Mujeres colombianas intrépidas
La castigada violencia que azota a Colombia desde hace años es un lugar común en la dosis diaria de los medios informativos. En los intervalos se sitúan los espacios culturales dedicados al escritor García Márquez, a las obras recientes de Fernando Botero que pinta las aberrantes sevicias a los prisioneros iraquíes o los ecos póstumos del enorme dibujante Luis Caballero. Tres personalidades bien conocidas del público uruguayo, por sus libros o por las sendas exposiciones que realizaron hace pocos años. Esa famosa trilogía de hombres se ve interrumpida por diez artistas mujeres y una curadora, todas marcadas por sensibilidad e inteligencia nada frecuentes.
Otras miradas es una de las más lúcidas muestras que han recalado por estos ámbitos. La curadora Carmen María Jaramillo (aunque a nadie se le ocurrió presentarla en el acto inaugural a los interesados en conocerla) deja traslucir una sólida formación teórica y una visión clara de lo que se propone mostrar en el exterior. En el provechoso y bien diseñado catálogo no falta nada: un texto claro, inteligible, un comentario de las obras y una entrevista a cada una de las participantes. Pocas veces un auténtico guión curatorial (no las penosas improvisaciones vernáculas) estuvo tan cuidadosamente pensado y realizado. Jaramillo revela un poder creador en el campo de las ideas que fluye paralelo a las obras de las integrantes elegidas en Otras miradas.
Son otras miradas de diez artistas colombianas comprometidas con la realidad de una situación sociopolítica de su país y que despliegan, sin ambigüedad ni espectaculares denuncias (que afectaron la muestra proveniente de Chile en el mismo museo, hace pocos meses) una visión altamente imaginativa de un drama nacional que no cesa y ya globalizado: la violencia, sin nombre, pero conocida y provocada por enfrentamientos guerrilleros, paramilitares y ejército en la inextricable selva de narcotraficantes como caldo de cultivo. Esa complejidad social que otros artistas interpretarían con obviedad ilustrativa o silencio cómplice, según los casos e ideologías, diez mujeres artistas colombianas optan por un arma cargada de inventiva, con hallazgos formales que eluden los recursos habituales para situarse en el meollo de la creación. En su mayoría son instalaciones y video y, si la pintura se atreve a incorporarse, es para resignificar sus códigos tradicionales.
Ni feminismo ni militancia partidista. Son guerrilleras de la imaginación visual, que saben trasmitir el entorno dramático con agudeza reflexiva y convicción expresiva. Sin literatura o imágenes realistas golpeadoras. El observador acepta y descubre el ritmo serial y reticular que preside cada propuesta, siente la identificación con los desaparecidos en Mata, que Dios perdona, de Patricia Bravo, se envuelve en los remolinos de Efluvios de Joahnna Calle (ya admirada el año pasado por sus dibujos), se emociona con Coronas funerarias de María Fernanda Cardoso, penetra en la fugacidad existencial en De doble filo de Clemencia Echeverri, un video breve e incisivo, rememora terrores padecidos en Desde dentro de María Elvira Escallón, se encandila con el estallido monumental en 4.408 veces de Delcy Morelos, asume la hipocresía en la enseñanza en Lección de anatomía, de Libia Posada Restrepo, transita por la devastación territorial campesina en Mapa de Gloria Posada, asiste al misterio neopop de Beatriz González, figura múltiple y emblemática del arte colombiano. La casi centenaria Débora Arango, pionera en la emancipación de la mujer creadora, con delicadas acuarelas, anecdóticas e ilustrativas, más allá del loable antecedente histórico, obedece, visiblemente, a otras instancias estéticas e históricas, que la separan del posminimalismo de sus colegas más jóvenes y actuales, investigadoras de técnicas y lenguajes innovadores. Es una lección energizante que debería aprovechar el pacato ambiente artístico uruguayo, en su mayoría entretenido en esteticismos de parroquia..
Otras miradas es una muestra imprescindible para acercarse no sólo al arte colombiano actual, ese desconocido en estas latitudes, sino para descubrir las poderosas imágenes de diez intrépidas creadoras que auscultan el terrible drama de la violencia contemporánea sin demagogia ni reduccionismos ideológicos. Pocos países pueden convocar para una temática común, de urgente vigencia, un núcleo de artistas de tan notable capacidad operativa. Mérito no menor es el de Carmen María Jaramillo, crítica de arte y curadora de excepcional valor que debería circular con mayor asiduidad en encuentros internacionales. *
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