Imágenes del festival de Porto Alegre
La actriz conserva una admirable elegancia de movimientos y un gran sentido plástico de la escena en su conjunto; su rostro tiene la gravedad estatuaria que suelen presentar las bailarinas de ballet. El efecto es clásico, abstracto, de un equilibrio propio de quien ha acompasado el teatro con la música.
Walmor Chagas, autor y actor de «Un hombre indignado», conocido entre nosotros por la televisión, revisa su vida, también en los 70. El espectáculo es una compleja interacción de imágenes cinematográficas, en número de no menos de quince o veinte simultáneas sobre diversas pantallas, en las cuales puede verse a Zé Celso Martínez Correa e Italo Rossi. El actor tiene una presencia escénica indudable ; pero como suele ocurrir con los artistas de la tercera edad, quiere atraer la atención sobre su presente, cuando son un tesoro del pasado. La palabra «narcisismo» llega hasta sus labios en más de una ocasión, pero no lo exorciza. Tenía cosas apasionantes que contarnos, pero prefirió tristezas como anunciar su suicidio y mostrarnos su velorio, con el mismo Walmor Chagas entre los concurrentes.
«Hamlet sincrético», bajo la aplicada dirección de Jessé Oliveira, tuvo la energía de «Dr. Q. Quriosas Qomedias, de «Qorpo Santo», pero tuvo a Shakespeare, al Umbanda, a los ritos y alegrías de la etnia negra en una cómoda aleación: Hamlet es asociado a Xangó, que es la justicia, Polonio a un pastor evangélico. La tragedia clásica y su atmósfera fueron concienzudamente escenificadas; las escenas de canto, baile y a veces acrobacia, con arrolladora percusión y ganas de bailar, operaron como interludios que aliviaron y contrastaron, pero no quebraron, la historia de la venganza del príncipe. Lo referido a Shakespeare tuvo autenticidad y fuerza, el folclore, el canto y el baile, con un inolvidable rap entre Hamlet, Rosencranz y Guildenstern, lo tuvieron mucho más. El rey Claudio tuvo un empaque de gansgter, en el estilo de la «Opera do malandro», la reina Gertrudis fue majestuosa y digna; confesamos nuestra simpatía por Ofelia (Glau Barros), llena de vida y con una de las mejores sonrisas de Porto Alegre, hasta cuando ha de morir; muy distinta, pero no menos genuina, de la vegetal y casi líquida de Millais. Hamlet (Julián Barros) merecería un capítulo aparte por sus múltiples dones de actor, lo mismo Polonio (Silvio Ramao), Laertes… pero nada del resto es silencio. El espectáculo de «Caixa Preta» debe figurar entre lo mejor que hemos visto en este festival. *
DESASSOSEGO (Río de Janeiro), guión y actuación de Marilena Ansaldi, sobre el «Livro do dessassosego» de Fernando Pessoa. Coordinación escenotécnica de Marcos Vinicius, iluminación y dirección de Márcio Aurelio. En teatro Renascenca.
UM HOMEN INDIGNADO (San Pablo), de y por Walmor Chagas. Banda sonora de Clara Becker, dirección general de escenografía y luz de Djalma Limongi Batista. En Teatro San Pedro.
HAMLET SINCRETICO (Río Grande do Sul), de William Shakespeare, por el grupo Caixa Preta, con Vera Lopes, Marcelo de Paula, Juliano Barros, Glau Barros, Silvia Ramao, Adriana Rodrigues, Leandro Daitx, Kdoo Guerreiro, Eder Santos, Wagner dos Santos, Rodrigo Oná Abadiaxé y Flavio Oyá Tundé. Dirección musical de Luiz André de Silva, dirección de Jessé Oliveira. En el hospital psiquiátrico San Pedro.
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