LIBROS

Dracmas

En «Dracmas», el poeta y compositor tacuaremboense Washington Benavides suma la magia de su pluma al arte mayor del dibujo de su hijo Pablo Benavidez, en una arquitectura visual y emocional de calidad intransferible.

Este libro, editado por el Sindicato Médico del Uruguay con la colaboración de otras instituciones, cumple un propósito que excede a lo meramente literario, ya que la recaudación obtenida por su venta se volcará íntegramente a beneficio de la policlínica del pauperizado barrio artiguense «Las Láminas» y la Casa de la Hospitalidad de Tacuarembó.

Fiel a su estilo fino y acendrado, Washington Benavides -junto a los heterónimos que en él conviven- asume nuevamente la necesidad de sensibilizar a sus lectores, mediante un coloquio que resulta siempre gratificante.

Aunque pueda parecer redundante, la escritura del poeta sigue conservando la frescura y lozanía de antaño, que -en el decurso de su prolongada carrera- lo ha transformado en uno de los referentes insoslayables de la producción literaria nacional.

El popular «Bocha» inaugura su libro con un texto intitulado «La silla», en el que emplea un lenguaje poético cargado de metáforas, para retratar elocuentemente el brindis esencial de la naturaleza y su vínculo con lo perdurable. La ilustración de su hijo Pablo afirma el compromiso panteísta del autor.

Por su parte, «Bizancio» es un relato cuasi autobiográfico de aliento mítico, sobre un caballo purasangre que compite en las pistas del Hipódromo de Maroñas.

Hay intensas apelaciones del poeta a su infancia, pero también a la fantasía, a los sueños y a la propia literatura. Bizancio marca la hazaña de las patas de un caballo que compite por la gloria, al igual que la histórica ciudad que en la antigüedad fue capital de un poderoso imperio.

«Espejos» ingresa también en los territorios de la memoria, como una intensa representación de la vida, la historia y obviamente también la literatura. En este relato, los espejos celebran su propio coloquio imaginario, fracturando las coordenadas del tiempo.

Hay retratos congelados que inmortalizan instantes, gestos y tal vez hasta las muecas de la angustia y los turbulentos mundos interiores de los Borges, los Poe, los Byron y otras emblemáticas voces de las letras universales invocadas por el autor.

En tanto, «La casa paterna» es una nueva apelación a la memoria autobiográfica del escritor, a su origen reproducido en un dibujo de su hijo y las casas retratadas por la memoria.

Sin embargo, no todo se limita a un mero ejercicio de percepción sensorial, ya que la evocación se construye particularmente de afectos, de vivencias y de símbolos impresos en el imaginario íntimo del propio Benavides.

«Rebelión» es un brillante alegato contra la resignación y el inmovilismo, representado en esas tuercas que se aflojan y abandonan su lugar y su yugo.

Esta composición es un original y poético canto a la emancipación y también una convocatoria a seguir goteando sueños, porque aún hay un amplio margen para la utopía.

«Ojos de urraca» es un cuento breve de trazo costumbrista, que recrea el romance-dicotomía entre el hombre y la naturaleza, esa relación de amor odio que puede traducirse en poesía o en drama, cuando el humano coloniza y toma compulsivamente lo que no le pertenece.

Uno de los relatos más significativos de este libro es «Brevet personal», un diálogo o monólogo en el que el autor reconstruye fragmentos capitales de su vida, muchos de los cuales fueron narrados a LA REPUBLICA el año pasado, en una extensa entrevista realizada por este periodista a Washington Benavides.

En este texto tan conmovedor como revelador, el poeta recrea su infancia de asma, encierro y profusa lectura, su tediosa experiencia en la escuela y su crecimiento biológico e intelectual.

Obviamente, la narración se interna en sus vivencias más entrañables, su unión con la compañera de toda la vida y su paternidad.

Sin embargo, Benavides no soslaya los momentos dolorosos, cuando en su Tacuarembó natal padeció -a comienzos de la década del cincuenta- los primeros embates de la naciente ultraderecha uruguaya.

Resulta impactante la alusión a la quema de todos los ejemplares de «Tata Vizcacha» en plena plaza pública, por un grupo de enardecidos fascistas, embrión de lo que -años después- se transformó en el ominoso monstruo dictatorial.

