Tiene la palabra
Solidaridad con Jorge Vázquez
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* En una reunión del Partido Colorado salió a la palestra pública una intervención del señor Molaguero, quien sufriera un secuestro en la década del 70 por parte del OPR 33, organización fundamentalmente de base anarquista, muy ligada a luchadores gremiales de aquel entonces. Es bueno recordar el entorno en que se desarrollaban, estos y otros acontecimientos de singular violencia de aquel período duro y sombrío de la sociedad uruguaya. Se desarrolló hondamente a nivel estudiantil, universitario en menor escala, en el sector clásico de la clase obrera, en las capas medias en general y en el área agraria con las marchas de los cañeros de Artigas, una extraordinaria sensibilidad por modificar las formas clásicas de lucha social y por ende del accionar político, posibilitando esa alternativa dos fenómenos políticos, uno nacional y otro internacional, el interno: la brutal política de congelación de salarios dictada por el gobierno de Pacheco, la resistencia social a dicha política fue duramente, salvajemente reprimida, es cierto por medidas constitucionales, pero la sociedad uruguaya fue herida, ultrajadas las libertades sindicales, la libertad de prensa y también la de opinión, acordémonos que hubo palabras prohibidas de publicar, toda manifestación era reprimida, paralelamente surgen organizaciones paramilitares que golpean, tiran bombas, matan, el niñito Olivio Raúl Píriz que vivía con sus padres en un local político del Partido Comunista o del Fidel (no recuerdo bien) ¿no fue muerto por una bomba que prendió fuego el local? Y ¿qué decir de Líber Arce y los demás mártires estudiantiles? La aparición del MLN, del OPR 33 del Faro, en realidad no fue un capricho de nadie, fue una consecuencia del terrorismo de la cúspide del poder político. Todos los que luchábamos en las fábricas, en las aulas, en las calles nos encontramos luego en los cuarteles y en los penales, ahí nos unía un mameluco, un número y una convicción, éramos luchadores y necesitábamos los unos de los otros. Por ello el intento de entreverar las celdas bolches, tupas y anarcos no les dio resultado, desde los «infiernos» supimos respetarnos en nuestra soledad, cuando salimos a la luz supimos ser hermanos, compañeros, nos reventábamos en el fútbol, la tendencia fundamental era unirnos en la desdicha y en la esperanza de algún día salir y poder vernos hermanados en la familia, en la sociedad. Así salimos sin rencores, sin sed de venganza, entonces en ese escenario que he descrito. ¿Cómo lo vi a Jorge Vázquez?
Cuando llegué al penal en diciembre de 1976 después de un año de deambular por cuarteles y cámaras de tortura, me internan en la isla y luego de 48 horas me llevan a la enfermería, donde vi médicos militares, guardias, un médico preso político y un flaco, alto, de entre 27 y 30 años que ante la indicación del médico me aplica una inyección (una infiltración, ya que tenía el brazo derecho casi inutilizado por el gancho). Luego de estar en la celda me llevaron varias veces a ese mismo lugar y ahí me encontraba con el mismo enfermero. En el transcurso de la vida en el penal empezamos a conocer y conocernos, ese compañero era el «Perro», el «Perro» Vázquez; ahí me fui enterando de cómo funcionaba la enfermería del penal. Había médicos presos que nos atendían, controlados naturalmente por médicos militares y el idóneo era el «Perro» Vázquez. La enfermería era un lugar en el que no se hablaba de ningún tema, ya que estaban los médicos militares y además una guardia generalmente de clases, vinculada a los servicios de contrainteligencia, S2, muy activos y vigilantes. Pese a ese ambiente de severidad, con el «Perro» siempre había de por medio una palabra, un gesto, un estilo de trato cordial, seco, pero provisto de una gran humanidad, era un vínculo