Tiene la palabra

Uno de los tantos perjudicados por la tramposa Ley 17.449

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Le escribo esta carta con la esperanza de que merezca su publicación; si esto sucede será eterno mi agradecimiento a su diario que a veces leo porque no siempre tengo el dinero para comprarlo.

El tema que deseo plantear me afecta en lo personal y mucho, lo mismo a los que como yo han sido defraudados por la tramposa Ley 17.449 que fue votada expresamente para favorecer a los menos posibles por su reglamentación que negaron el efecto testimonial y obligaban lo documental, a sabiendas que esto último era lo más dificultoso para los perseguidos por la nefasta dictadura que padecimos.

En mi caso presenté recurso en el 2002 siendo de los primeros ya que mi carpeta tuvo el Nº 107. Presenté lo que a mi juicio era lo elemental, es decir, mi actuación gremial de esa época y algún testimonio que hacía hincapié en mi actuación social.

Debo decir que desde el año 1941 fui dirigente gremial, por muchos años, luego social y política hasta el día de hoy en que con 93 años arriba puedo decir con orgullo que siempre luché o trabajé para cambiar el país que hoy por suerte tenemos pero con la amargura de tener que subsistir con una jubilación nominal de $ 3.260 de los que cobro $ 2.626 cuando compañeros que desempeñaban el mismo cargo que yo están cobrando 8, 9 o 10 mil: otro efecto de la persecución de que fui objeto.

Después de muchas comparecencias ante la citada comisión creada por la ley referida y muchas más llamadas telefónicas que hacía  en virtud de que vivo en el departamento de Canelones– nunca recibí comunicación alguna de uno u otro carácter. En vista de ello, con la asunción del nuevo gobierno se me ocurrió cursar una carta al compañero señor Presidente, el que justo es decirlo me contestó ¡para mi alegría en cuatro días! y en la cual me aseguró muy amablemente que se ocuparía de mi problema, cosa que efectivamente hizo, derivando el caso al BPS. Recibí respuesta de su presidente con la constancia de que en ese organismo no hay ningún expediente que se refiera a mi caso.

Yo comprendo, aunque por supuesto no me alegra, que el tema debería salir quizás por una enmienda parlamentaria a esa ley o algo parecido. Escribí sendas cartas a esos efectos a un senador y un diputado de mi sector político de las cuales a más de un mes de enviadas no he recibo respuesta.

Tal vez estén más ocupados que el señor Presidente… vaya uno a saber.

En definitiva la conclusión que saco de todo esto es que los asesinos y sus cómplices han estado cobrando: 80, 90 o 100 mil pesos por tantos años y los que luchamos contra ellos tenemos que vivir con 2.600 por mes.

Vaya paradoja ¿no?

Lo saluda agradecido, atentamente:

JUAN CIPRIANO ORTEGA – C.I: 637.451-0

 

Vivir indefinidamente

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* A usted le interesará el tema. ¡Y cómo! ¡Y cuánto!

«Vivir se debe la vida de tal suerte, que viva quede en la muerte».

Nacer depende de nuestra madre. También de nuestro padre. Vivir, muchos, muchísimos años, depende, únicamente de nosotros. Somos los amos y señores de nuestra vida. Somos nuestros artífices. De nosotros depende cómo y sobre todo, cuánto vamos a vivir. Y… vivir bien. A pleno. Caso contrario sería sobrevivir. Y ello no sería ni bueno, ni conveniente.

¿Cuántos años desea usted vivir? 80, 100, 200, 300. Usted elige. Yo le enseñaré cómo lograrlo. ¿Que si encontré la «fuente de Juvencia». Casi, casi. ¿Si descubrí cómo tener la eterna juventud? No, no estoy hablando de juventud, sino de cantidad y calidad de años.

Ante todo les voy a recordar que somos seres vivos. Todos nosotros, hombres y mujeres de buena voluntad. Compartimos el universo, la madre tierra con otros seres vivos. Por ejemplo; árboles, vegetales. Unos viven apenas algunos días. Otros, pocas semanas. Existen árboles (dotados por la madre natura) que viven miles de años. Hayas y tilos alcanzan más de 1.000 años. Robles 1.600, tejos 3.300, secoyas gigantes de California entre 4 y 5 mil años. Casos parecidos encontramos en los animales.

Dentro del tema, preguntan una y otra vez si la longevidad es hereditaria. Muchas son las respuestas. Mis estudios personales (no detallo por su extensión), me permiten razonar que la longevidad y la genética van de la mano. O muy cerca.

Usted habrá escuchado más de una vez la frase: «Este es más viejo que Matusalén». Le diré que su legendaria edad fue de 969 años. Cada día el avance de la ciencia permite obtener patrones positivos en lo referente a calidad de vida, que se conjugan con cantidad de vida.

Señor/a, amigo/a: cuántos años tiene usted más y más y más vivirá. Créame. Está comprobado.

Existen muchos lugares en el mundo donde encontramos personas bastante crecidas. Conozco países donde muchos viven más de 160 años. Otros aún más.

El doctor Eric Weiser, estudioso del tema, manifiesta que la vida va junto a la matemática. A mayor edad, más vida. Lo demuestra de la siguiente manera. De acuerdo a la ley de probabilidades un recién nacido (varón), hoy día puede aspirar a vivir 72/73 años (va en aumento).

Yo tengo cumplidos mis primeros 65 añitos de vida. Los riesgos de enfermedades infantiles, para mí no corren más. Por lo tanto, no es descabellado que le pueda agregar 25 añitos de vida. (Hoy no hablo de nuestra maldita desnutrición). Caso contrario debería restar.

