ANTE UN NUEVO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE EL MAGO

Carlos Gardel: setenta años de eternidad

Año tras año, la historia de Carlos Gardel y de su trágica muerte se reactualizan cada 24 de junio. Discursos, charlas, espectáculos, ofrendas florales, emisiones en radio y en televisión sirven para evocar su figura y homenajear sus valores artísticos. Con su muerte nació la leyenda de El Zorzal, El Morocho, El Mago, El que cada día canta mejor, el Tacuaremboense inmortal, y hasta con pícara agudeza criolla, algunos, le dicen El Mudo. Apodos con los cuales la imaginación popular, intenta explicar una pasión con olor a tango.

Pretender aclarar las razones del arraigo gardeliano en esta región del mundo puede sonar a tarea compleja, difícil e interminable. Como también sería imposible enumerar todo lo que se ha dicho y hecho a costa de su figura, que comprenden desde libros, documentos fraguados, paralelismos artísticos, novias eternas, reediciones de discos, películas, amigos de toda la vida y una lista inacabable de historias y anécdotas  muchas de ellas antojadizas  que han hecho correr durante años, la mayoría de sus fanáticos.

Gardel se ganó la admiración de multitudes no sólo por su voz privilegiada. Se le admiraba, también, por lo que se quiere ser en la vida: un triunfador. Gardel es el triunfo de los de abajo, de los que están en la orilla, representa el sueño de llegar, de ascender socialmente, en especial, en estas ciudades conformadas, en los primeros años del siglo XX, por una mayoría de inmigrantes y de hijos de inmigrantes, que se hacinaban en conventillos.

También alimentaron su fama: su pinta, su peinada a la gomina, su presencia viril, sus amores y hasta el machismo, todo formó parte de su leyenda y de su misterio. No importó, nunca, qué había de cierto en todo ello. Gardel era un personaje a imagen y semejanza de los hombres de su tiempo, pero era también, para muchos, el mejor y, aún hoy, cuando alguien se destaca en lo suyo, sea una profesión, un arte o un oficio se le define con un: ¡Sos, Gardel!

 

La cultura gardeliana

Varias generaciones de rioplatenses nacieron, vivieron y crecieron impactados por el encanto de su voz y de su arrolladora personalidad. Durante años, fue el arquetipo del hombre rioplatense y éste encontró en Gardel, un estilo para formar su personalidad. El cantante le impuso una manera de ser, de sentir, de pensar y de amar. Gravitó hasta con su peinada a la gomina, su estilo de lucir el sombrero, de vestirse y de hablar, en la idiosincrasia y en la cultura de los habitantes de las ciudades rioplatenses, parecía que todo se corporizaba en su figura. Además de gravitar con su arte en toda la canción popular de Buenos Aires y Montevideo.

Entre su siempre polémico nacimiento y su trágica muerte, transcurrió una vida en la que se mezclaron la pobreza, el triunfo y la gloria. El poeta Horacio Ferrer, sostiene que: «En la lucha, la muerte y el mito de Carlos Gardel, hay, sin duda, un resumen de gran parte de la historia de los habitantes de estas urbes rioplatenses».

Un nuevo aniversario de su muerte es otra oportunidad para reconocernos en su canto y en su figura. Más allá de nuestras diferencias y de la forma que cada cual valorice su canto y su talento artístico, hay un hecho en el que, al parecer, estamos todos de acuerdo: Gardel es nuestro y a setenta años de su muerte, sigue siendo un valor ineludible de nuestra cultura. *

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