"LAS DESPAREJAS DEL URUGUAY", DE GUSTAVO EKROTH, EN EL MOVIE CENTER

El Uruguay de nuestra adolescencia y obsolescencia

ra también la misma visión de la sociedad, el matrimonio y el sexo de la época de nuestros abuelos. No aparecían, menos mal, ni Nélida Lobato ni Zulma Faiad; pero allá estaba Marianella Baladón, de cuyos labios oímos sólo una frase. Ni estaban Dringue Farías o Marrone, pero sí Maximiliano de la Cruz y Marcel Keoroglian.

Silvia Novarese acentuó esta sensación de antigüedad cuando bajó a la platea para interrogar a los espectadores con una pregunta que merece un premio a la originalidad: «¿Usted está en pareja?». «Pareja» ese sonsonete, de la «psicología popular» impuesto por los psiquiatras, con su postulado de la yunta, única forma de vivir, corolario de una sana conformidad con el medio y los poderes. Apoteosis del apareamiento, sucesor ripioso del santo sacramento del matrimonio, con sus flores en la iglesia iluminada, la novia marmórea y recién maquillada, la marcha nupcial en el órgano, los padrinos con sus trajes alquilados y los niños que sostienen una bandejita con los anillos. «Las desparejas del Uruguay» es tan obsoleta en relación a nuestras costumbres de hoy como la cruz de Tres Cruces y la estatua de Juan Pablo II son a la incredulidad general: la iglesia puede desgañitarse contra los anticonceptivos, que las mujeres católicas continuarán impertérritas su consumo. Hubo también en «Las desparejas del Uruguay», como no podía ser menos, un amague de tomarle el pelo a los homosexuales, todo un clásico de aquel género; apenas supo reprimirse, sólo porque hoy ya no está de moda.

El espectáculo tiene todas las carencias de la televisión barata y ninguna de las virtudes del teatro; pero, así y todo, podía y debía haber tenido una presentación mejor. Las primeras escenas se armaron en una especie de callejón luminoso, en el medio del escenario, lo que nadie entendía; luego comprendimos que era para el inútil dispendio de las múltiples escenografías, simultáneas y laterales, en número de cuatro, que asombraron y admiraron al público. De las canciones y la coreografía, sólo puede decirse que se oye algún instrumento musical y que los actores emiten palabras y realizan movimientos en forma distinta de la corriente.

Por descontado: esta antigualla es un éxito de público. No creemos que el público busque la risa por la risa misma, tarea extraña y casi imposible. Los buenos chistes no aparecieron, y el público, que no rió cuando en el proyecto de los autores debía hacerlo, rió en cambio a contrapelo de esas sugestiones. El público no quiere ni reír ni llorar, sino vivir: sabe que en «Desparejas del Uruguay» se le muestra una ficción; pero guarda en el fondo de su corazón un tierno amor por esa ficción. Esa ficción le dice que su vida, la pequeña vida de la pequeña burguesía, es eterna; tan eterna, que es la misma de sus abuelos. Tenemos los mismos gastados comodines: «Dónde están las rosas de antaño?» que se equivale con «Sacar el país adelante». Quizás no sabíamos que allí afuera avanzaban los ejércitos imperiales; creíamos, y creemos, que atacan sólo a los otros, afganos, iraquíes, tal vez venezolanos. Como en el poema de Cavafis, estamos tan derrotados que preferimos la llegada de los bárbaros. «Y que va a ser de nosotros, ahora, sin los bárbaros? /Esta gente, al fin y al cabo, era una solución». Recuerdan todas las veces que dijeron u oyeron decir que los militares eran una solución? Hace menos tiempo oímos que Menem, o que Bensión, o Alfie, o… lo eran. Pero los bárbaros ya han llegado; y a los pocos que no están dormidos los anestesian con «Desparejas del Uruguay» y similares. *

 

LAS DESPAREJAS DEL URUGUAY, de Gustavo Ekroth, adaptación teatral de Gerardo y Andrés Tulipano, con Silvia Novarese, Maximiliano de la Cruz, Marcel Keoroglian, Gabriel Modernell, María Noel Calcaterra y Marianella Baladón. Escenografía de Omar Bouhid, vestuario de Serena Zitarrosa, música original y dirección musical de Mauricio Ubal, coreografía de Valera Lorduguin, iluminación y dirección general de Luis Trochón. En teatro del Movie Center.

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