Tiene la palabra
Carta abierta al intendente y a los ediles de Montevideo
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El tema que planteo a usted y al gobierno municipal y a todos los municipios en general, pero con énfasis al de Colonia, no es nada nuevo –ha sido planteado y desdeñado hasta la histeria por los malos políticos– pero no es menor que los dramáticos problemas que vive la mayor parte de nuestra sociedad. Digo que no es menor porque se trata de un tema de conciencia cívica y de moral ciudadana, como lo es el culto a hombres que forjaron la filosofía del crimen, el acomodo y el entreguismo, en claro desprecio a quienes dejaron sus vidas en defensa de los más preciados valores de nuestra historia.
El pasado histórico puede estar más cerca o más lejos, según la dimensión de los hechos. Estos, pueden también tener presencia permanente o no, en la conciencia colectiva de acuerdo a su trascendencia para el futuro; ayer también fue futuro, como lo es hoy y lo será mañana. Nuestra historia es una acumulación de sucesos justos o injustos, de derrotas y de triunfos, de dolor y regocijo, de tal magnitud algunos, que el tiempo no logra eclipsar. En términos históricos pues, la relevancia de los hechos determina si el lapso transcurrido los sepulta en el pasado, o los mantiene vigentes.
Así ocurre con los actos que hicieron la grandeza de nuestros próceres. Ideas, conductas, batallas, artes, letras y obras que permanecen por siempre, son ejemplos de ello. Pero también sucede con el comportamiento innoble, violaciones a los derechos humanos, aplastamiento de ideologías, genocidios, despojos geográficos, latrocinios, entre tantos hechos capaces de marcar a fuego las generaciones que les siguieron. En la historia de nuestra América estamos los uruguayos yerreados por el estigma de uno de los más abominables crímenes cometidos y cuyas consecuencias aún se sufren. Es sin duda la agresión de La Triple Alianza contra una nación que, luchando en su propia defensa, y en la nuestra –téngase en cuenta– se hizo más heroica que nunca. Antes, dentro de los reducidos límites de nuestro territorio, se había ultrajado el orden, la Constitución, la soberanía, la dignidad, mientras que en la defensa de estos valores, surgían héroes mucho menos recordados que sus victimarios. El Partido que venció –porque sí que hubieron vencidos y vencedores– en la Guerra Grande había vencido de la misma manera que a Manuel Oribe, con el pisoteo de botas extranjeras, la legalidad de Bernardo Berro, Leandro Gómez, Atanasio de la Cruz Aguirre y tantos más. Se nos condenó para siempre a nuestra pequeñez geográfica y al abuso del poder por el poder mismo y así, el tiempo y la ignominia darían ocasión para el surgir de nuevos héroes. El tiempo histórico desde entonces, no es nada; sucedió ayer.
En el trágico y sufrido hermano Paraguay, es tema de fervorosa exaltación la justicia de su causa como lo es su permanente actualidad en los centros de enseñanza. En nuestro país, una corriente política escribiendo a su modo y conveniencia la historia terminó castrando a la gran masa ciudadana, aunque no a todos. De tal manera que los uruguayos y sus hombres públicos, impasibles, ignorantes y equivocados, veneramos la imagen del crimen, la traición y la mayor barbarie, en el homenaje perpetuo que tributamos a quienes todo eso simbolizan en notorios lugares públicos; pero no lo hacen así los escasos hombres que jamás aceptarán este ultraje a la conciencia pública. El espíritu de los gobernantes responsables del nomenclátor nacional sería: De los castrados, a la memoria de los verdugos de la decencia. En quince años de gobierno comunal progresista, no hemos apreciado una sola acción para restaurar el honor en el nomenclátor sectario de Montevideo (¿insensibilidad y miedo a las represalias de los pigmeos?). Continuamos concediendo el favor a los que, con desprecio por nobles y mártires, impusieron su mezquina voluntad partidaria y enchastraron el país con nombres indignos de toda memoria, nacionales y extranjeros. ¡Cuánta ofensa a los próceres auténticos, a tantos valientes que dieron su sangre en la defensa de las justas causas? Horroriza tanta indiferencia del poder público para terminar con este oprobio. Cristiano perdón al vándalo; pero jamás honores.