fraterno y compañero. Hablo por mí, escribo por mí, pero creo interpretar los sentimientos de cientos y cientos de presos políticos, el «Perro» Vázquez era una especie de leyenda en el penal, de sus manos salieron miles de pinchazos de inyección, kilos de yeso de quebradura de brazos, piernas y narices de nuestros irresponsables partidos de fútbol. Cuántos compañeros en esa particular policlínica fueron reflotados físicamente enviándolos hacia el Hospital Militar, donde la atención, pese a todo, era más completa. En ese cuadro de sobrevivencia, de desfases psíquicos, de reposición de heridas de las torturas, ahí siempre estaba el «Perro» cumpliendo su función de enfermero, con humanismo, con hermandad. Este hombre que hoy es atacado, porque en su juventud, como tantos otros (lo cual respeto mucho) abandonó los libros, abandonó las aulas para jugarse por un proyecto de país, en una organización que tenía métodos de lucha, que en aquel entonces consideraban un accionar válido. Entonces que no venga el Partido Colorado a ubicarse de víctima, cuando ellos fueron cómplices de los victimarios que arrasaron con la democracia e instalaron un régimen terrible. ¿Acaso el señor Juan María Bordaberry no fue electo por el Partido Colorado? Seamos justos, cierto es que hubieron hombres como el doctor Tarigo, Flores Mora y otros que se plegaron a la resistencia contra la dictadura, pero el hecho estaba consumado. ¿Acaso el pachecato no fue el prólogo de la dictadura ¿Y Bordaberry el personaje siniestro, el Brutus de la democracia, (quien esto escribe solidarizándose con el joven estudiante que se jugó por lo que estaba convencido, pero que además vale la pena remarcar, estuvo 12 años recluido y torturado en las cárceles y cuarteles de la dictadura). Quien esto escribe siempre practicó y predicó la lucha de masas y el camino electoral para acumular fuerzas, debo decirlo que nunca me asustaron los tiros, ni me asustan, solo soy partidario de ello cuando los pueblos asumen su destino histórico iluminados por la llama de las revoluciones auténticas. Para eso estamos, para construir mayorías como decía Arismendi. Entonces de un luchador a otro luchador: ladran «Perro», señal que cabalgamos. ¡Como en la lucha, como en el penal, todos a una como fuenteovejuna, señor!.
EDIL DARI MENDIONDO BIDART – [email protected]
Protesta por el jurado del Sodre
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* La emisora CX 38 del Sodre se apresta a efectuar una «purga» importante a nivel periodístico. Hay varios programas que serán levantados en fecha próxima, incluso algunos de periodistas no sólo con muy buena formación profesional, sino de importante labor reconocida hasta el presente por la audiencia.
El hecho ha venido motivando quejas a granel, dado que entre los cesados hay contratados que incluso viven penando para cobrar haberes que la entidad oficial les adeuda, según ellos.
Un jurado elegido (pensamos que por el Poder Ejecutivo) habrá de seleccionar el nuevo elenco periodístico.
Lo integran el flamante director Sergio Saccomani, la cantante Cristina Fernández y un señor Sergio Pereyra, que al parecer se desempeñaba en la Auditoría del Sodre.
Lo de Saccomani no sorprende, dada su vasta trayectoria en el «mettier». Sí lo de Cristina Fernández y Sergio Pereyra, al parecer totalmente ajenos a la tarea periodística. Lo que aparentemente los inhabilita justamente para elegir periodistas.
Muchos se preguntan quién eligió dicho jurado.
Bueno sería que ello se aclarara y pronto. Dicho sea de paso, en un programa de «Los Bueyes Perdidos» de Canal 24 de Nuevo Siglo, conducido por Ge
rardo Bleier, el propio Saccomani reconoció que (él no lo es) sólo hay en Uruguay dos doctores en Ciencias de la Comunicación.
Lamentablemente, además de Saccomani, se eligió a una cantante gallega y a un hombre experto en auditorías.
¡No lo entiende nadie!
