Tiene la palabra

Pozos acumulados

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Desde siempre he apostado a un cambio en nuestro país y nunca acepté el continuismo de quienes, aparentando diferentes, son iguales… Bien, aunque lentamente, éstos se van produciendo y pienso que si todos aportamos alguna idea, puede servir en algo a nuestros gobernantes.

Veo con tristeza que el famoso 5 de Oro acumula pozos (de oro y de revancha) que forma sumas astronómicas, para ayer habían ¡$ 13.800.000!

¿No cree usted que esa acumulación debería tener un tope y luego de ese tope máximo como premio, el saldo acumulado debe ser destinado a obras sociales?

En vez de haber uno o unos pocos ricos con ese premio, ¿que hubieran muchos pobres recibiendo ayuda social, volcando ese excedente a tales fines?

Un abrazo y deseo de corazón que siga adelante con su línea plural y progresista.

Alguien que sabe mirar para los humildes y carenciados.

JOSELO LUNA – [email protected]

 

No nos quejemos tanto

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Yo también, como militante del glorioso Partido Nacional, pregunto: ¿dónde está el piloto? Como lo preguntó el querido y siempre luchador viejo Don Elbio, hombre muy querido en la Casa de los Lamas de Av. Uruguay y Curiales.

El Vasco Amondarain se queja hoy de la pregunta y ya ni siquiera le llama «Guapo» a Larrañaga sino apenas «El Gaucho». (Aunque, entre nosotros, de gaucho a Don Jorge le queda cada vez menos…)

Comparto que hay que ocupar cargos en los Entes por parte del Nacionalismo, lo mismo que votar la integración de la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas. Y que son cargos muy importantes y no «carguetes» como le llama Amondarain.

Traté de conseguir el teléfono del Vasco para llamarlo, pero en el Banco de Seguros, entidad de la cual es «Corredor», me dijeron que figura en la guía pero no a su nombre sino con el de su esposa. (Vaya Don Leopoldo!… ¿de que se esconde que no lo tiene a su nombre? Acaso de su correligionario Gianola?)

Hablando del Banco de Seguros y de algunos nacionalistas corruptos que tuvimos alguna vez en su directorio, ¿será por eso que Amondarain no quiere cargos para los blancos?

¡Vamos Vasco!

Los blancos también tenemos a gente muy decente y digna, capaz de dignificar al Partido aún estando en minoría. En cuanto a Larrañaga, es evidente que pese a presidir el Directorio, ya «ni corta ni pincha» en el Partido Nacional. Le guste o no le guste a Amondarain, es una verdad grande como una casa de altos. Saluda muy atentamente,

ROBERTO AROCENA CARDOZO – C.I: 1.345.678-2

 

Sobrevivir

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Los seres humanos somos propensos al acostumbramiento. Aceptamos todo. Sea mediocre o muy bueno. Pocas veces aceptamos los desafíos, con fuerza e hidalguía. Y… «quien no la pelea, no solamente no avanza, sino que retrocede». Tan distraídos estamos, las más de las veces, que no nos damos cuenta que las situaciones cotidianas, todas, nos van viviendo nuestra propia vida.

N.N. escribió las siguientes líneas que pueden ayudar a muchos a revertir cuando aún queda tiempo, el modo de vida, que cada uno transita la suya. Dice: Nos acostumbramos a vivir en departamentos y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor. Y porque no tiene vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera. Y porque no miramos para afuera, luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas. Y porque no abrimos del todo las cortinas, luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz. Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud.

Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde. A tomar café corriendo porque estamos atrasados. A leer el diario en el ómnibus porque no podemos perder tiempo. A comer un sandwich porque no da tiempo para almorzar. A salir del trabajo porque ya es la noche. A dormir en el ómnibus porque estamos cansados. A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día. Nos acostumbramos a esperar el día entero u oír en el teléfono: «Hoy no puedo ir». «A ver cuándo nos vemos». «la semana que viene nos juntamos». A sonreír a las personas sin recibir una sonrisa de vuelta. A ser ignorados cuando precisábamos tanto ser vistos. Si el cine está lleno nos sentamos en la primera fila y torcemos un poco el cuello. Si el trabajo está complicado, nos consolamos pensando en el fin de semana. Y si el fin de semana no hay mucho que hacer, o andamos cortos de plata, nos vamos a dormir temprano y listo, porque siempre tenemos sueño atrasado.

Nos acostumbramos a ahorrar vida.Que, de a poco, igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir.

Alguien dijo: «La muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja».

Con un poco esfuerzo, y con la alegría de saber, que el permiso, para transitar por estos lugares, nos fue obsequiado por única vez, nos ayude a ver las cosas con optimismo. Dando, a cada cosa el rumbo adecuado. Sé el artífice de tu felicidad. El optimismo y la fe te ayudarán a volar muy alto. La belleza te rodea. Déjala entrar en tu corazón.

¡Viva la vida! Siempre

Cordiales saludos,

CARMI RAUCH – C.I: 866.784-6

 

¡Si será importante el foro de lectores de Tiene la Palabra!