Una de las principales avenidas de nuestra capital se denomina General Flores; así también se ultraja al honor en la ciudad de Colonia, un departamento lleva su nombre, una ruta nacional, tantas calles de nuestro Interior. Esto, por sólo mencionar el nombre más relevante, pues la lista es tan extensa como reiterada.
En la prominente y obligada referencia del Partido Colorado, General Venancio Flores, destacamos:
– al segundo dictador y usurpador del poder (el primero fue F. Rivera) en la historia de la República iniciando un período continuado de 93 años en el poder mediante la proscripción, el fraude y un Estado al servicio del partido.
– al sanguinario de Cañada de Gómez (Santa Fe), Florida, Paysandú, Yatay y tantas otras indignas acciones.
– al coautor del crimen contra la República del Paraguay.
– al entreguista obsecuente del emperador de Brasil, ratificando los infames tratados de 1851, mutilando el territorio y enajenando sus principales recursos económicos.
– al esbirro de Bartolomé Mitre a quien llegó a horrorizar por sus bárbaras acciones al frente de la Caballería de Buenos Aires.
– al reintroductor de la esclavitud en campaña, a favor de los grandes hacendados brasileros instalados al norte del Río Negro.
– al indigno traidor, quien escoge el aniversario de Ituzaingó, gloria de las armas rioplatenses, para entrar a Montevideo al frente de tropas imperiales, en abyecto halago a Pedro II.
– al profanador del sagrado símbolo de la Cruz, pérfidamente utilizado como pretexto de reivindicación. Tal vez esta impostura haya sido la justificación para que, asesinado por su correligionario, futuro candidato a la Presidencia y el más grande degollador de nuestra historia, el General Gregorio Suárez, su cuerpo, o parte de él, fuera enterrado en la Catedral. La influencia del poder colorado hizo sumisa a la jerarquía de la Iglesia Católica de entonces, convirtiendo al solemne templo en panteón de traidores y genocidas; Flores junto a su mentor Rivera; infaustamente, donde también descansan los restos de muchos patriotas.
Señores: el nomenclátor mantiene la memoria histórica viva. En el homenaje a quienes simbolizan el escarnio de la esclavitud y de los más altos valores patrios y ciudadanos, se cae, sin la menor duda, en la apología del delito. Delitos de lesa patria y de lesa humanidad, nada menos. La barbarie es imprescriptible en todo y por todo tiempo.
Por todos aquellos que sufrieron y sufren la ignominia de la historia y la vergüenza del nomenclátor nacional, por sus descendientes, en honor a la honestidad ciudadana y a los poquísimos, verdaderos, dignos y viejos blancos que aún viven, le saluda atentamente, esperanzado en la difícil realidad de gobernantes sensibles y honestos,
JOSE ANTONIO ECHENAGUSIA – C.I: 775.037-9
Maroñas, Las Piedras, una realidad
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Un aficionado al Turf que firma Eglaneko, reveló en LA REPUBLICA un hecho insólito: dos caballos que aparecieron dopados en los últimos días, con resultado de examen positivo, fueron tratados con un producto que, según el lector, se llama «Clorpromazina» y su efecto en realidad tiende a dormir al purasangre, es decir, hacerlo rendir menos.
La re
velación muestra que o el tiro salió por la culata con el tratamiento, o que, de pronto los cuidadores administraron un producto en forma equivocada.
Sea lo que sea, el hecho revela que con el advenimiento de «Hípica Rioplatense», Maroñas en materia de actos delictivos contra propietarios de caballos y aficionados, poco o nada ha cambiado. Los malandrines siguen haciendo de las suyas, y lo extraño, es que todos estos hechos no hayan pasado a la Justicia Penal, como corresponde.
Por Las Piedras, también la cosa sigue igual. El flamante intendente de Canelones, Dr. Marcos Carámbula, piensa seguir con la actividad del circo canario, cuyos déficits en los últimos tiempos son alarmantes!
El Hipódromo de Las Piedras, Dr. Carámbula, no puede seguir subsistiendo y si usted quiere mantener una fuente de trabajo en el pueblo, pues construya fábricas o frigoríficos, lo que dará trabajo a mucha gente evitando cuantiosas pérdidas a la Intendencia Municipal de Canelones. Saluda.
ECHOIR – C.I. 788.344-6
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