VUELVE A URUGUAY EL COMPOSITOR VITOR RAMIL PARA PRESENTAR SU NUEVO DISCO

Haciendo camino al andar

Ramil comenzó a los dieciocho años y en abril cumplió cuarenta y tres. Le gusta moldear palabras. No es inventarlas sino que, casi como un arqueólogo las redescubre y como un restaurador les da nuevos significados. Vitor es un hermenéutico poeta que construye puentes y pasajes con el lenguaje y la música, hasta que planta bandera, graba un disco y sigue recorriendo nuevos caminos. Hijo de padre uruguayo y madre sulista, Vitor ha viajado todos los inviernos de su infancia desde Pelotas, su ciudad natal, a un Uruguay de asados y tangos. Se crió en una casa donde el castellano era moneda corriente y donde sus padres, sobre la alfombra del living, bailaban el dos por cuatro que tanto lo emociona. Enamorarse de Uruguay y cruzar el charco hacia Argentina fue apenas un paso para lograr terminar el dibujo de su propio territorio y su particular identidad histórico-musical. Y buscó entre sus asignaturas pendientes, en los recuerdos de viaje y las viejas ropas de la infancia y se encontró en la vida con un laureado compositor: Jorge Drexler. Su último disco se titula Longes (2004) donde une la trilogía que gesta su alma y pensamiento: Uruguay, Brasil y Argentina. Se ríe cuando recuerda que en los pasillos de techos altos, de niño empezaba a probar su voz y recuerda memorioso: «No estoy al margen de una historia, estoy en el centro de otra». Mientras redescubre esa historia, encontrándole nuevas formas, Ramil escribe y compone sin prisas, para seguir cantando y silbando… bajito.

–¿En qué forma enriquece tu identidad histórica como artista el hecho de pertenecer a distintos países y sentirte a la vez identificado con cada uno de elllos?

–Hace diez años que vivo en Pelotas, a pesar de haber vivido también en Porto Alegre y en Río de Janeiro. Es interesante para mí sentirme conceptualmente en un punto de confluencia de tres culturas. Aunque a Argentina sólo voy a tocar y a grabar mis discos con Pedro Aznar.

–Tanto la obra de Kevin Johansen, de Drexler como la tuya tienen un enorme parecido en esa extraña forma de hacer canciones: con palabras nuevas, sonidos extraños y algunos folclóricos. ¿Está de moda una nueva forma de renovar y moldear el formato canción?

–Puede ser que al tener un contacto más directo con la palabra (aparte de músico, Ramil tiene editados ensayos y novelas) esto contribuya a mi libertad expresiva tanto en puño y letra como con una guitarra en mano. En mi nuevo disco Longes (2004) hay una canción que se titula «Desenchufado» y en Brasil la gente no sabe qué significa. Bueno, de hecho mi disco anterior titulado Tambong (2000) lo soñé. Me levanté un día y escribí su nombre en un papel porque había aparecido en mis sueños. Es un nombre que tiene el sonido de tango, bossa, candombe, samba y milonga. Creo que existe actualmente una nueva oleada de músicos a los que nos gusta inventarnos a nosotros mismos, descubrir nuevas melodías y que a la vez nos interesa la canción de siempre.

–¿Y sentís actualmente que estás logrando redescubrir esa canción y el público lo recepciona con interés y aceptación?

–Hasta ahora vivimos un deslumbramiento con los sistemas de la comunicación mundial, pero eso está empezando a cambiar. A mí muchas veces la Internet me molesta, hay cosas que prefiero no tener tan cerca, no puedo saber todo de todo; me gustan las cosas que van despacio, que me dan tiempo a descubrir. Más que una constante búsqueda de información, a mí me interesa la formación. Tengo tanto que descubrir de mi propio estado, de Pelotas mismo, sabiendo además que no voy a vivir lo suficiente para descubrir todo, que siento que el trabajo pequeño alguien tiene que hacerlo, hay que cargar el piano para que más adelante alguien lo toque en algún lugar. Yo percibo que tanto en Brasil como en los otros países que visito, a la gente le interesa mucho conocer esta historia, esta visión del sur, y eso me está haciendo volver muy específico, regionalista. Y a veces siento que tengo que cargar el piano, a veces me siento un poco responsable por desatar algunos nudos, abrir algunos caminos y ventilar los ambientes.

–Hace algunos años editaste una novela titulada «Pequod» y recientemente publicaste «La Estética del frío». Para quienes no te conocen y escuchan por primera vez tu nombre, ¿qué deberían probar primero: Ramil vinculado a la música o a la escritura?

(risas)No sé. Tengo una memoria muy visual. Hay gente que dice que si escuchás detenidamente mis canciones es como visualizar una película.

Y llegué a la Estética del frío para buscar unidad en mi trabajo, mi matriz dentro de un campo definido para componer. Buscaba naturalidad para escribir canciones. Y la logré. Mezclarse entre la música y la palabra tiene buenos resultados. Es muy loco. Ojo, los dos, tanto libros como discos tienen mucho que ver. Cuando escribo soy músico también. Es una escritura poética y musical.

–Son como autobiográficas con un gran parecido a su autor.

–Sí claro. Y creo que me paresco más a mí mismo escribiendo que componiendo. Cuando escribo siento que tengo mil maneras de decir la misma cosa. Es como el amor que siempre ayuda y contribuye a ver las situaciones de la vida desde otra perspectiva.

–«Longes» es un término que en portugués se utiliza en distintas circunstancias cobrando significado de acuerdo con la necesidad. ¿Y en tu disco qué significado pretendés expresar?

–Sí, es un sustantivo que significa grandes distancias de tiempo y espacio, espacios vagos, indicios o un presentimiento. Es una palabra muy rica.

–Como un híbrido que se amolda a la circunstancia.

–Claro y hasta parece una palabra inventada por su extraña sonancia. Y lo elegí como título del disco porque encaja con la idea poética general.

–Llegaste a tocar en vivo con Drexler y también compusieron juntos, ¿cómo fue su primer encuentro?

–Esencialmente nos parecemos mucho con Jorge. Nos conocimos porque una vez Pedro (Aznar) fue a un recital de él y le dio detrás del escenario nuestra tarjeta. Y ahí nos pusimos a investigar su música y escuchamos por primera vez Frontera. Nos pareció un disco maravilloso y al poco tiempo nos contactó Jorge. A partir de ahí nos hicimos muy amigos y hasta hace unos días estuvimos terminando de componer una canción.

–Varios signos te unen con Uruguay: parte de tu infancia, un gran amigo y ahora la música. ¿Es como un reencuentro con parte de tu historia?

–Absolutamente. Uruguay es un signo muy importante en mi vida. Es parte de mi pasado y ahora de mi presente. Incluso tengo ganas de terminar de escribir mi nuevo libro aquí. Siento que este país es parte de mi casa. Como una canción mía que dice: «El tiempo es mi casa. La casa es donde quiero estar». ¿Lo dije bien en español?

Entradas a la venta en RED UTS (CD Warehouse y Palacio de la Música) a $250 platea y $200 la tertulia. *

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