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Muchas repercusiones, por la carta de un lector que firma «Don Elbio», y que se identifica con el Movimiento Nacional de Rocha, ha tenido entre los seguidores del Dr. Jorge Larrañaga, líder perdidoso en las recientes elecciones nacionales, como candidato del Partido Nacional.

Decía Don Elbio (¡y vaya si es muy cierto!) que muchos blancos no quieren quedar fuera de la constitución de los directorios de organismos del Estado, pues cinco años de ostracismo total para algunos, constituyen un verdadero drama. Se quejaba de la afirmación hace algunos días el Vasco Amondarain y en la edición de hoy lo hace quien firma Federico (por su documento un hombre joven), como si aceptar cargos en directorios de entes fuera «mala palabra»!.

Ni el Vasco ni Federico, por lo visto saben que cuando se barajó la posibilidad de integrar dichos organismos, mencionándose nombres de candidatos en el sector Alianza Nacional, más de uno de los nominados, se dio una vuelta por algún ente, pidiendo información sobre carta orgánica, organigramas de actividades, pautas de funcionamiento, etc.

Hubo uno, incluso, al que le avisaron en un banco del Estado: «Estate preparado porque dicen los funcionarios que si vos venís para aquí, ellos salen todos a la calle y se niegan a trabajar».

Peor aún; otro se equivocó de piso y se perdió por un rato en una altísima torre del barrio Arroyo Seco.

Por favor Amondarain y Federico, no me obliguen a mencionar a esos dos correligionarios de ustedes, que instalado el gobierno del EP-FA-NM, sabedores de que «El Guapo» había pensado en ellos, rapidito se pusieron en campaña para ocupar sus respectivos sillones por cinco años en entes autónomos!

Saludos muy cordiales

ALVARO PORTILLO – C.I: 1.345.678-4

 

Líber Seregni

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Aquella tarde del sábado 31 de julio de 2004 salí de
mi casa hacia el Comité de Base Dr. Juan José Crottogini, en donde a fines de marzo de ese año había reiniciado mi actividad militante. Allí donde también, a mediados del mes de mayo y en acuerdo con los compañeros de ese comité, comencé a desarrollar una consulta médica honoraria.

Camino entonces esa tarde para trasladarme en ómnibus hacia el mencionado Comité de Base, un vecino me detuvo para decirme: «¿Vio, doctor? ¡Falleció el general Seregni!».

La sorpresa no obstante lo esperado del desenlace, invadió mis pensamientos. No recuerdo muy bien lo que le respondí a ese hombre, pero sí sé que una sensación de ahogo me apretó la garganta. Mezclábase con ésta casi al mismo tiempo, la incertidumbre de si cumpliría con la consulta o si habría de suspenderla.

El recorrido que me faltaba completar hasta llegar a la parada del ómnibus me pareció mucho más extenso de lo habitual. Recuerdo entonces que me dije a mí mismo: «El mejor homenaje que puedo hacerle a Seregni en este momento es prestar la atención médica de la misma manera que lo hago siempre».

Así fue que lo hice… Después de terminada la consulta se desarrolló el Plenario, en el cual por cierto la pérdida física del general y los actos del día siguiente fueron los temas dominantes. Más tarde, como siempre sucede el último sábado de cada mes, prolongamos el encuentro con el festejo de los cumpleaños correspondientes al mes de julio. Compartimos como es de costumbre lo que cada uno de nosotros había llevado.

Inexplicablemente se apoderó de mí una actitud proclive a bromear y reírme mucho mayor de lo que era habitual, cosa que creo fue acompañada por otros compañeros.

Pasaron así unas dos horas, hasta que llegó el final de la fiesta colectiva. Ese domingo 1º de agosto había que madrugar para concurrir a la Sede Central del Frente Amplio, para despedir al guía que nos había dejado.

Precisamente el domingo, por cierto que no lo temprano que debía, me desperté y me dispuse a ir al encuentro. Ya en ese momento volví a sentir el «casi llanto» que seguía contenido.

Los compañeros del Comité de Base sabían que por vivir relativamente lejos de nuestro local partidario, iría yo directamente a encontrarme con ellos en la Sede Central de nuestra coalición.

Así fue entonces, y cuando ya empezaba a impacientarme por mi retraso, acertó a pasar un ómnibus de recorrido 230.

Estaba casi vacío. Pagué el boleto y fui a sentarme en uno de los asientos posteriores. Aún desde allí podía escucharse la radio que el conductor llevaba encendida y en donde los sucesos de notoriedad eran tema excluyente.

Allí entonces, escondido entre asientos vacíos y resonando en mis oídos las voces de la emisión radial, pude por fin, apretando la cara entre mis manos, liberar ese llanto que se me había quedado como trancado desde la tarde anterior… Fue un verdadero alivio.

Pude entonces también comprender que el ambiente de bromas y risas de la noche anterior había sido, en mi caso al menos, una especie de escudo al que recurrí en esas primeras horas para defenderme de la angustia.

La angustia que despertó en mi aquel vecino, cuando en la tarde del sábado me detuvo para decirme: «¿Vio, doctor…?

¡Falleció el general Seregni!

JUAN ENRIQUE GARCIA – C.I: 1.172.883-5

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje