Fábula del perseguido y el perseguidor
Dos hombres, a quien el autor no asigna más identidad que X e Y, se conocen accidentalmente, se investigan mediante sutiles indirectas, se lanzan crudos reproches, se atacan por gusto, se justifican sin calor; en otras palabras, la dialéctica del perseguido perseguidor perseguido, con la danza de identidades y la inquietud, no resuelta, de por qué se quieren tanto. X e Y pueden ser intercambiables; pero permanece el acerado estilo de Strindberg.
Podemos aplaudir la elección de la obra: siempre es mejor ver una pieza de Strindberg, en las condiciones que fueren, que una mala obra local. Para hablar de lo demás hay que admitir que las condiciones físicas de la sala de la Asociación Cristiana de Jóvenes plantea dificultades peculiares. Así, los actores Sergio Chaparro y Marcelo Viera no son iluminados por cambiantes luces, pese a que Stindberg indica diversos grados de iluminación, sino que deben acercarse a un haz de luces fijas y pálidas. Sin duda por análoga escasez de medios no hay más escenografía que un par de sillas, aunque el autor indica muebles y otros objetos. Es verdad que el teatro no es sólo escenografía y trastos; pero algún sentido tienen y no es lo mismo una casa en una granja que una pared oscura.
Finalmente, la directora Pilar de León indicó que los parlamentos se digan casi siempre de frente al público, lo que desdibuja la oposición frontal de los caracteres; inversamente, dijo la misma oposición con movimientos simétricos y fríos de los dos actores en silencio, un detalle formal que no agregó información ni énfasis al tema, que debió revelarse en el intenso diálogo. *
PARIA, de Augusto Strindberg, con Sergio Chaparro y Marcelo Viera. Música de Rafael Alvez, selección sonora de Luciana Vieytes, iluminación de Alberto Laxague, dirección general de Pilar de León.
Compartí tu opinión con toda la comunidad