PABLO ESTRAMIN CANTARA EN EL CINE PLAZA EN BENEFICIO DE LOS NIÑOS DE LA ESCUELA ROOSEVELT

El arte de un cantor solidario

Estramín es uno de esos seres humanos entrañables en los que su producción artística está indisolublemente ligada a su modo de ser.

Una personalidad sin dobleces, aquilatada en alegrías y dolores, en decepciones y logros, es su mayor carta de triunfo en su tránsito por la vida. A la calidad artística suma entonces su coherencia humana. Eso, vaya logro, es la mayor recompensa que cualquier artista puede cosechar. Querido, admirado y respetado por multitudes, este cantautor montevideano -como ya anotamos en otra oportunidad- se ha erigido en un ineludible puente de unión entre dos generaciones de músicos y en el presente cuenta con once fonogramas, todos ellos de notable difusión y arraigo popular. Ellos son Cantacaminos, grabado junto a Juan José de De Mello y el dúo Larbanois/Carrero, Pablo Estramín (Sondor), Se verá qué pasará (Orfeo), Estamos acostumbrados (Orfeo), Morir en la capital (Orfeo), Lo mejor de Pablo Estramín (Orfeo), La Campana (Orfeo), Canciones de mis amigos (Orfeo), Disco de Oro (EMI), De mis amores (Sondor) Gardel posta posta (Obligado) grabado junto a Vera Sienra y Pepe Guerra. Su más reciente trabajo se titula Trozos de Luna, placa por la cual en este concierto recibirá un nuevo Disco de Oro.

A principios de los años ochenta, como un cronista fiel y comprometido, Estramín comenzó interpretando y componiendo canciones donde prevalecía la raíz folclórico-telúrica, canciones comprometidas con el amor, los trabajadores, las injusticias y la lucha contra los regímenes políticos autoritarios. Considerado uno de los cantores populares más importantes del país, durante años se ha presentado ante el público, con distintas formaciones instrumentales, En la actualidad el artista está signado por el éxito. Un éxito que se anticipa de antemano y que se sustenta en una carrera que, con veinticinco años de duración, encuentra en Estramín a alguien que aún tiene mucho por decir. Sus trabajos discográficos son un muestrario imprescindible a la hora de elaborar una síntesis del cancionero popular uruguayo.

Su tiempo libre lo disfruta junto a su madre, hermanos y amigos. Su ética, su compromiso con los afectos y el jugarse a pleno por sus convicciones han permitido que la gente lo sitúe en una posición de privilegio.

En una oportunidad el cantautor ha dicho: «No puedo ser indiferente a lo que le está pasando a la gente, a mi entorno, a mí y a toda la sociedad. Yo creo en el canto con compromiso, no me voy a transformar en un cantor panfletario porque nunca lo fui, pero tampoco voy a hacer una propuesta indiferente a lo que está sucediendo. Voy a buscar una manera de generar esperanza desde la desesperanza. Aunque no quiero revolver el puñal donde hay heridas, creo que no debo ser indiferente. Las cosas mejoran en la medida en que cada uno desde su rol asume responsabilidades. La realidad no la cambia ni las canciones ni los cantores, pero yo tengo la necesidad de no ser indiferente».

El autor de «Morir en la capital», «De adolescentes», «Estamos acostumbrados» Y «Magdalena» ha confesado que aprendió a tocar la guitarra mirando recitales en la televisión, antes de iniciar estudios formales en un conservatorio, con la profesora Elida Grandall. Pocos recuerdan que en 1973 cantó la ópera La cenicienta en el Teatro Solís y que desde 1975 integró una compañía de zarzuelas. Hincha del Club Nacional de Fútbol y cursando estudios en el liceo Bauzá, junto a compañeros de clase fundó el grupo folclórico Tiempo Nuevo. En 1978 y 1979 esta formación obtuvo los primeros premios otorgados por dos recordados programas televisivos: Guitarreada y Estudiantina. En 1980 el grupo obtuvo el primer premio del Festival Folclórico de Durazno, ocasión en la que además Estramín fue galardonado como la Mejor Voz del festival.

Luego, a partir de los años ochenta comenzó su ascendente actividad individual. En 1982 grabó con Larbarnois/Carrero y Juan José de Mello y al año siguiente su primer disco como solista.

A diferencia de otros integrantes de aquel fermental movimiento musical que tuvo sus picos más altos entre 1980 y 1988, la popularidad de Estramín no disminuyó, sino que se acrecentó con el paso de los años, sobre todo, a través de un intenso trabajo en el interior de nuestro país, sumando para sí los galardones más importantes que otorga el tradicional circuito de festivales (Charrúa de Oro, en Durazno y La Guitarra Olimareña en Treinta y Tres) por citar dos casos.

En consecuencia, el resultado de su carrera es también la síntesis de el trabajo duro y de una postura absolutamente profesional y comprometida con sus textos. Estramín ha logrado situarse en el respeto y los afectos de la gente y el sábado tendrá esa comunicatividad con un público que irá masivamente hasta la sala de la Plaza de Cagancha y la avenida Rondeau, no solamente para disfrutar de sus interpretaciones, sino para sumarse a una propuesta que mucho tiene que ver con una forma de plantarse en la vida: la solidaridad. *

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