"Frente a un grato recuerdo que fumo y a esta negra porción de café..."

El Sorocabana lucha por sobrevivir

Pero este refugio de famosos y de ignorados vive la angustia de un posible cierre.

Juan Carlos Olivencia, gerente actual del Sorocabana, manifestó a LA REPUBLICA que esta situación está planteada, pero que desde hace varias semanas está abocado a encontrar una solución incluso con la posibilidad de trasladar el café a otro local.

En el Sorocabana trabaja actualmente casi una docena de empleados, pero los viernes y sábados, con los espectáculos tangueros alternan a lo largo del mes una cantidad de artistas que ronda los treinta.

Café ‘concert’

El Sorocabana fue fundado por los brasileños para promover su café. Y aún siguen haciendo el brebaje con el mismo método, con esas jarras a baño María. Quizá por el café, quizá por la ubicación con vista a la plaza, quizá por casualidad, pero pronto se convirtió en lugar de concentración de intelectuales.

Con el tiempo llegó a haber varias sucursales, que, con más tiempo, fueron cerrando. Hace más de una década el Sorocabana fue desalojado de la plaza y debió emigrar a Yi. En esa oportunidad hubo un verdadero movimiento de intelectuales por la salvación del café.

Y el café, en su nueva ubicación, se volcó más decididamente a la actividad cultural: exposiciones, edición de libros y, sala de espectáculos. ‘Café concert’, podríamos decir con propiedad. Por él pasa, últimamente, todo lo que se mueve en este país en materia de tango.

3.500 cafés

«Dentro de unos días tendremos una reunión con el director del Departamento de Cultura de la Intendencia, Gonzalo Carámbula, con la idea de encontrar alguna alternativa o posibilidad de que este café siga abierto en este o en otro local», adelanta Olivencia. «Estamos golpeando todas las puertas y lo hacemos con optimismo. Estamos procurando contactos con autoridades del Ministerio de Educación y Cultura». La situación crítica del Sorocabana comenzó en 1998, cuando la inversión de mejoras en el local significó una erogación de dinero que llevó a los actuales propietarios a sucesivos atrasos en el alquiler del local. Juan Carlos Olivencia afirma que en este año pagaron entre alquiler, multas y moras la cifra de 74 mil dólares.

Hoy el alquiler del Sorocabana se encuentra en los cuatro mil dólares mensuales. Por lo tanto, si tenemos en cuenta que un café cuesta aproximadamente un dólar con veinticinco centavos, necesitan venderse alrededor de 3.500 cafés por mes sólo para cubrir el precio del arrendamiento del local.

Vieja tradición de encuentros

Desde 1919, año en que fue inaugurado, el Sorocabana fue punto de encuentro de varias generaciones de escritores, políticos, artistas, actores y de varios personajes insólitos y pintorescos que ocuparon sus clásicas mesas de mármol redondo y blanco.

Allí se ‘atornillaban’ durante horas en largas conversaciones en las que se hablaba de todo y de nada, mientras otros extendían su tiempo en partidas interminables de ajedrez. El Sorocabana fue y es un mundo fascinante envuelto en aroma de café de aspecto austero, con pocos objetos y menos luz, con mesas, sillas y estanterías gastadas.

No puede morir. Por ello, todo el empeño de Juan Carlos Olivencia para hacer sobrevivir al Sorocabana.

No está solo, una denominada Asociación de Amigos del Sorocabana lo acompaña en la búsqueda de soluciones.

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