LIBROS

Adioses y bienvenidas

En «Adioses y bienvenidas», el escritor, narrador, poeta y ensayista Mario Benedetti construye un espacio de reflexión compartida con sus lectores, que se introduce osadamente bajo la dura epidermis de la realidad.

En este vasto poemario integrado por más de ochenta textos, el longevo autor compatriota reflexiona nuevamente sobre los temas vertebrales de la condición humana, que aborda con su habitual sensibilidad y espíritu osado y desmitificador.

Benedetti exhibe la impronta que le ha caracterizado en el transcurso de su prolongado periplo creativo, que   más allá de la mera peripecia literaria- es una prédica de fuerte compromiso ético.

Con casi ochenta y cinco años de edad, el emblemático autor   que padeció persecución y exilio compulsivo durante la dictadura- observa hoy la consagración de muchos de sus desvelos, con la asunción del primer gobierno progresista de la historia del país.

El título de este libro no es obviamente fruto de la casualidad, porque simboliza el adiós a un tiempo histórico y la bienvenida a una experiencia nueva, que Benedetti vive naturalmente con inusitada pasión y su habitual entusiasmo.

Este es un manifiesto poético, en el que la palabra recobra, en la creación literaria del escritor, todo su poder combativo y transformador.

En los primeros versos de este nuevo trabajo, Benedetti reflexiona nuevamente sobre el miedo y la incertidumbre con relación a la vejez y, obviamente, la muerte.

El poeta se interna alegóricamente en los territorios de la noche, que simbolizan la vida que se escapa raudamente. En ese contexto, también está presente el pasado, que atesora vivencias, experiencias y el corazón de la memoria.

El poeta captura bajo su pluma las nostalgias de paisajes recorridos y recurrentes, las ausencias, los «orgullos sin culpa» y las «plegarias sin cólera».

Reflexiona en torno a la infancia no como un islote sino como un archipiélago, elucubrando en torno a la fugacidad temporal de ese estadio existencial.

Benedetti redescubre la vida y sus fronteras siempre infranqueables y la insoslayable experiencia del hastío, como una sensación de permanente desasosiego y una aventura insomne.

El autor trabaja con el concepto de la finitud humana y el hombre como «abreviatura», como instante y fragmento mínimo del cosmos, como «alegría sin cimientos» y «tristeza sin motivos».

En su poética de la inexorable, lo infinito es una quimera, una síntesis de lo finito que atesora el imaginario humano, que cabe en una maleta, porque la vida es un viaje con destino previsible.

El escritor fustiga a los profetas y a sus profecías, que a menudo se dan de bruces contra la realidad y son virtualmente barridas por las tempestades de la historia.

Abriendo ventanas a la utopía, Mario Benedetti orienta nuevamente su pluma rumbo a los territorios del desencanto, cuando afirma que la vida es un puente entre la nada y la nada.

Como en numerosos poemas de este libro, el octogenario escritor reafirma su conocido ateísmo y su postura escéptica en torno al destino último del hombre, sin reservar márgenes para la especulación.

En este caso, el concepto de la nada opera como una suerte de sentencia contundente, que desestima toda ulterior alternativa de existencia que trascienda a la muerte.

Uno de los poemas de trazo más condenatorio y desencantado

es Adioses», en el que el escritor anticipa despedidas a las sensaciones y experiencias de la vida, pero también a los dolores y a otras lacras de la historia, como la guerra, el hambre y la codicia.

Como en obras precedentes, el tiempo asume un rol siempre protagónico, que el poeta simboliza en el almanaque y su fluir siempre vertiginoso e incontenible. En ese contexto, transforma al futuro en presente, sugiriendo con ello la fugacidad de todos los fenómenos humanos.

Benedetti ratifica su conocida visión crítica sobre la historia y sus eternas contradicciones, sus partos libertarios y sus suicidios liberticidas, sus guerras escandalosas y sus paces cansadas de tanto esperar que cese la barbarie.

En ese contexto, sin desestimar la pasión, el autor invoca a la razón, procurando restaurar la esperanza, en un mundo cada vez más vacío, absurdo y gobernado por pulsiones demenciales promovidas por alienados con poder.

