Paneo de muestras recientes
La mercantilización curatorial invadió el accionar de críticos, alternativamente convertidos en curadores, afectando su credibilidad. Textos excesivos y elogios desmedidos, desde catálogos muy bien impresos o en artículos periodísticos, para obras anémicas, merecedoras de indulgente amnistía valorativa. Se puede conjeturar la existencia de una refracción de la sensibilidad de la mirada crítica (por insuficiencia formativa o por claudicaciones al rigor), que la hace aparecer casi totalmente miope para distinguir entre lo que está hecho con oficio (y ni siquiera eso) y lo que además del oficio lleva en sí la carga eléctrica de un talento indiscutible.
Revisitar el modesto capital creativo de la entrañable personalidad de Brenda Lissardy (1907-1992) en el Museo del Gaucho o estimular desprolijas incursiones pictóricas de Marcelo Larrosa (1971), con antecedentes formativos en Nueva York e Italia (puede hacerlo mejor según documenta en el cuadro EZLM, 2005), en el Centro Cultural MEC, ambos recostados y dependientes de los cánones torresgarcianos, son delicadas concesiones a la afectividad que dejan un saldo de tristeza indefendible en obra menores, con aislados toques de sensibilidad. La benevolencia crítica y la caudalosa prosa se ejercieron en trabajos de estricta experimentación de taller en dos muestras sucesivas en el Instituto Goethe cuyos nombres, piadosamente, es preferible reservar.
El traslado de la bidimensionalidad de la tela pintada al volumen, es la orientación que adoptó en su muestra del Museo Zorrilla, Ignacio Iturria. La piedra laja pintada es el soporte para construir con paciencia artesanal los característicos personajes de sus cuadros evocadores de un mundo autorreferencial focalizado en la infancia. Agrupados en paneles o en mesas, los pequeños collages pétreos, algunos con dibujo lineal, no obtienen suficiente expresión en su acumulativa y desaliñada tarea narrativa. El conjunto, incluso las piezas mayores y sobrias, se disuelve en un monótono desfile de personajes y juguetes mejor resueltos en la pintura. El montaje y la iluminación no contribuyen para levantar la muestra.
En cambio, Martín Pelenur, desde una casa deshabitada de la Ciudad Vieja, resolvió adecuarla a las grandes dimensiones de sus cuadros pintados en el patio de su taller de Pocitos. Un acierto. Tuvo la habilidad de establecer una exacta relación espacial entre el local y la obra y ofrecer un fuerte impacto visual. En esta, su segunda muestra (luego de otra, compartida, en la Colección Engelman Ost) se advierte el dominio del campo expresivo. No por cierto en el terreno de la estética informalista, a la que prolonga en una actitud epigonal luego de una experiencia en el exterior, sino en la profundización y limpieza de los recursos técnicos, en el enriquecido tratamiento matérico, en la búsqueda de pequeños detalles que iluminan la composición general de sus inmensos lienzos. Hay un artista con un enorme caudal sensible (tiene revistas-collages de mayor enjundia operativa que debería ampliar como investigación por sus virtuales posibilidades innovadoras) y un temperamento inquieto y honesto que ausculta la realidad en que vive, preparado para acometer desafíos de decisiva envergadura creadora. Una beca, le daría la oportunidad decisiva.
Luego de una cierta ausencia, volvió Alfredo Ghierra, un dibujante entretenido en el abordaje minucioso de ciudades inventadas. Ahora se orienta hacia el video, con mayor refinamiento en el trazo y la composición, pero lo hace, no a la manera de William Kentridge, ese sudafricano asombroso en lo visual dibujado y animado, sino a la manera de los estereotipos de programas televisivos tipo La mano que mira. Es un primer ensayo y, acaso, un largo camino a recorrer. (Sala Menor del Centro Municipal de Exposiciones).
La calidad, aunque en irregular selección, campea por dos muestras italianas: Giorgio Morandi y la naturaleza muerta en Italia (Museo Nacional de Artes Visuales) y Cento Soli, un centenar de lámparas diseñadas, entre otros talentos por Philippe Starck, Gio Ponti, Mario Ceroli y Eugenio Carmi.
El interés aumenta al visitar las conmovedoras muestras de Mario D´Angelo en el Cabildo, Ruisdael Suárez en el Centro Municipal de Exposiciones y Lab 5/ Género, en el Centro Cultural de España, merecedoras, por su gratificante contribución a la reflexión, de un análisis detenido. *
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