Pequeños crímenes conyugales
Hay un sello de calidad en Schmitt. Los diálogos avanzan encadenados y con lógica; se construye una intriga ingeniosa cuyos hilos se muestran y se ocultan a la vez. Hay la habilidad del «thriller» y una prudente administración del suspenso; hay un argumento que crece sin descuidar las frases de todos los días, que suelen tener varios significados; hay un agudo sentido de los enigmas que rodean, sin que nos demos cuenta, a la visa cotidiana. El espectador, llevado por la concisión y gracia del diálogo, pasa por alto algunos detalles que luego justificarán las revelaciones finales. Luisa (Mercedes Morán) ¿era una esposa comprensiva y enamorada que buscaba reconstruirle la vida a su marido amnésico Gabriel (Jorge Marrale)? El amnésico, ¿lo era realmente? Gabriel escribe novelas policiales, entre ellas «Pequeños crímenes conyugales», cuya dedicatoria agrega leña a la hoguera de los enigmas. Es entretenimiento refinado; hay chispazos de ingenio; finalizados los chisporroteos, quedan las tibias cenizas de la inquietud que Schmitt ha alumbrado en nuestros corazones. Es posible que las personas que vemos todos los días, los que están más en nuestros sentimientos, sean las que conocemos menos.
La obra sorprende, en relación a las producciones de nuestro medio, por la energía y ritmo vivaz, sin perjuicio de la medida, que ha impreso el director Rubén Szuchmacher. La actuación, no menos adecuada, precisa e intensa, es un deleite aparte y está a cargo de Mercedes Morán y Jorge Marrale. *
PEQUEÃOS CRIMENES CONYUGALES, de Eric-Emmanuel-Schmitt, con Mercedes Morán y Jorge Marrale. Escenografía y vestuario de Jorge Ferrari, iluminación de Gonzalo Córdoba, música de Federico Marrale, dirección de Rubén Szuchmacher. En teatro de La Gaviota, sala 1.
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