Tiene la palabra

¿Una gran reunión?

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Damos vueltas a un asunto que sólo tiene una definición: identificar y juzgar a los culpables de crímenes contra la humanidad en la dictadura en Uruguay, que no han tenido ningún tipo de pena por los repudiables actos de violencia que han cometido, y en muchos casos ni siquiera se sabe públicamente quiénes son. Los eventuales perdones y arrepentimientos, si bien tienen mucho de símbolo, no implican un verdadero compromiso de «nunca más», ni tampoco un sanear la raíz de los abusos de poder. En este sentido es básico recuperar la original función de las fuerzas militares. ¿Para qué queremos tipos armados, organizados y adiestrados que se sientan superiores al pueblo al que se supone que obedecen y protegen?

Es de meridiana claridad que los que impiden, retrasan o entorpecen el libre desempeño de las averiguaciones sobre el tema desaparecidos durante el período dictatorial, tienen algo grave qué esconder. No es un simple admitir faltas lo que está en juego. En honor al honor que tanto invocan -y que no precisamente los adorna como institución- deberían exponer ellos mismos a los autores de las innombrables bajezas como forma de depurar a las Fuerzas Armadas, ya normalmente asociadas a corporaciones del terror y de la muerte.

Aparecen por allí tímidos esbozos de «mea culpa» descifrados por libres intérpretes, ya que no son explícitos, no suenan sinceros, y proceden de los mismos que sin mucha retórica justifican lo que hicieron, lo cual equivale a decir que lo volverían a hacer. Ese sentimiento aflora espontáneamente, y es el mismo que movió a Bordaberry a felicitar a la Policía por impedir la colocación del pabellón patrio sobre el cajón mortuorio del legislador Gutiérrez Ruiz. Tal mentalidad y estado de espíritu aún anida entre los organismos militarizados de nuestro país. No hay una clara y contundente sumisión de los soldados uruguayos al gobierno y eso lo vemos los ciudadanos comunes que sólo podemos decirlo.

Ante esta situación ¿Qué significado puede tener una reunión sugerida por un comandante en jefe? ¿Seguir admitiendo que tienen injerencia en las decisiones soberanas, permitiendo que se expresen políticamente? ¿Otro pacto? ¿Continuar desviando los poderes del Estado, las funciones de los organismos, el orden estatal? ¿Seguir demorando momentos que históricamente están marcados? ¿Quiénes serían los válidos interlocutores en esa reunión? ¿Estarían los desaparecidos? ¿Los muertos? ¿Los torturados?

Si dificultan el esclarecimiento de los hechos cubriéndose, brindando datos imprecisos y esquivando reconocer pública y formalmente el horror de los crímenes perpetrados por ellos en el régimen de facto, la única lectura es que reivindican sus pasadas acciones. Ergo: los ideales golpistas gozan de buena salud entre los militares.

Mientras tanto, quienes alentaron una ley de impunidad, da lo mismo que se hayan sentado a conversar o no en el club naval. La cuestión actual, gracias a Dios y a diferentes personas, no está en pensar qué le vendemos a las Fuerzas Armadas para que no hostiguen al pueblo nuevamente por la vía del miedo. Si no cambian la perspectiva los políticos -únicos competentes para plasmar una salida legal y popular en el tema violaciones a los derechos humanos en nuestro país- los militares no la van a cambiar. Ahora es pequeño hacer inventarios sobre quién ayudó o no en la ley de caducidad o en el acuerdo del club naval. Es otro el escenario y necesita del impulso creativo de los personajes de gobierno, oposición y fuerzas sociales. Rescatemos este presente que se muestra pródigo a cambios esperados y enorgullezcámonos de haberlo logrado juntos.

SUSANA ANDRADE – WWW.ATABAQUE.COM.UY

 

Las voces de enfrente

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Señor, Señora, Señorita: lo que su perro hace, es cosa suya. La observación, tan acertada como ocurrente, me hizo gracia. La sutil indicación que lógicamente alude a los excrementos y boñigas del can y no a sus destrezas o habilidades, condujo mis reflexiones por otras rutas.

Es evidente que el humor y la ironía, bien utilizados; son armas temibles. No por casualidad los regímenes totalitarios le temen más a la sátira y a la pluma del humorista capaz de dejarlos en ridículo que a la arenga, alocución o declaración más encendida. ¡Terror, les tienen! Pánico. La historia está llena de casos en los que el ingenio y la agudeza tuvieron a mal traer a los gobiernos más duros e intolerantes. Es que el humor y el rigor son incompatibles, antagónicos. Casi se podría decir que son enemigos irreconciliables. No es la única, pero quizás la prueba más acabada de esto sea «El gran dictador», esa obra genial de Charles Chaplin, en la que el bufo pone su talento al servicio de la causa aliada y utiliza como armas la ironía, la sátira y el humor.

Entre los muchos, muchísimos; ejemplos (hay infinidad de ellos) que guardo, desentierro uno:

Ocurrió en años de la dictadura. Obnubilados por el brillo falaz del poder, los gobernantes de turno llegaron a prohibir una cantidad de palabras a las que consideraban peligrosas. Entre las prohibidas estaba «dictadura».

La inobservancia o violación de esta absurda norma o decreto era considerada una infracción grave. Pues bien, una conocida revista de humor halló el modo de sortear la prescripción sin caer en falta. En esos momentos difíciles colocó como título de tapa: «Abajo la dentadura»

¡Sin palabras!, o «Esepé» como le gusta decir a un sonado y reputado relator deportivo de TV.

Los tutores devenidos en censores quedaron desairados, los dentistas satisfechos y la gente feliz. Como se ve cualquier método es bueno para oponerse a las tiranías por más que no todos tengan la misma eficacia. Unos pueden ser, y lo son, más efectivos que otros, pero todos dan razón a la lúcida sentencia del filme La lista de Schindler: «Quien salva una vida está salvando al mundo».

¡Pu…cha que son largas las noches de invierno!, señaló el poeta con agudeza instituyendo así un juicio imborrable. Es que, larga e ingrata es la espera. El inexistente vocablo pu…cha así enunciado revela audacia lingüística al tiempo que evita cualquier tipo de duda. El humor exige talento. Requiere inteligencia. Precisa idoneidad. Genio. No alcanza con creerse gracioso, vivo, bromista, ocurrente, chistoso o sandunguero. Esto lo sabemos (¡vaya que lo sabemos!), quienes fuimos engatusados o seducidos (vaya uno a saber), con la promesa de un gobierno divertido.

El excelente director teatral y maestro de actores que fue Don Atahualpa del Cioppo, sostenía: «Hacer llorar es relativamente fácil. Hay en la naturaleza plantas que hacen llorar. Sin embargo todavía no se conoce ninguna que haga reír». La vida se encarga de demostrárnoslo diariamente y si no es ella, lo hacen los hombres que, mal que nos pese; siguen siendo los lobos del hombre.

Si nos atenemos a lo que opinan del actual gobierno algunos opositores, parecería que como dijo Discépolo «hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor». A saber: un día afirman que el gobierno es continuista y que no cambió nada y al día siguiente dicen que es socialista. Después aseguran que el programa de gobierno es igualito al de ellos y luego se rehusan a participar. Presagian agitación sindical y después aducen que el PIT-CNT es

tolerante y complaciente con el gobierno. Reclaman justicia social para los más necesitados pero se oponen al plan de emergencia. «De éstas tengo mil», como dec

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