El poeta homenajea a la poesía que es su amante, una suerte de caos torrencial de emociones irrefrenables, que trascienden al mero envase literario, para transformarse en una poderosa herramienta expresiva con identidad propia. «La poesía es rescate o es abismo, un estallido o también un silencio».

La muerte irrumpe nuevamente en el paisaje poético benedettiano como una presencia recurrente, ligada al descaecimiento y la aletargante extinción del todo, hasta el desenlace final y definitivo.

El autor extrapola las calles en tanto territorios urbanos con las calles de la propia vida, pobladas de nostalgias recurrentes, de memoria, de recuerdos y angustias desgastadas por la indiferencia colectiva.

En el poema «¿Dónde?», las inflexiones emocionales del escritor adquieren un tinte aún más dramático, porque simbolizan la búsqueda de lo perdido y de lo irrecuperable.

«Guerras» y «Fuego» son dos fuertes alegatos contra la intolerancia y la irracionalidad, un ejercicio de fustigación a la locura belicista contemporánea instalada en los turbulentos territorios de este aún muy joven siglo XXI.

En ambos textos, el autor construye un discurso despiadado, que cuestiona ácidamente a los fanatismos de antes y de ahora y a las religiones que bendicen las armas, justificando el dolor y la barbarie.

Mario Benedetti ratifica su conocida visión sobre el verdadero infierno, que a su juicio no es una mera alegoría mítica, filosófica o religiosa, sino la dramática confirmación de las pesadillas del hoy y el ahora.

El inflamado verso del poeta reflexiona sobre los antagonismos y las contradicciones, asumiendo que son parte de un orden natural inmutable.

El escritor tampoco abandona su discurso crítico de sesgo despiadado, para cuestionar las conductas humanas y condenar el origen del dolor, la desdicha y la tristeza.

En «De vuelta», Benedetti propone reaprender la vida desde la perspectiva de una infancia rediviva, aunque obviamente advierte en torno al inevitable desencanto que deviene con la maduración y la asimilación de una realidad a menudo perversa.

El autor retorna a los cotidianos territorios de la pobreza, para condenar el padecimiento de los más pequeños. «En la universidad de la miseria, los niños no le temen a la muerte, porque creen que ella nunca será peor que la vida», afirma elocuentemente.

Benedetti le escribe al más temido de los exilios sin desexilio, que es el exilio de la muerte, el exilio definitivo despojado de sabores y amores, de imágenes y sensaciones.

En este libro, el emblemático escritor uruguayo reflexiona intensamente acerca de los temas más recurrentes de su discurso poético, como la muerte, el tiempo, la nostalgia, la memoria, la incertidumbre, la guerra y el dolor de la pobreza.

Su pluma dialoga con otras figuras míticas de la literatura latinoamericana, como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y Octavio Paz, en una suerte de regocijante coloquio entre

leyendas de la cultura universal.

El poeta interpela a la realidad, fustigando ácidamente a la injusticia, a las religiones que bendicen las armas y al dios de los ricos que ignora a los pobres.

Benedetti cuestiona y desmitifica, demoliendo verdades absolutas y dogmas inconmovibles, en el curso de un intenso discurrir poético que captura su compromiso con la vida, con la historia y con una realidad que requiere ser modificada.

Aunque su producción poética dista cualitativamente
de los momentos de mayor esplendor y muchos de los temas abordados se han tornado quizás demasiado recurrentes, resulta insoslayable reconocer la justificada vigencia de Mario Benedetti.

Estos «Adioses y bienvenidas» corroboran la perdurabilidad de un creador de identidad propia, que ha sabido cosechar el favor de una auténtica multitud de lectores, tanto en nuestro Uruguay como fuera de fronteras.

Más allá de lo meramente literario, resulta casi unánime que Benedetti es un personaje imbuido por una ética intransferible, que lo transforma en predicador de valores intrínsecos a nuestra identidad, como la justicia social, la solidaridad y la indispensable sensibilidad ante el dolor de sus semejantes.

 

(Editorial Seix Barral)

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