"LAS HORAS DEL DIA", DE JAIME ROSALES, SE ESTRENA HOY EN CINEMATECA 18

Drama costumbrista y de claro realismo

* Se estrena hoy en Cinemateca 18 el filme español "Las horas del día" de Jaime Rosales, una película que cuenta la historia de un asesino en serie, pero dista ciertamente del típico thriller sobre psicópatas criminales.

Martes 19 de julio de 2005 | 3:14
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 Un hombre
reservado, contenido e inexpresivo, de apariencia afable y tranquila, pero con una
hostilidad soterrada y una crueldad que lo transforma en asesino.

No se trata de la exposición violenta y sanguinaria de las muertes, la eventual intervención de la policía o una biografía que busque en los orígenes de su conducta. Por el contrario, el filme se propone como un retrato realista de la dinámica cotidiana de su personaje central, un joven normal y corriente, bien integrado en la sociedad, que ocasionalmente mata a desconocidos sin motivo aparente. En este seguimiento de su día a día, que transcurre en la población del Prat de Llobregat, se ve al protagonista compartiendo desayunos y comidas con su madre, con la que todavía vive, entre triviales conversaciones sobre la evolución del barrio; regentando el poco próspero negocio familiar, una rancia tienda de ropa unisex donde también trabaja Trini, la sufrida dependienta; encontrándose con su emprendedora novia, Tere, en un bar, en casa de sus padres o visitando algunos apartamentos en alquiler, con la idea de irse a vivir juntos; o bien coincidiendo con su mejor amigo, Marcos, y la novia de éste, en distintas circunstancias.

La aproximación, llana y exenta de artificios narrativos o formales, a esta figura, está más cerca del drama costumbrista, por su marcado realismo, que del suspenso. Deliberadamente busca un tono neutro, frío, retirado, que evita en todo momento subrayar las emociones (incluso prescinde del uso de la música) o juzgar a los protagonistas. Tampoco intenta dar posibles respuestas al comportamiento del protagonista, que seguirá siendo una incógnita luego del final. Rosales simplemente describe, sin implicaciones de ningún orden, la rutina diaria de Abel. Es el espectador quien debe rellenar los huecos de la historia, o plantearse algún tipo de reflexión.

Pese a ello, Abel es un personaje bien definido por los diálogos y las situaciones embarazosas que él mismo crea, y que son un buen reflejo de la relación tirante que establece con todos aquellos que le rodean, quienes desconocen su cara oculta. Se trata de un hombre reservado, contenido e inexpresivo, de apariencia afable y tranquila, pero con una hostilidad soterrada que no encuentra razón de ser. Su crueldad no sólo tiene por objetivo a las víctimas fortuitas que asesina a sangre fría, sino también a sus allegados, a los que se podría decir que tortura psicológicamente, de una forma tan indolente como oportuna y efectiva. Abel deja caer sus venenosos comentarios como quien no quiere la cosa, con toda la naturalidad e indiferencia del mundo, convirtiéndose así en una persona retorcida e impasible cuya perversa actitud disgusta e incomoda. La pauta que Abel exhibe en sus intercambios sociales con la gente que tiene más cerca está excelentemente apuntalada sobre el guión, y traslada con coherencia y minuciosidad su manera de ser y de actuar, sin que se deje pasar por alto cualquier posible oportunidad de sacar a relucir nuevos ejemplos de su conducta.

El director Jaime Rosales nació en Cataluña, estudió cine en Cuba y cosechó un relativo éxito internacional con sus cortometrajes La pecera, Virginia no dice mentiras, Episodio y Yo tuve un cerdo llamado Rubiel. Saltó al largometraje con este filme ganador del Premio Fipresci en el Festival de Cannes 2003. *

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