Ahora bien, 65 más 25 me dan 90 años. Si en esta edad no tuve los cánceres y otros chiches que aparecen después de los 60, puedo agregar otros 25. Llegaría entonces a las 115 años y así sucesivamente e indefinidamente.

Debo reiterar. Lo más importante es agradecer a Dios el permitirnos transitar por esos bellísimos, sinuosos, tortuosos, difíciles caminos. Todo un desafío.

Sí o sí debemos cuidar, planificar, meditar cada paso que vayamos dando. Mente sana en cuerpo sano. Alejar los vicios. Los excesos. La maldad, falsedad, odio, rencor, traición, mentira, burla.

Quien vive dignamente, humildemente, haciendo el bien sumará años. Caso contrario, restará.

Todo depende de todos y cada uno de nosotros.

Hagamos el intento. Lo vale, se los aseguro. Tengo técnicas y métodos que de ponerlos en práctica bajo ninguna circunstancia pueden fallar. Son infalibles. A la brevedad se los haré saber.

«El roble más grande, fue ante todo semilla que se aferró a la tierra. No se desanime. A menudo, es la última llave del manojo la que abre la cerradura.

Las mejores melodías salen de los violines más viejos.

¡Viva la vida! Siempre.

Cordiales saludos:

CARMI RAUCH – C.I: 866.784-6

 

Una Madre Patria desmemoriada

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Recuerdo de mi niñez en la Unión. Y los gritos de mi madre:

-Nene, andá a buscar fideos y vino a lo de Manolo (obviamente, el gallego del almacén de la esquina).

-Joselito, no te olvides de ir a buscar los zapatos a lo de Genaro (traducido, el tano que arreglaba nuestros tamangos).

-Si viene «El Andaluz», gritaba el viejo, decile que ya le conseguí las botas («El Andaluz» era un locuaz, mentiroso y simpático personaje que trabajaba en un mercado y siempre nos traía algo de fruta y verdura de regalo).

La lista era larga en materia de inmigrantes que nos
rodeaban en nuestra vida diaria. Los «acentos extraños» se escuchaban permanentemente.

Es que Uruguay había acogido (sin pasaporte en muchos casos) a miles de españoles e italianos, además de rusos, búlgaros, lituanos, yugoslavos, polacos, etc. que por lo general recalaban en el Cerro y era la mano de obra de los entonces esplendorosos y pujantes frigoríficos de la Villa.

A ninguna de estas familias que venían escapando del horror y las miserias de la guerra, se las discriminó, metiéndolos en calabozos muy incómodos para luego enviarlos de regreso a sus países de origen.

Por esos años (dejemos a todos a un lado, menos a los españoles) se decía que España era la Madre Patria. Lo que nos deba una tranquilidad de protección a futuro.

Pero por lo visto aquella Madre Patria se olvidó a la postre de algo muy importante: la deuda humanitaria que tiene con nosotros. Tanto se olvidó que hoy día aún viajando con pasaporte uruguayo, un oriental en tierra hispana puede ser víctima de la peor de las humillaciones: la discriminación.

Preguntamos: «En lugar de tanta soberbia, por qué no muestran un poco de humildad y agradecimiento, recordando la época en que nos invadieron, huyendo de las miserias que les ofrecía su propio país y amparándose en el nuestro para criar y educar a sus hijos, muchos de los cuales llegaron a ganar mucha plata comprando boliches, supermercados y hasta ómnibus del servicio de transporte hasta el hartazgo.

Es evidente que la Madre Patria no sólo ha perdido la memoria. También ha olvidado el deber más importante de cualquier madre: ¡el proteger a sus hijos!

Como si fuera poco, todavía nos mandan al fascista Fraga Iribarne a visitarnos y a la empresa Ence, que arruinó las ruinas de Pontevedra con sus plantas de celulosa, a pudrir nuestro «río de los pájaros pintados»

JOSE ROCCA UBIRIA – C.I: 767.345-6

 

Montevideo está perdiendo su identidad

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Hoy descubrimos con tristeza al pasar por la nueva y confortable peatonal Sarandí (que tanta falta hacía) que el hermoso y colorido mosaico, compuesto por siete «típicos» pavimentos, no incluye el histórico granito rosado (de la calle Sarandí), que pisaron mil veces nuestros padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, el cual podría haber quedado como parte del actual muestrario y sin embargo fue intencionalmente (incomprensiblemente) descartado.

Me pregunto cuáles habrán sido los sentimientos que vencieron a los arquitectos del proyecto y a las autoridades de la Intendencia para hacer algo a todas luces tan poco civilizado.

Si tenemos la sangre fría para llegar a destruir, no ya de modo vandálico sino institucional, lo que fuera uno de nuestros más preciados patrimonios, admitamos entonces que somos un pueblo inculto que no atesora su trayectoria y su obra, lo cual ya sospechábamos, al pavimentar los rieles de los tranvías eléctricos hace 50 años y también ahora, al continuar demoliendo edificios céntricos y haciendo desaparecer las veredas de granito de 18 de Julio y de la Ciudad Vieja.

Quisiera creer que éste ha sido nuestro último grave error y que pronto dejaremos de engañarnos a nosotros mismos, elogiándonos con ríos de tinta por un lado mientras por otro, nos faltamos el respeto borrando nuestra identidad.

CARMEN CAMBON – ([email protected])

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