Comprendiendo la estética
Entendida más bien como una filosofía del arte y de las expresiones artísticas, según el nuevo libro «Estética» de Elena Oliveras, la estética originalmente atendía las sensaciones de un objeto producido por el creador. Ahora, dice el libro, se agrega ese algo más, que trasciende a los sentidos mismos, la reflexión. A esta última, los expertos lo llaman «precepto», vista la obra como bloque vibrante de lo que es «esa enfermedad de vivir».
En esa fusión de horizontes la relación entre la obra y quien la observa, el hombre puede no estar en el paisaje pero éste está expresando algo humano –que viene de la mano del pintor– y lo hace algo más que una representación de la naturaleza. A partir del manierismo del siglo XV y con los impresionistas en el siglo XIX en adelante se rompen las reglas, los paradigmas.
En la actualidad plástica hasta se ha llegado a entender que el artista no es importante ni tampoco la obra en sí, sino lo que éstas pueden provocar en la mente luego de la observación: una bicicleta sobre un banco, que es tan sólo una expresión artística, sin pretender ser una obra de arte, puede ser interesante por la reflexión que genera. Por ello en el arte del siglo XX las expresiones artísticas buscan la sorpresa, el shock, la novedad, mejor si es sublime al mismo tiempo, al límite. Y en donde el espectador moldea la obra en su mente y la recrea.
¿Dónde está el placer estético? Ciertamente en la obra plástica contemporánea como en la literatura, referidas a las que tienen manierismo como su matriz, lo conceptual llega en la cultura occidental a ser privilegiado en el arte, donde el hombre está esquinado. El placer estético sólo puede generarse si se tiene un conocimiento, producto de una investigación, pues ya no se trata de sólo contemplar la obra: el placer será entenderla, observando-estudiando, tratando de ser si el artista ha logrado expresar lo que perseguía y si los medios que ha usado han sido los adecuados.
Valga la prevención sobre los distintos ojos que pueden apreciar la obra: el común (propio del lector de este artículo más bien orientado por las viejas reglas del arte), el snob (que tan sólo aparenta conocer), el absoluto (que puede ser un conocedor parcial) y, por último el más importante: el ojo. *
(*) Embajador de Guatemala en Uruguay
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