La guerra de los mundos

El cine de ciencia ficción ha basado gran parte de su temática en la hipótesis de la existencia de vida extraterrestre, quizá más inteligente y evolucionada que la vida que conocemos en la Tierra. La idea, que ha constituido un verdadero subgénero dentro de la ciencia ficción, ha sido abordada desde diversos ángulos, desde la comedia hasta el drama, pasando por el alegato antibélico y por supuesto, en mayor medida, el cine catástrofe.

Con motivo de la última película de Steven Spielberg, «La guerra de los mundos», se ha relanzado el clásico homónimo, debido a la magistral pluma de Herbert George Wells, más conocido como H G. Wells.

El emblemático novelista nació en 1866, en Inglaterra. Trabajó como aprendiz, contable, tutor y periodista hasta 1895, año en que pudo dedicarse por completo a escribir. Si bien el argumento de una invasión extraterrestre a la Tierra, de una raza de marcianos atacando impiadosamente nuestro planeta con la intención de arrasarlo puede parecer un concepto explotado hasta el hartazgo, es pertinente recordar que la idea la tuvo Wells en su novela «La guerra de los mundos», escrita en 1898.

Wells ayudó a sentar las bases al escribir obras fundamentales como «La máquina de explorar el tiempo», en 1895, donde se lanza por primera vez la idea de una máquina construida por el hombre capaz de realizar travesías interdimiensionales para viajar a otras épocas. Esta novela, más allá de su fascinante temática, plantea una sociedad del futuro diezmada por una terrible guerra, lo cual añade un elemento de crítica social y de anticipación a la acción dramática y la aventura.

En «El hombre invisible», publicada en 1897, otra de sus más famosas novelas, Wells dio origen a otro de los temas más recurrentes en el cine fantástico.

Además de las novelas fantásticas de anticipación, el reconocido y talentoso autor escribió también «El esquema de la historia», publicado en 1920, obra en la cual realizó un riguroso y crítico estudio de la historia del siglo XIX y lo que había transcurrido del XX.

En «El destino del Homo Sapiens», libro publicado en 1945, Wells se interpela amargamente sobre el destino de la raza humana y sus posibilidades de supervivencia futura.

En «La guerra de los mundos», H. G. Wells planteó la posibilidad de la existencia de vida en otros planetas de nuestro sistema solar, y de que estos seres, además de poseer una inteligencia superior lo que les da una supremacía tecnológica sobre nosotros, pudieran tener las mismas ansias colonialistas y el mismo desprecio por el diferente que tenemos los seres humanos.

La narración, como de costumbre, es impecable, creando sombríos climas en los cuales el lector se siente inmerso, dosificando y acelerando la tensión dramática magistralmente, como sólo Wells sabía hacerlo.

Cabe recordar, por otra parte, la histeria colectiva provocada por la dramatización por radio de algunos pasajes de la obra en 1938, a cargo del también magistral cineasta Orson Welles, lo que provocó la ira del autor.

La narración fue tan realista, los boletines de noticias confeccionados y los testimonios de testigos oculares sonaban tan auténticos en su información del aterrizaje de los hostiles marcianos en Nueva Jersey, que la transmisión provocó un estado de pánico colectivo entre los ingenuos radioyentes de la época, tan influidos desde el cine, el cómic y la literatura por las historias de ciencia ficción de similar tenor.

El libro es un pormenorizado relato de la invasión de los marcianos al planeta Tierra, una acción militar desmedidamente cruel, en la cual los alienígenas exhiben la misma frialdad y sed de poder que el ser humano ha mostrado repetidamente sobre pueblos o razas consideradas inferiores.

Más allá del valor de la obra desde el punto de vista narrativo, argumental y de la creación de climas en los cuales el más hondo dramatismo se conjuga con la más trepidante aventura, «La guerra de los mundos» es una de sesgo obra crítica, en la cual se traza un paralelismo entre la crueldad y la ambición de los extraterrestres con la de los seres humanos hacia sus propios congéneres.

( Editorial Planeta)

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