Con gran nivel profesional
Es cierto que todavía quedan reductos oficiales aferrados a criterios envejecidos reveladores del desdén hacia el público, el cual tiene que ser educado constantemente, y el escaso interés en potenciar a los artistas elegidos que, supuestamente, deberían rendir homenaje. Muestras recientes en el Espacio Cultural MEC y el Museo del Gaucho son pruebas fehacientes de la débil operativa de los funcionarios dirigentes, carentes de asesores artísticos indispensables para conducir esa tarea. Los (i) responsables de tales desaciertos deberían darse una vuelta por algunos ámbitos ejemplares que, si no abundan, tampoco son escasos.
Museo del Parque Rodó
Concentró, a comienzos de temporada, varias exposiciones al mismo tiempo: instalaciones de Carlos Capelán, Premio Paul Cézanne y Proyecto Cono Sur-FRAC. Con mayores dificultades entre las nacionales, sorteadas por el ingenio colectivo o individual, estas exhibiciones serían un lujo para cualquier museo del primer mundo, aunque los medios de comunicación y en especial la televisión, procuran mantener el rating con el escándalo del contrabando, denuncias vagas y precios exorbitantes de un cuadro en una hipócrita defensa del patrimonio artístico nacional al que ignoran enarbolándose como defensores de una colectividad agredida, mientras silencian las agresiones urbanísticas que no cesan, entre otros atentados más secretos e igualmente importantes.
El Proyecto Cono Sur- FRAC, itinerante por varias capitales sudamericanas (Lima, Santiago, Buenos Aires), recaló en Montevideo de la mano del curador Bernard Goy, uno de los críticos franceses más inteligentes de hoy, con la colaboración de Olivier Chupin, Andrés Dupart y el chileno Justo Pastor Mellado. Son obras seleccionadas de los Fondos regionales de arte contemporáneo de Ile-de-France y Poitou-Charentes, de una colección iniciada en 1983, en las que no figuran artistas iberoamericanos (Barceló, es el único), africanos o asiáticos, aunque quizá existan en el acervo. Otros FRAC se anuncian para setiembre que darán un panorama más completo sobre el coleccionismo regional y los conceptos orientadores sobre el arte actual.
Las obras que se exhiben en el Museo Nacional de Artes Visuales hasta el 26 de junio, incorporan una ráfaga de aire fresco, renovador, en el esclerosado ambiente local. Un antes y un después de su presentación. Coincidió el acto inaugural con el Premio Paul Cézanne 2004 y ambas se reforzaron mutuamente por la originalidad de sus propuestas y el feliz dispositivo de los respectivos montajes. Ya no hay obras maestras, definitivas y definitorias de una concepción del mundo, características de la modernidad. Los diferentes lenguajes, anclados en elementos utilizados por la sociedad de consumo (video, computadora, historietas, cine, televisión, fotografía), alternan y se imponen a los tradicionales de la pintura o los retoman con sentido cuestionador, con clara opción por la crítica social por un lado y los modelos estéticos asumidos, por otro. La clausura de la modernidad, iniciada en la trepidante década del sesenta, parece, ahora, definitiva, aunque por momentos (co)exista un solapamiento de ambas.
Hay, en Proyecto Cono Sur- FRAC, referentes incontorneables del siglo XX: Beuys, Tony Cragg, Lorca di Corcia, Lavier, Orlan, Monory, Moulène, Séchas, West, asiduos huéspedes de encuentros internacionales y definitivamente incorporados a la historia, con trabajos que hay que observar con detención, debidamente contextualizados. Para eso hay un excelente catálogo, con textos muy esclarecedores de cada artista y de la obra elegida. No es difícil entender el arte contemporáneo que alude, siempre, al mundo en que se vive pero la mayoría, bárbaramente agredida diariamente por la basura televisiva y la inoperancia de las páginas culturales diarias o semanales, remolonas (por ignorancia) en aceptar las artes visuales y dar (sin luchar por él) el espacio que merecen.
El exigente montaje caracteriza también al Centro Cultural Dodecá (instalación de Alejandro Turell), la galería Oscar Prato (acuarelas y maderas de Julio Alpuy) y el Aula Magna de la Universidad Católica, transformada en un enorme cubo negro, para recibir esculturas recientes de Pablo Damiani. Son visitas ineludibles que merecerán un próximo comentario. *
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