La locura según un músico sin fronteras
La locura nunca se detiene. Ni la de los que están del lado de afuera (¿nosotros?), ni la de los que están del lado de adentro (¿ellos?). Así funciona. Hasta que de pronto, aparece alguien que sorpresivamente ofrece un micrófono para conectar el exterior con el interior. Entonces, esos mundos paralelos y delirantes ambientan conexión para que esa mesurada explosión, sea definitiva. La música de Kevin Johansen da tantas vueltas como las infinitas formas que tienen sus curiosas canciones en su cabeza. Nació en Alaska (Fairbanks) y en Argentina vivió desde los doce años. De madre argentina y padre norteamericano consiguió un breve pasaje por la ruta roquera con Instrucción Cívica, para después largar su bandera y consigna «Mixture is the future» (el mestizaje es el futuro) con su primer disco The Nada. Luego de ese puntapié inicial, no hubo respiro para lanzar Sur o no Sur (2002) y su último City Zen (2004). Fórmulas, expedientes secretos, códigos indescifrables y un constante devenir de leyes que guían secretamente el natural funcionamiento del universo forman parte del extraño mundo del camaleónico Johansen. Con un sinfín de proyectos, el desafío es hoy en el Cine Plaza. Después, seguramente, tendrá otra locura en mente.
-Alaska, Argentina y también Uruguay. ¿Ser una especie de «trotamundos» contribuye en percibir y crear la música con una perspectiva creativa diferente?
-Sin dudas. Aunque la mayor parte de las mudanzas no fueran decisión propia. Viví en Arizona, Colorado, Alaska y San Francisco cuando era un niño. Mi madre era argentina y mi padre de Colorado. Becaron a mi madre y nos fuimos definitivamente a Estados Unidos. A mi padre le tocó hacer el servicio militar por Vietnam y él no quería. Pero, había una cláusula que establecía tu derecho a expresar «no quiero matar a nadie». Entonces el gobierno te mandaba como castigo un servicio administrativo por tres años. Por eso fuimos a Alaska. Y mi rareza como cantautor sin dudas se vio influenciada por los distintos escenarios que me acogieron para vivir. Eso de poner papel aluminio en las ventanas para dormir por que tenés luz todo el día o correr sin parar en la nieve siendo un niño, son experiencias que te marcan. En Uruguay viví en Malvín y ya más adulto me instalé en Nueva York diez años.
-Declaraste en varias oportunidades que «Nueva York no es parte de Estados Unidos». ¿Por qué?
-Por que para mí Nueva York es otro planeta. Es una megaciudad con gentes de los lugares más recónditos del planeta. Así no es Estados Unidos. Me hace acordar mucho a mi infancia en San Francisco y a mis tres amigos que eran un afro, uno filipino y un alvino.
-Tu último trabajo es City Zen, ¿puede que su estética de composición sea extremista ya que recorre desde una dulce balada hasta una cumbia mexicana?
– Sí, es cierto. Es que recorre muchas cosas. Puede ser una balada íntima y sentida hasta una canción que es súper para arriba. El hecho es que se cuentan historias y eso comenzó básicamente con The Nada. Contribuye enormemente la banda con la que trabajo.
Es muy particular. La mayoría de sus hijos tienen una edad promedio de veinticinco años y son un poco el semillero de músicos de por acá. Conocen el lenguaje universal del rock y el pop y también pueden tocar a la perfección un tango o un folclore.
-Pero el formato canción siempre presente, pasando por diversos géneros musicales
-Sí, para mí lo importante es contar una historia. El baterista de mi banda es el «El Zurdo» Roizner. Tiene sesenta y cuatro años, tocó con Vinicius De Moraes y con Piazzola y es muy gratificante por que los más jóvenes no lo pueden creer. De todas formas el público también se sorprende por que es muy variado. Desde los abuelos con los nietos hasta esa generación del medio de treinta y cuarenta años.
-Esa especie de ‘mestizaje’ sonoro en el que incursionás o el impacto letrístico de las canciones desde sus nombres monosílabos tal vez influya en acaparar una mayor franja de público
–Es que está todo muy clonado. Trataron de clonar a Ricky Martin veinte veces o a Bisbal. Incluso todas las bandas inglesas eran iguales. El recurso que tenemos los cancionistas es intentar escribir canciones diferentes. Y ahí es donde entran bandas como Café Tacuba o un Paulinho Moska. Busco sorprenderme a mí mismo. Y tratar de ser lo más original posible.
-¿Cómo es ser un «des-generado» dentro del formato canción?
-(risas) Complicado. Eso se me ocurrió en España, por que la gente me preguntaba mucho qué género hacía. Entonces yo les contestaba que era un «des-generado». Mi género es la canción. Es como dice mi amigo Paulinho Moska: «las letras o historias de las canciones son como las personas, y el estilo musical es la ropa que le ponés a esa persona».
Las entradas están a la venta en Red Uts, CD Warehouse y en la puerta del Cine Plaza a $ 330, $ 270, $ 220 y $ 190. *
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