NOTABLE FILME DEL CINEASTA ARGENTINO CARLOS SORIN

El perro: los caminos de la dignidad

El hombre (Juan Villegas) ha sido despedido de una estación de servicio y se gana la vida –como puede– vendiendo cuchillos artesanales hasta que este inesperado regalo lo convierte, de la noche a la mañana, en el privilegiado dueño de un excelente ejemplar que, indirectamente, le habilita el ingreso a cierto sector de la «aristocracia» vernácula.

La anécdota, en verdad, es trivial, pero la cinematográfica sabiduría de Sorín logra que este sencillo argumento se convierta en un periplo bastante emblemático sobre la dignidad del humilde y otras reivindicaciones no menores.

Se ha dicho que El perro forma parte de lo que se ha dado en llamar el neorrealismo argentino y dicho rótulo tiene bastante de verdad. Al igual que en filmes anteriores, el director apela a actores no profesionales para el armado de su elenco y un rodaje «on the road» que registra con franca llaneza el contexto que le rodea. El resultado traduce un largometraje incontaminado, provisto de una frescura especial y auténtica que -además- levanta cierto inesperado vuelo poético en medio de la austeridad del relato. Esta metáfora casi indeleble habla, por ejemplo, de un espíritu de rebeldía que parece resistirse a integrar un mercado que pone valor a cosas que, verdaderamente, no tienen medida económica, entre otras lecturas. Esas otras posibles miradas también dan cuenta de un mundo de afectos y lealtades que no se venden –como decía el prócer– al bajo precio de la necesidad por lo que hay que seguir la pista de estas pequeñas cosas que Sorín desgrana aquí y allá para evaluar con ponderación la verdadera estatura de este filme minimalista y soberbio.

Su valor descansa tanto en la sencillez con que arma un diálogo sugerente como en la justa caracterización que logra de estos seres enfrentados por vez primera a una cámara para decir sus líneas. Con las distancias del caso, El perro, que no por nada obtuvo el Premio Fipresci de la crítica cinematográfica internacional en el último Festival de San Sebastián, quizás detente líneas estéticas emparentadas, por ejemplo, con lo mejor del cine iraní y esa precisa capacidad de lograr pequeñas joyitas de arte en medio de la desolación. Los que vayan a ver cine del bueno y sepan leer entre líneas, no saldrán defraudados. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje