El desafío
El individuo, en tanto personaje casual o circunstancial de la comedia humana, es siempre un sujeto con identidad propia, expuesto recurrentemente a los avatares del destino.
No obstante, no siempre es dueño de sus decisiones, porque el decurso de su vida está fuertemente condicionado a las coyunturas históricas, sociales políticas y particularmente las familiares.
En ese contexto, como sucede habitualmente incluso hasta con los pueblos y las naciones, la independencia suele ser casi siempre una suerte de quimera.
No en vano los colectivos humanos deben padecer a menudo situaciones indeseables, porque sus presentes y futuros están expuestos a los factores ambientales y situaciones ajenas a sus deseos y aspiraciones.
Aunque es indudable que la voluntad individual juega un rol preponderante en todo proceso de construcción de realidades, las eternas leyes de la causalidad son la que en rigor determinan qué es lo que realmente sucederá.
Algo particular sucede con la mujer que, durante miles de años, fue una suerte de objeto, cuyo papel en la sociedad era meramente decorativo. Marginada de todo, se limitaba a su oscuro destino de hembra reproductora y ama de casa, en un mundo gobernado autoritariamente por hombres.
En plena siglo XXI, por lo menos en algunas sociedades occidentales, esta situación felizmente ha comenzado a revertirse, por el creciente reconocimiento a los derechos civiles del sexo femenino y el respeto a sus prerrogativas en materia de autodeterminación.
Sin embargo, aún en las comunidades avanzadas en esta materia, subsisten algunos resabios de intolerancia machista, cuando se niega el acceso de la mujer a algunos puestos de decisión y no
se respeta el principio de igualdad de oportunidades que habitualmente está garantizado por las normas jurídicas.
En «El desafío», la escritora australiana Coleen McCullough construye una historia romántica ambientada a fines del siglo XIX, que desliza una aguda crítica a las normas de convivencia que amparan formas de servidumbre y sumisión de género.
El relato narra las vicisitudes de una joven escocesa de apenas 17 años, que es virtualmente comprada por un acaudalado hombre, quien ha enterrado sus humildes orígenes tras amasar una cuantiosa fortuna.
La mujer debe abandonar compulsivamente su país natal y radicarse en Australia, donde inicia una nueva vida en una lujosa mansión poblada por una multitud de sirvientes, donde no le falta nada excepto lo más importante: el amor.
La autora va pautando la tensión dramática que crece cotidianamente en ese matrimonio desencontrado y sin amor, en el que la mujer se siente prisionera de su marido y de una vida que para nada colma sus expectativas y sus sueños. Otro factor irritante que alimenta aún más los desencuentros y antagonismos, es la desembozada infidelidad de su hombre.
El desafío del título refiere al compromiso que la protagonista asume con sí misma, de construir su propio destino contra todas las adversidades, en lo que la autora transforma en una suerte de metáfora de la lucha de la mujer por su derecho a la dignidad y la emancipación.
(Ediciones B)
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