Con la muerte en el bolsillo
Desde el origen de las civilizaciones, el ser humano ha buscado obsesivamente paraísos artificiales, con el propósito de evadir a sus fantasmas y sus frecuentemente asfixiantes angustias existenciales.
Toda vez que la realidad se transformó en pesadilla, la fe inducida fue empleada como bálsamo contra el sufrimiento, en una suerte de ejercicio elusivo y casi morboso de evasión.
En ese contexto, los mejores réditos los obtuvieron los presuntos «salvadores» de almas y vendedores de indulgencias, que cosecharon durante miles de años- multitudinarias adhesiones a sus iglesias.
La religión ha sido, en efecto, una de las grandes arquitectas de los procesos históricos, ejerciendo el poder otorgado por los hombres en forma a menudo autoritaria, para aplastar toda expresión de disenso a sus prédicas.
Sin embargo, los presuntos paraísos artificiales también han tenido su auge en el terreno de la política, con promesas incumplidas proclamadas por los falsarios de siempre y los presuntos milagros económicos que sólo existen en la imaginación de los tecnócratas.
Otro tanto sucede contemporáneamente con la denominada literatura de autoayuda, que, mediante un casi siempre apócrifo discurso de trazo espiritualista, suele anestesiar conciencias hasta extremas realmente exacerbante y hasta ocupar los primeros lugares en el ranking de ventas.
No obstante, uno de los peores flagelos que azotan a la humanidad de la posmodernidad sigue siendo la droga, que es, sin dudas, una de las industrias más lucrativas.
Los destinatarios más comunes de las terribles adicciones que frecuentemente devienen en la muerte, son los jóvenes, aún más expuestos que los adultos, por su particular vulnerabilidad ante las asfixiantes presiones cotidianas y su natural predisposición al desencanto.
En «Con la muerte en el bolsillo», la periodista mexicana María Idalia Gómez y su colega argentino Darío Fritz radicado en el país azteca- construyen un claustrofóbico universo de ficción, que retrata despiadadamente el sórdido mundo del narcotráfico.
Inspirándose evidentemente en personajes reales que impregnan de una sutil pátina literaria, ambos narradores se internan en un despiadado submundo de corrupción y violencia.
El libro contiene seis relatos independientes y desaforados, que narran la actividad de poderosas familias que controlan el narcotráfico y, de ese modo, la vida de sus eventuales víctimas.
La deliberada fachada novelesca no reduce en nada el impacto provocado por las situaciones retratadas, que nos invitan a compartir un universo que es paradójicamente- real y surrealista.
La peripecia literaria contiene los habituales ingredientes del género policial, con abundantes dosis de tensión, suspenso y hasta situaciones a menudo enigmáticas.
María Idalia Gómez y Darío Fritz no temen emplear un lenguaje impregnado de crudeza, para describir las batallas por la hegemonía de los mercados protagonizadas por los zares de la droga.
Esta es una novela de denuncia, que revela los entretelones de una de las actividades económicamente más rentable pero moralmente más deleznable. *
(Editorial Seix Barral)
Compartí tu opinión con toda la comunidad