SE ESTRENA HOY "LOS MUERTOS", LA NUEVA Y VALIOSA PELICULA DEL ARGENTINO LISANDRO ALONSO

Un ambiente que rechaza el vínculo social

La segunda película del director Alonso muestra, al igual que su anterior La libertad, un mundo rural a lo largo de un día, centrado en un único personaje. Si el hachero de La libertad apenas se desplazaba por el monte donde desarrollaba sus tareas, con una mínima incursión en el pueblo, el protagonista de Los muertos realiza el tránsito inverso, dejando atrás la cárcel en la que ha estado preso para remontar un río en busca de su hija. No falta quien haya citado a Conrad, y en especial a El corazón de las tinieblas.

¿Ficción? ¿Documental? Las etiquetas resultan por lo menos borrosas cuando se las aplica al cine de Alonso. Había algo de «flahertyano» en La libertad, pero el filme realmente orillaba el género sin ingresar claramente en él. Lo mismo ocurre en Los muertos.

La manera en que ambas películas privilegian la forma las convierte en algo diferente: la duración de los planos, la textura de la película en 35 mm, los colores, el sonido, y especialmente la movilidad de la cámara, cuyos movimientos anticipan los de los personajes. Como en un documental de observación, el espectador es testigo de un acontecimiento íntimo, pero como en la más clásica de las ficciones ese espectador ocupa un lugar privilegiado y omnisciente. En el documental típico la cámara es una presencia corpórea que no solamente capta sino que también modifica lo observado. Alonso actúa en cambio como si su cámara fuera invisible y sin peso, y al mismo tiempo tan sabia que anticipa lo que va a ocurrir y se coloca siempre en el lugar adecuado para captarlo.

El último plano expresa brillantemente la yuxtaposición de lo cotidiano con la extrañeza más radical que caracteriza a todo el filme: la cámara baja al suelo terroso y aparecen allí unos rastros de la «civilización»: un muñequito de un jugador de fútbol, la rueda de una carreta de juguete. Indiferentes, cruzan por el plano un par de gallinas. Industria, juguetes, fútbol, plástico: rastros de la vida en sociedad en un ambiente que rechaza la idea misma de vínculo social. El de Alonso es un realismo extrañado, que más que revelar el mundo lo presenta como detrás de un velo imposible de superar.

Antes de hacer La libertad Lisandro Alonso había estudiado tres años en la Fundación Universidad del Cine, y fue luego asistente del director Nicolás Sarquís, también programador de la sección Contracampo del Festival de Cine de Mar del Plata. Trabajó con Sarquís en la película Sobre la tierra, y al mismo tiempo se enamoró de lo que llama «otros cineastas raros» como el iraní Abbas Kiarostami. En el campo de su padre en La Pampa conoció a Misael Saavedra y lo convirtió en protagonista de su primer largometraje. Esta Los muertos, su segundo largo, constituye la confirmación de un talento. *

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