CON EL CINEASTA ARGENTINO PABLO RATTO

La incesante búsqueda de la identidad

Pablo Ratto tiene treinta y cinco años. Nació en Buenos Aires y entendió desde que era un niño que su misión en este mundo era la de contar historias. Vivió y curtió la dictadura militar argentina siendo tan solo un niño, para que hoy, ese fantasma que lo sigue hace tantos años, se descubra en su último filme titulado El último confín. La provincia de Córdoba (en especial su ciudad capital) ha logrado en los últimos tiempos una preponderante y agitada actividad política. Tan así, que la represión desatada por la última dictadura militar, barrió un sinfín de heridas abiertas, que hoy buscan sanar. El desastre fue tal, que el número de desaparecidos fue sin precedentes siendo Córdoba después de Capital Federal y Gran Buenos Aires el distrito con las cifras más altas. El tiempo no pasa para quienes viven en el recuerdo y mueren en el día a día, sin noticias de su pasado. El Equipo de Antropología Forense luego de veinticinco pesados años, realizó la primera investigación del caso, luego de encontrar en El último confín del cementerio de San Vicente (el más pobre de la ciudad) una fosa, para comenzar así, la exhumación de esta tumba. ¿Cómo cambia la vida de quien busca a un ser querido que desapareció hace treinta años y finalmente encuentra sus restos? ¿Cómo se alimenta la esperanza de quien sigue en una larga espera? Pasen y constaten algunas de estas preguntas que sin pelos en la lengua, describen parte de una identidad en común y de un pasado jodido.

 

-Para empezar de cero, ¿tiene algún punto de comparación esta experiencia fílmica con las que has realizado anteriormente?

-No. Mi experiencia en cine comenzó en 1997. A diferencia de otros largometrajes en este fui el director.

 

-¿Cómo fue el hecho de compartir un documental entre el equipo de rodaje del filme y el Equipo Argentino de Antropología Forense?

-La historia fue así: el Equipo de Antropología está realizando una serie de excavaciones en distintos lugares tal como lo están haciendo en Montevideo en el Batallón 13. Cuando comenzaron en Córdoba se dieron cuenta ya desde un comienzo que iban a encontrarse entre las manos con algo muy grande por el tipo de fosa que estaban tratando. En esa instancia comenzaron a buscar a alguien que fuera de confianza para encargarle el registro en video de ese trabajo, simplemente por fines periciales. Entonces por un contacto llegan a mí y ahí viajo a Córdoba de inmediato. Cuando llego y me encuentro con todo lo que había por delante me di cuenta de que no daba para hablar solamente de un registro, sino que había toda una película para contar. En sí, la película la comencé a cranear cuando conocí a los familares.

 

-O sea que la esencia del documental comenzó a partir del trato humano con los protagonistas.

Exactamente. Sino prefectamente se podría haber planificado en otros casos un intenso trabajo periodístico o hacer cine con el fin de entretener sencillamente. La película es mucho más que eso. Ahonda en la emoción de los involucrados.

 

-Hubo familiares que encontraron restos desaparecidos y otros que no. ¿Surgieron en ese difícil momento una especie de sentimientos encontrados?

-El gran tema es que todos los que no encontraron, todavía esperan encontrar. Para ellos no les dijeron «no», es «por ahora no». Es algo muy complicado de explicar, si no se vive. Mi idea era estar cerca de ellos para poder transmitir esa emoción de la espera y la esperanza que se proyecta hacia un futuro. Y en realidad, lo sorprendente es que la alegría de los hallazgos era general, todos compartían una causa en común. El hecho de que se vayan dando las cosas, les da esperanza de que algún día puedan ser ellos. Es reencontrarse con la memoria, que va mucho más allá del hecho de econtrarse con los restos de sus familiares.

 

-Recientemente en Argentina se derogó la «Ley de obediencia debida» por lo que se puede comenzar a procesar ex militares que participaron en la dictadura. Y Martín Balza, hoy embajador de Colombia, fue el primer militar en reconocer su participación en Operación Cóndor. ¿Existe en la actualidad una especie de apertura para comenzar a hablar de lo que no se puede? ¿Esto forma parte de un cambio estructural a nivel de los nuevos gobiernos?

Sí claro. Forma parte un importante cambio. Hasta ahora nosotros hemos recibido apoyo. Lo positivo también de todo esto es que la gente también se está movilizando más. Se rescata que el Estado ahora está participando. De hecho sí, se está hablando más. El tema es no quedarnos en el pasado, porque lo que ocurrió hace treinta años, ocurre hoy pero con otro nombre y en otras condiciones. Me da mucha alegría que el Estado acá y en Uruguay vuelva a retomar el tema.

 

-¿Te sirvió de apoyo algunas de las producciones testimoniales de Fernando «Pino» Solanas?

No. Me gusta muchísimo «Pino» Solanas y lo respeto mucho, pero traté de buscar un camino absolutamente personal. Para mí había algo pendiente que era justamente hablar sobre los desaparecidos. Yo en plena dictadura era un niño, pero las imágenes que tengo no se van a borrar jamás de mi cabeza. En cierta forma traté de saldar una cuenta personal. Intento que mediante esta película el espectador no sea partícipe de la problemática ya contada sobre los desaparecidos, sino que viva con los familiares que aguardan hace muchos años por noticias, momentos impagables de reencuentro con los restos físicos de quienes amaban.

 

-Tenés una doble experiencia. Por un lado aquel niño que vivió la dictadura militar. Hoy el cineasta que estuvo en un momento clave donde comienzan a encajar las piezas de esta historia. ¿Cumpliste tu meta?

Sí. Tengo la enorme satisfacción de sentir que cumplí con lo que sentía. Cuando la estrenamos en Córdoba teníamos una terrible tensión por lo que iba a pasar. Me acuerdo que cuando terminó, prendieron las luces y la gente quedó en blanco mirando la pantalla. Yo estaba parado en el fondo. De pronto veo que un señor mayor se levanta, me busca, viene hacia mí, me abraza y me dice: «Gracias. Porque contaste lo que nos está pasando». Y se largó a llorar. Fue ahí que me dije: se logró mi objetivo. *

 

Ficha Técnica

Título: El último confín/ The Furthest Boundary

Dirección: Pablo Ratto

Guión: Pablo Ratto, Analía Castro Valsecchi

Edición: Malu Herdt

Asistente de Dirección: Martín Lambretchs

Música Original: Sebastián Escofet

Cámara: Nicolás Tuozzo, Martín Lambretchs, Alan Ostaszinsky, Pablo Ratto, Leo Ricciardi.

Sonido: Ruben Piputto

Arte: Juanito Jaureguiberry

Realización de entrevistas: Leo Ricciardi, Analía Castro Valsecchi

Género: Documental

Duración: 57 minutos

Preesteno: viernes 29 de julio, 19.00 horas. Centro Cultural Dodecá (San Nicolás 1306). *

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