SE ESTRENA "SALAAM CINEMA", OTRO FILME MAYOR DEL REALIZADOR MOHSEN MAKHMALBAF

La sociedad iraní y un homenaje al cine

Una manera de describir este filme es definirlo como un «docudrama» en el que el director Mohsen Makhmalbaf. describe los sobresaltos del casting de una de sus películas. Una larga cola de aspirantes a actrices aguarda frente al cineasta, despliega sus habilidades e intenta por todos los medios conseguir un papel en el proyectado filme. El resultado es, por supuesto y en primer lugar, un documento sobre la «cocina» del cine, realizado por el director iraní como un aporte personal a la celebración de los cien años de la invención del aparato de los hermanos Lumière (Salaam cinema fue rodada en 1995), pero es también algo más.

Por una parte, el registro de personajes populares que sueñan con la fama cinematográfica y luchan por ella funciona como un corte transversal de la sociedad iraní, en la que se detectan conflictos y contradicciones. En un nivel más sutil puede leerse también en el asunto una metáfora sobre el poder, su ejercicio y sus riesgos: en determinado momento, una de las aspirantes a actrices discute con el director y él la desafía a intercambiar roles. Lo que sigue pone en cuestión algunas seguridades masculinas, quizás musulmanas.

Ese juego de espejos donde la realidad y la ficción se entrecruzan y potencia mutuamente resulta característico de toda una zona del cine iraní, y tal vez no sea casual que el director Makhmalbaf se haya encontrado alguna vez en la pantalla con su colega Abbas Kiarostami, concretamente en Primer plano, una obra maestra que también jugaba en el filo del documento y la ilusión.

Hace apenas unas semanas llegó a las pantallas montevideanas Gabbeh, otro filme de Mohsen Makhmalbaf casi contemporáneo de éste, y en cambio se había conocido mucho antes Kandahar, que es posterior. Ello complica inevitablemente el intento de entender la evolución de un autor, pero puede intentarse. Salaam cinema puede ser entendida entonces como otro capítulo de la explotación de la realidad iraní por su director, un catálogo que incluye El ciclista, que había sido la historia de un refugiado afgano con los talibanes; La boda de los bienaventurados, que planteó una posible revelación religiosa contra la posible revolución de los ayatolás; El buhonero, donde tres historias se comentaban entre sí: El silencio, sobre un niño ciego amante de Beethoven en el complejo Irán actual; Kandahar, sobre el sometimiento de la mujer en Afganistán ahora ocupado. De todos esos filmes, probablemente Gabbeh, visto hace no mucho, es el más poético y personal de todos.

Otra historia es la del propio Makhmalbaf, militante islámico de la primera hora luego disidente, que padeció persecución y cárcel bajo el régimen del Sha de Irán y censura en los tiempos de Khomeini. En toda su obra hay una dosis de inquietud social y otra de entrañable calidez humana, impregnada de sinceras creencias musulmanas que irónicamente lo han hecho sospechoso a ojos de las autoridades actuales que ven en él a un representante de la izquierda crítica. Esa es la diferencia que lo distingue del otro maestro del cine iraní, Abbas Kiarostami, mucho más escéptico. *

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