EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA CELEBRA LOS CUATROCIENTOS AÑOS DEL QUIJOTE DE LA MANCHA

El caballero de la triste figura aún cabalga

La exposición que fue inaugurada el jueves pasado permanecerá abierta hasta el 23 de setiembre de lunes a viernes de 11.30 a 20.00 horas y los sábados de 11.30 a 18.00 hs., con acceso gratuito.

Se ha realizado siguiendo las más modernas técnicas de exhibición bibliográfica. La curaduría estuvo a cargo de María de los Angeles González, los textos de los grabados son de Marcelo Estefanell, el diseño y montaje de Nicolás Infanzón y el diseño sonoro (que incluye fragmentos del Quijote y música de la época de Cervantes) es de Carlos Dotta.

La mayor parte de los materiales exhibidos pertenecen a la Biblioteca Nacional, la Biblioteca de la Universidad de Montevideo (Colección Arturo Xalambrí) y la Biblioteca de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, así como a coleccionistas privados.

En la entrada los visitantes serán recibidos por la escultura «El Quijote» de la artista Adela Neffa, que ha sido cedida gentilmente por el lugar que la tiene desde hace años como pieza emblemática: el Bar Tasende.

Por otra parte, se están organizando visitas guiadas con escuelas y colegios de Montevideo y el interior que deben ser coordinadas con el área pedagógica del CCE por el 915 2250 int. 122, entre las 10.00 y las 17.00 hs. Estas visitas y los materiales que se entregan en las mismas son totalmente gratuitas. También en el área pedagógica, se convoca al concurso escolar de collages colectivos «Quijotes y Sanchos», al cual se pueden presentar todas las clases de primaria de Montevideo, antes del 30 de septiembre.

En el catálogo editado se incluye el siguiente texto de la curadora de la muestra, María de los Angeles González: «En 2005 se cumple el cuarto centenario de la más famosa creación literaria escrita en español. Una obra es mucho más que el conjunto de sus reediciones y el número de lenguas a las que ha sido traducido; su principal fuerza reside en la forma en que fue leído y el valor simbólico que se ha depositado en ella. Sin embargo, a través de la historia material del libro puede reconstruirse un itinerario posible de su significación y de su lugar en el imaginario colectivo. Poner en escena una serie de ediciones valiosas del Quijote es, también, un homenaje a las sucesivas generaciones que han cultivado su devoción. Los materiales, la tipografía y encuadernación, las ilustraciones, las notas críticas, ponen de manifiesto la forma que cada época leyó, entendió y asimiló el Quijote a lo largo de estos cuatro siglos.

La conmemoración de una fecha puede transformarse en un fetiche si no provoca la revisión de la vigencia de una obra y su capacidad de interpelar. Jorge Luis Borges, nada afecto a los festejos de los «centenarios», advirtió el riesgo que corren los mitos, cuando dijo respecto al Quijote que «la gloria es una incomprensión y quizá la peor». Sobre la novela de Cervantes pesan siglos de tradición y a la figura del hidalgo manchego se adhieren simbolismos varios, que, a veces, inmovilizan sus sentidos. Sin embargo, el propio Borges definió un clásico como aquel libro «que reclama un acto de fe». Y esa fe es previa a su lectura. Por tanto, los siglos de tradición que han construido el prestigio del Quijote, los dibujos y pinturas, las ediciones de lujo y las populares, la atención que le han prestado los críticos y los creadores, alimentan el espesor de la obra e intervienen en las expectativas de su lectura. El acercamiento contemporáneo a la novela cervantina, sacralizador o irreverente, integra, como una riqueza, las sucesivas lecturas que se acumularon en estos siglos. Exponer ediciones de distintas épocas devuelve, en alguna medida, al lector moderno, el proceso de construcción de lo que el Quijote representa hoy».

La presentación de ediciones del Quijote, que van desde el siglo XVII hasta la actualidad, permite rastrear la historia del libro como objeto en los últimos siglos, así como el valor y la función que éste ha tenido en la sociedad. La traducción a las más variadas lenguas evidencia la universalidad del libro de Cervantes, capaz de desplegar permanentemente nuevos sentidos en cada época y en cada cultura. Otra consideración merece la historia de sus ilustraciones, capaz de revelar de modo más directo las distintas sensibilidades e interpretaciones, en especial la representación del «Caballero de la triste figura», y de Sancho, su escudero, ya sea en su condición de criaturas individuales e intransferibles, ya sea como arquetipos humanos.

A su vez, el Quijote tiene un valor como obra que dialoga con la literatura anterior, que hace del libro y la lectura un motivo narrativo. Del mismo modo, el propio texto cervantino disparó nuevas escrituras que, a lo largo de los siglos, lo citan, lo reescriben, lo integran como antecedente. Por eso, no pueden estar ausentes de la exposición otros libros que construyen el «antes y después» de la célebre novela.

Como en todo país de matriz hispana, en Uruguay ha existido un interés sostenido por el Quijote. Aunque hay muy pocas ediciones nacionales, es en Montevideo donde aparece la primera de América del Sur, en 1880, publicada en entregas por el periódico La Colonia Española. El sacerdote José Manuel Pérez Castellano, primer escritor criollo, registra huellas de la lectura del Quijote en sus Observaciones sobre agricultura, y se consigna la existencia de ejemplares en varias bibliotecas montevideanas de la época de la Colonia, en una sociedad en la que el libro era un bien escaso. A Juan Zorrilla de San Martín y a José Enrique Rodó corresponden algunas de las interpretaciones del Quijote que pueden considerarse entre las más finas y personales que ha dado América en el friso de los siglos XIX y XX. Un devoto de Cervantes, Arturo E. Xalambrí (1888-1975), llegó a reunir en Montevideo una colección de ediciones del Quijote que se encuentra entre las más completas y curiosas de América. Los acercamientos a la obra de Cervantes en Uruguay, se aglutinan especialmente en torno a los centenarios de 1905 y 1947 (a los cuatrocientos años del nacimiento del autor), aunque el interés crítico y creativo por el Quijote no ha cesado y es una muestra de la incorporación de la obra a un legado cultural que se entiende como propio. *

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