente planteado, pero no nos ilustra sobre el par de fuerzas locura – crimen; luce dignamente escrito, pero nunca con agudeza ni ingenio. Todavía, la versión de Pozzolo abunda en la extensión del original, en tanto que Pepe Bablé había comprimido, con beneficio para la concisión, al texto.

La puesta en escena de Pozzolo hace correr la obra como a distancia, sin mojarse los pies, sin destacar escenas o frases. La interpretación tiene el indudable peso de Elena Zuasti como la protagonista; pero la actriz, cuyos méritos y condiciones están harto probados, no va más allá de algunos tics, algunas máscaras y algunas voces graves que ya le conocemos; no le encontramos suficiente criminalidad en un drama que debe mostrarla, con todo el temor y temblor que ello supone. Verónica Caissiols, como la psiquiatra, está por debajo de las exigencias del papel; sus excesivos movimientos al hablar no condicen con la serenidad que, por lo menos al comienzo, puede suponerse en un psiquiatra.*

LA ASESINA DE LAS FLORES, con Elena Zuasti y Verónica Caissiols. Espacio escénico y vestuario de Rafael Echevarría y Roberto Cancro, iluminación de Claudia Sánchez, música de Fernando Ulivi, dirección de Alvaro Pozzolo. Estreno del 14 de octubre, sala Antonio Larreta del Carrasco Lawn Tennis.

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