Adiós América

El género dramático ha sido uno de los predilectos de los escritores, dado el poder y la fuerza que puede transmitirse a través de heroicos y abnegados personajes sometidos a situaciones límite.

El dramatismo otorga muchas veces al escritor, la ventaja de manejar episodios grandiosos, acontecimientos que atrapan por estar situados por encima de la cotidianidad.

La historia de la literatura ha dado grandes dramaturgos, que se empeñaron en dotar a sus personajes de abundantes complejidades psicológicas y de permitirse, a través de ellos, navegar en los más sombríos e incomprensibles laberintos del alma humana.

Sin embargo, no menos cierto es que, a través de la dramaturgia, se fueron generando -con el tiempo- variados géneros y subgéneros que explotaron la potencia de las situaciones dramáticas, cayendo en el facilismo, la banalidad y la frivolidad.

De esta forma, surge la novela rosa, no como expresión analítica de los conflictos sentimentales ni como regocijo poético o erótico, sino como un maniqueo y exagerado mecanismo lacrimógeno.

Estas novelas, que venden millones de ejemplares y frecuentemente relegan a la literatura de calidad a un segundo plano, apuestan al golpe bajo, al dramatismo exacerbado y absurdo, a la visión desformada de un mundo habitado por hombres peligrosos pero deseables y por mujeres tan indómitas cuanto sentimentalmente infantiles.

Los personajes de «Adiós América», el nuevo libro de la escritora argentina Cristina Civale, más allá de que la autora posee una prosa cuidada y correcta, nos recuerdan lastimosamente a las arquetípicas y sufridas heroínas que supieron poblar los subgéneros narrativos.

Cristina Civale, exitosa periodista, guionista de cine y de telenovelas, escritora y ensayista, gusta de retratar sufridos pero entrañables personajes femeninos, destinados a cautivar más que nada a las mujeres, al igual que los personajes nobles pero conflictivos de la escritora Marcela Serrano.

La narradora retrata un mundo hostil hacia la mujer, en el cual, con mucho esfuerzo y tesón, se ven igualmente féminas que logran descollar en actividades tradicionalmente dominadas por hombres, llegando a ser, como no podía ser de otra manera, mejores que ellos.

De este modo, la autora nos presenta a dos mujeres -una torera y la otra corredora de motocross- que, a pesar de su descollante éxito a nivel profesional, son frágiles y vulnerables en cuestiones amorosas, pese a mostrar al mundo una imagen segura y dominante.

Intentando lograr una empatía con sus lectoras, Civale dota de una gran fuerza de voluntad a sus personajes, haciéndolas presa de emociones crudas, protagonistas de amores salvajes y de angustiosas rupturas.

Los personajes masculinos, como puede resultar obvio, si bien suelen ser atractivos, exitosos, inteligentes y sagaces, nunca son del todo confiables, en un universo en el cual los hombres buscan -más que nada- someter sexual, económica y emocionalmente a sus eventuales compañeras.

Aunque un lector avezado y que haya elaborado un sólido sentido crítico pueda asombrarse, ambos arquetipos -la mujer frágil pero aparentemente avasallante y el hombre que con su machismo la repugna pero al mismo tiempo la fascina- siguen rindiendo jugosos réditos económicos.

Herederos de las criaturas literarias de Corín Tellado, de Margaret Mitchell y de tantas otras autoras, los personajes de Cristina Civale se mueven en un mundo folletinesco, buscando herirse, dominarse y, en el fondo, amarse según su particular punto de vista.

A pesar de no abundar en clichés como otros autores, la escritora no teme caer en facilismos varios, ni utilizar manidas pero grandilocuentes metáforas que expresen el ardor de los sentimientos de sus protagonistas.

Con un estilo narrativo prolijo, un puñado de hombres nada confiables y mujeres dolientes pero inquebrantables, que logran lidiar con sus traumas y sus limitaciones para conseguir triunfar en una sociedad machista, «Adiós América» es un subyugante mecanismo dramático, ideal para quienes añoran las viejas novelas «rosa» de bolsillo, pero quieren sentir de que están ante una lectura más refinada y patinada de intelectualidad. *

(Ediciones de Emecé)

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