Gigí y La dama del fotógrafo
La literatura es una elocuente construcción estética por antonomasia, que trasciende a las formas y se interna a menudo osadamente- en los siempre sinuosos laberintos de la condición humana.
Mediante la palabra, la escritura suele retratar los tiempos históricos, pero también las costumbres, etologías, temperamentos y obviamente emociones individuales y colectivas.
No en vano, en el decurso de los siglos, han existido escritores oficiales que representan al sistema, pero también escritores malditos, recurrentemente denostados por cometer el pecado capital de desafiar a los convencionalismos y a las morales casi siempre ambivalentes de su época.
Ellos, de algún modo, son el espejo de todas esas pacaterías y frivolidades subyacentes y hasta depositarios del complejo de culpa de quienes rinden pleitesía a la cultura de la apariencia.
Un ejemplo concreto de esta última categoría de creadores es precisamente Sidonie Gabrielle Colette (1873-1954), que fue, sin dudas, una de las más relevantes plumas de la literatura francesa y la primera mujer que logró efectivamente vivir de la literatura.
Criticada recurrentemente por sus liberales concepciones tanto políticas como morales, Colette desnudó el doble discurso y las miserias que se ocultaban tras las hipócritas poses y la educación represiva de la sociedad de su tiempo.
Colette era originaria del campo, pero se marchó a la ciudad a temprana edad, adoptando el estilo de vida desenfrenado de los intelectuales y bohemios de su tiempo histórico.
Inteligente y sensual, supo, desde muy joven, vivir según sus ideas claramente rupturistas, teniendo numerosos amoríos, en
una búsqueda constante del goce del cuerpo y los sentidos.
Vivió a su modo y según sus propios códigos, que siempre desafiaron a la mentalidad dominante que, por entonces, relegaba a la mujer a un papel de mera figura decorativa.
La oportuna reedición de «Gigi» y «La dama del fotógrafo» nos permite retomar parcialmente contacto con esta sensible y talentosa creadora, referente insoslayable de una literatura de trazo claramente provocador.
«Gigi», una de las piezas más célebres de Colette publicada en París durante la ocupación nazi y que conoció recordadas adaptaciones al cine, es la historia de una joven entre inocente
y traviesa, que discurre entre sus temores y sus emociones.
Por su parte, «La dama del fotógrafo», otro texto breve de la autora, es también la historia de una mujer que construye su propio destino, más allá de las cotidianas coordenadas de su rutina existencial.
En ambos relatos, Sidonie Gabrielle Colette trabaja a grandes rasgos- con las líneas cardinales determinadas por la matriz temática de su obra, con la mujer como sujeto literario y no como mero objeto de deseo.
Este pequeño libro coadyuva a la recuperación de una de las creadoras más frontales y auténticas de las letras universales, dotada de una plausible espontaneidad para retratar los paisajes humanos. *
(Ediciones de la Banda Oriental)
Compartí tu opinión con toda la comunidad