Una elegante comedia de István Szabo
La curiosidad aumentaba, además, por la jerarquía del húngaro István Szabno, un cineasta que ha dado grandes títulos a la pantalla (Mefisto, Hanussen, Coronel Redl) y goza de un respeto unánime por parte de la crítica internacional.
Frente al posible entusiasmo inicial, entonces, resultaría bueno alertar sobre el tono menor de esta comedia desde un primer momento. No estamos aquí en presencia del actor arribista que recicla el mito fáustico en plena Alemania Nazi o de otros contenidos de alto vuelo como en Confianza (con su correspondiente mirada sobre los límites sociales frente a la libertad individual) y/o el mensaje de Coronel Redl (donde se reflexionaba sobre el poder). En realidad, esta modesta comedia sobre las tribulaciones de una diva (Annette Benning) en un momento crítico de su existencia personal y profesional (agotada por la rutina escénica, preocupada por el paso del tiempo y sin mayores horizontes en su vida de casada) es, más o menos, una entretenimiento divertido y sofisticado que apenas alcanza la estatura punzante que supo tener el novelista Somerset Maugham en su producción literaria.
Sin lugar a dudas, el microuniverso teatral supone un eje de fascinación para Szabó, quien ya ha tentado suerte con el propio Mefisto, además de la irregular Encuentro con Venus. En este caso vuelve a las tablas pero de manera más superficial y frívola para ofrecernos una mirada entre bambalinas de esos seres que necesitan un guión preelaborado para socializar con sus congéneres (una suerte de pasatiempo trivial sobre amores clandestinos y celos histriónicos, entre algún que otro chusmerío).
Eso sí, el plato está servido con elegancia, amplio despliegue de vestuario, excelente recreación epocal (el filme está ubicado en Londres en la década del treinta) y las galas propias de un elenco de pesos pesados (la propia Benning, Jeremy Irons, Miriam Margolyes), que se hacen un festín con la propuesta además de sacarse chispas entre diálogo y diálogo.
Por ahí aparece un tibio intento de analogía entre el mundo de las tablas y la compleja realidad que le toca vivir a cada ser humano (en el rol de su propia y única vida), pero no alcanza mayor profundidad.
De todas maneras, el divertimento es legítimo y, de cuando en cuando, alguna brillantez del libreto logra esbozar la pretendida sonrisa en el espectador, más allá de que dicha platea, quizás, esperaba otra historia dentro de la historia. *
Conociendo a Julia (Being Julia) Gran Bretaña, 2004. Dirigida por István Szabo. Producción: Robert Lantos. Guión: Ronald Harwood (basado en la novela «Theatre» de W. Somerset Maugham). Fotografía: Lajos Koltal. Edición: Susan Shipton. Diseño de producción: Luciana Arrighi. Vestuario: John Bloomfield. Música: Mychael Danna. Con Annete Benning, Jeremy Irons, Bruce Greenwood, Shaun Evans, Juliet Stevenson, Miriam Margolyes, Rosemary Harris y Michael Gambon.
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