El surrealismo ¿aún vigente?
El surrealismo enlaza lo real con lo irreal, incorpora dos mundos , el sensible y el de la idea, siendo a la vez realista y suprarrealista. Esa mezcla de fenómenos está inseparablemente unida en el creador, cuyo conocimiento e intuición se dan la mano, como el consciente y subconsciente. Era una respuesta al impresionismo que se quedaba corto en el testimonio que los surrealistas deseaban expresar.
Jean Paulhan distinguía dentro de éstos a dos tipos de
escritores surrealistas, unos los «terroristas» con su élan vital priorizando el intuicionismo con la irracionalidad dominante, y los retóricos, cuyo rigor
va a estar encausado en un equilibrio en ese mundo dual antes expresado, para no caer el vacío o suicidio espiritual de los «terroristas» que casi no deseaba dar una expresión compresible de su hacer.
Eliot, Valery y Rilke como «retóricos» de esta corriente los une el que no toleran ninguna
homogeneidad en la representación de la realidad.
Entre los «retóricos» tenemos a escritores de una misma generación como Kafka y Proust, por un lado, y, por el otro, a Eliot y Joyce. Los dos primeros van del impresionismo al surrealismo y los dos últimos del simbolismo al formalismo, todos llenos de agudeza y actitud antinaturalista e irracionalista. Valery y Eliot comienzan por una idea y un problema, Kafka y Joyce parten con una visión mitológico-metafísica.
El eclecticismo de Picasso toma de todas las tendencias y se vuelve un prestidigitador surrealista contrario al dadaísmo, que busca el caos ante el absurdo de la existencia. En el surrealismo hay mucho menor atención al sicologismo y se da cuerda a la simulteaneidad de acciones propia de la cinematografía: estar en el presente rodeado de sucesos al mismo tiempo. La obra está hecha de elementos móviles heterogéneos.
El movimiento está aún presente en la actualidad en cada montaje cinematográfico así expresado en determinada expresión artística. Para no ir tan lejos en la obra teatral «La señorita de Tacna» recién presentada maravillosamente en el Teatro Solís, donde el pasado y presente se funden mezclados con el deseo del inconsciente del personaje principal a un tiempo en distintos planos con el resto del elenco.
El desborde «terrorista» de una facción surrealista aún perdura pero yo prefiero ese equilibrio dual más apropiado para la sensibilidad y la razón que aún nos guía para develar el imaginario actual. *
* Embajador de Guatemala en Uruguay
Compartí tu opinión con toda la comunidad