IRMA BELOQUI – CI: 3.120.666-9
Uruguay, pionero en el reconocimiento del genocidio armenio
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Se cumplieron recientemente 90 años del genocidio perpetrado por el gobierno turco otomano contra el pueblo armenio y, como siempre, en los cuatro confines del mundo todos los armenios se pusieron de pie para recordar su millón y medio de mártires y reclamar justicia. Acá en California, USA, desde donde les escribo, viven 550 mil armenios y el gobernador Arnold Schwarznegger firmó una resolución reconociendo el 24 de abril como día del genocidio armenio, por lo que de ahora en adelante este hecho se recordará de manera oficial y permanente en el Estado de California. A su vez, otros importantes países de Europa se han sumado a quienes ya han reconocido el genocidio armenio y nuestro Uruguay volvió a estar al frente de las resoluciones que reconocen el drama armenio. Digo «nuestro Uruguay» con razón y derecho pues he vivido allí durante muchos años, llegando a sentirme como un uruguayo más. La resolución del Parlamento que resolvió recomendar a la Cancillería poner en la mesa de Naciones Unidas que el 24 de abril sea declarado día de repudio y condena a todos los genocidios del mundo, es un acto que merece destacarse y que, como un ejemplo más, acá en Los Angeles fue saludado con enorme alegría por la colectividad, hallando eco en la prensa que en primera plana, dio a conocer la noticia con la foto de nuestro Palacio Legislativo, subrayando que Uruguay ha sido el primer país en reconocer el luctuoso hecho. Pero no es solo eso, me emocioné hondamente cuando la impresionante manifestación realizada en Hollywood, reclamándole al presidente Bush el reconocimiento del genocidio perpetrado por el Estado turco, iba encabezada por nuestra bandera uruguaya, que los jóvenes descendientes de armenios enarbolaban como símbolo de un país defensor de los derechos humanos. Mi orgullo incluso aumenta pues ya mis paisanos armenios de acá me llaman «el uruguayo».
Al ver este panorama de movilización popular recordé con emoción cuando siendo aún adolescente llegué a Uruguay desde el Medio Oriente y me encontré con un grupo de jóvenes descendientes de armenios que abrieron una nueva página en la lucha por la causa armenia. Recuerdo aquellas reuniones fervorosas en el Salón Cultural Armenio, donde jóvenes de todas las instituciones de la colectividad, sin distinción alguna, trabajaban y hacían trabajar inyectando entusiasmo. Estoy convencido que la colectividad le debe un homenaje a aquella Mesa Coordinadora y a aquellos jóvenes de los que recuerdo, corriendo el riesgo de olvidar a alguno, como por ejemplo Nubar Marcarian, Coriún Aharonian, Garabed Arakelian, Martín Vartabedian, Pedro Keuroglian, Nishan Chekmeina, Elizabeth Aharonian y los hoy ya fallecidos Haig Sahaguian y Movsés Chakerian. Las reuniones y las luchas de largas jornadas se concretaban con un éxito sin precedente en el mundo. El Parlamento uruguayo reconocía el 20 de abril de 1965 el genocidio armenio causando gran alegría y satisfacción a un pueblo sufrido. «Guetzé» Uruguay (Viva Uruguay) gritaban los armenios en todas partes del mundo. Son inolvidables los recuerdos de la conmemoración de los 50 años del genocidio. La manifestación que cubría todo 18 de Julio, la concentración en Plaza Cagancha, la marcha por 18 de Julio y el multitudinario acto en el Teatro Solís y yo junto con el compañero Melcom Kiredjian repartiendo volantes. Pocos años después la lucha fue por el Tratado de Sevres.
Un documento que firmó Turquía el 10 de agosto de 1920 reconociendo la independencia de Armenia y una nueva movilización con la participación del periodista Azadur Vaneskahian logró que el Parlamento uruguayo votara una minuta de comunicación exhortando al Ministerio de Relaciones Exteriores para que, en la oportunidad que estimara conveniente, exponga y reclame ante las Naciones Unidas el cumplimiento del contenido del Tratado de Sevres. Esta resolución contó también con la aprobación del Senado y detonó como una bomba en el mundo armenio.
Uruguay nuevamente volvió al primer plano en la prensa armenia y en el Líbano los jóvenes armenios realizaron una marcha por el centro de Beirut y vivando a Uruguay se dirigieron al consulado uruguayo para expresar su simpatía y gratitud. Ahora, los armenios de todo el mundo con mucha esperanza desean que la voz del Uruguay se haga escuchar más fuerte aún en el seno de las Naciones Unidas para que se declara el 24 de abril «día de la condena y repudio a todos los genocidios del mundo».
APO BELIAN – (LOS ANGELES, USA)
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