Obviamente, el escritor no soslaya referencias al ya mítico «Grupo de Tacuarembó» y a sus dolorosos recuerdos del período autoritario, cuando su obra fue prohibida por los inquisidores de turno.

Por su parte, en «Opus», pieza firmada por John Feliberto, uno de los heterónimos de Benavides, aflora toda la sensibilidad social del autor, en la construcción de una pequeña joyita literaria que reflexiona en torno a la pobreza y la solidaridad.

Los territorios de la fábula impregnada también de hondo contenido social, permiten interpretar cabalmente «La botella de la codorniz». Aquí la botella asume una dimensión simbólica que penetra la epidermis de la cotidianidad.

El envase viaja desde un lujoso club nocturno a un mísero cantegril, en un itinerario que está metafóricamente asociado no sólo a los diversos rostros de la inequidad social, sino también a la propia peripecia humana.

«Sobre cuestiones de muerte vida» y «Saliendo de la trinchera» son dos alegatos de trazo poético, sobre la tragedia de la guerra, el patético destino de soldados andrajosos y abandonados y los soterrados apetitos inmorales del poder, que se ocultan detrás de esos a menudo inocentes escudos humanos.

El discurso crítico del autor se torna implacable, para condenar la agresión perpetrada contra la India por la corona británica durante el siglo pasado y las contemporáneas cloacas de tragedia de Irak y Afganistán pergeñadas por la Casa Blanca.

En ambos relatos, el sensible autor construye una dramática parábola de la tragedia humana, de las vidas masticadas por la codicia y el pillaje de antes, de ahora y de siempre.

Estas son dos piezas literarias conmovedoras, por el lenguaje elocuente de las palabras y el magistral trazo de los dibujos de Pablo Benavidez, aún más crudos y removedores que las palabras.

«En el zanjón» es un cuento fantástico, en el que mundo de los humanos es observado a través de los ojos de un animal primario. El planteo permite inferir que quizás nuestro complejo universo sea realmente el que rompe con el equilibrio de la naturaleza.

«Otro andamio de los ojos» apela a los lentes como metáfora, simbolizando percepción y memoria, pero -en algunos casos- también dependencia, angustia y sensación de pérdida.

Los últimos cinco cuentos corroboran, nuevamente, la frondosa imaginación del autor, a la que éste adosa naturalmente la reconocida calidad de su registro literario.

Mientras «Ganso de Baviera» es un cuento algo surrealista sobre orgías gastronómicas, eternas solterías y soledades, «Admoniciones» refiere a algunas experiencias oníricas estremecedoras, que retoman el trazo autobiográfico dominante en todo el cuerpo de la obra.

«Puentes» pincela más paisajes oníricos, de sueños que languidecen y se funden en las entrañas del pasado y en la visión de la naturaleza recobrada.

«El tercer pie» es un relato ciertamente conmovedor, que transforma el bastón en un símbolo del desgaste provocado por

el tiempo, una inexorable evolución rumbo hacia un homo sapiens dependiente.

«El avión alemán» y «El tordillo», los dos últimos relatos de este libro, aportan reflexiones sobre la infancia y la madurez, la violencia, la gloria, la locura, la decadencia y la muerte.

Estos «Dracmas» literarios no
tienen dos sino múltiples caras, que apelan e interpelan recurrentemente a la realidad, la memoria, el pasado, la nostalgia y las vivencias individuales y compartidas del entrañable poeta tacuaremboense.

Washington Benavides remonta nuevamente los territorios autobiográficos, pero jamás renuncia a la materia primordial de la ficción, indispensable en toda creación literaria.

La sensibilidad del autor se cuela a través de los intersticios de la emoción, goteando poesía a menudo costumbrista de trazo intimista, que transita -alternadamente- las geografías de paisajes abiertos y de tramas urbanas.

En la escritura del inmenso autor hay voces polifónicas, personajes variopintos y surrealistas y hasta situaciones deliberadamente absurdas.

«Dracmas» transpira reflexión e inspiración poética, en un ejercicio literario que conjuga la inconmensurable magia de la palabra y el trazo elocuente del dibujo.

 

(Edición del Sindicato Médico del Uruguay)

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